“En tiempos de desamor, no está mal mostrar un poco de amor y creo que hay muchos pibes que sufren no poder contar lo que les pasa, más de lo que uno cree”.

De punta en blanco para la entrevista, pero relajados, Rodrigo Lussich y Juan Pablo Kildoff recibieron a Teleshow en el departamento del periodista. “Casa de Ro y Nano (el labrador del conductor que al momento de la nota está con el paseador)”, reza un cartel, uno de los tantos adornos del hogar, sobre el escritorio. Pronto tendrá que cambiarlo de cara a la convivencia y sumar al nuevo integrante de la familia. En una charla íntima hablaron de su futuro casamiento, la convivencia, la homofobia aún presente en muchos sectores y el deseo y los miedos en torno a la posibilidad de ser papás.

Cumpleaños, “mirada fulminante” y flechazo

Rodrigo Lussich: periodista, 47 años, de Palermo.

Juan Pablo Kildoff: supervisor de un local de celulares, 36 años, de Lomas de Zamora.

Nada parecían tener en común, pero la regla de los seis grados de separación hizo lo suyo y en julio se conocieron en un cumpleaños de un amigo en común. “Pegamos una mirada fulminante y empezamos a hablar por instagram”, dijo Lussich y Juan agregó: “Yo lo conocía pero no veía un programa para verlo a él, ¡ahora sí!”, bromeó y el periodista aseguró que no estaría ni con un fanático ni con alguien cholulo: “Con el tiempo tenés un radar y ya te das cuenta, capaz salís con alguien y en lugar de hablar de la vida, te pregunta cómo es Moria”.

Rodrigo Lussich y Juan Pablo Kildoff: los primeros tiempos y la propuesta de casamiento


Después de dos semanas de chat, finalmente se encontraron y el flechazo fue instantáneo. El conductor pasó a buscar a su ahora pareja a Lomas para ir a cenar: “Cuando subió al auto sentimos una impresión, esas cosas que no sabés si quedarte o salir corriendo y ahí, cuando te querés quedar, decís ‘acá puede haber algo’, siempre digo que la intuición es un sexto sentido, lo sentís, no se puede explicar con palabras, sentís que puede haber algo y acá estamos”.

“Yo decía que uno tiene anhelos de cómo quiere conocer a una persona, qué le gustaría que pase, qué lo engancha y qué no porque no solo pasa por lo físico, si la charla se cae, se cae todo. Siempre decía que quería conocer a alguien que hable lindo, florido, que tenga historias, vivencias y que pueda compartir valores. No es fácil lograr el ‘¡Alcoyana Alcoyana!’ de Berugo (Carámbula)”, dijo el periodista y su novio admitió que nunca lo habían elogiado por su forma de hablar: “A mí lo que más me gustó es que él es gracioso, reírse y divertirse es genial”.

La propuesta y la convivencia

En una escapada de fin de semana Rodrigo vio la oportunidad y de manera espontánea le propuso casamiento a Juan Pablo: “¡Me sorprendió! Le dije que sí y empezamos a soñar con la canción con la que entraríamos, con las fotos, la ropa, la gente, fue todo muy lindo”. Para Lussich “casarse es algo que no tiene que perderse nadie como momento en la vida. Es un ritual que no tiene precio” e hizo hincapié en que “es un derecho adquirido”.

No solo que Juan no dudó en aceptar, sino que el conductor nunca tuvo miedo a una negativa: “Fue todo muy lúdico, brindamos y empezamos a jugar y a divertirnos. Ahora hay que juntar plata, porque no me quiero casar por canje”.


El 30 de noviembre, en el cumpleaños de Rodrigo, hicieron una fiesta de compromiso a la que asistieron amigos de él y próximamente harán un encuentro similar con la gente de Juan, aunque ya ambos conocen a la familia del otro (o casi, ya que Lussich tiene familia en Brasil y en Uruguay). Si bien el casamiento sería recién a finales del año que viene, en las próximas semanas viene la primera prueba de fuego: la convivencia.

Es que hasta ahora se ven varios días a la semana y uno se queda a dormir en la casa del otro, pero no pueden estar juntos el tiempo que desean y “cada despedida es un puñal” dijo el conductor y su pareja agregó: “El otro día decía, ‘me voy mal’, le pasó a él también”. Ambos tuvieron convivencias largas y por eso no les da miedo vivir juntos, ya que creen que “el amor es un intento de todos los días”. En principio, luego de unas vacaciones, Juan se iría a vivir al departamento de Rodrigo en Palermo y en marzo buscarían un nuevo lugar para estar juntos, en un barrio a definir.

“La convivencia implica un desgaste, el límite es no faltarse el respeto, el decir algo que no tiene retorno, cuando el otro te dice algo muy fuerte o irrespetuoso, difícilmente se perdone, la falta de respeto está a la misma altura de los cuernos. Discutir es discutir, te vas a dormir sin hablar, no pasa nada, a la mañana siguiente te amigás, no hay que poner en duda la relación por una discusión, cuando baja la espuma te calmás", agregó.

¿Qué cosas del día a día pueden enojarlos?

J.P. K: — Yo soy ordenado, él también, pero tal vez la música... a mí me gusta la música alta.

R.L.: — Escuchamos distinto tipo de música, yo soy clásico, no me gusta la música en inglés, él es mucho más amplio. Es de música de esa gente que pasa con los autos que es una disco.

J.P. K: —¡No!

R.L.: — Más o menos, encima a él le gusta esta gente nueva que a mí me cuesta... además soy estructurado, jodidamente estructurado. Me decís a las doce, ‘¿vamos a tomar una cerveza?’ y no, ¡soy un abuelo!

J.P.L: — A mí no me importa nada.

“El amor es un intento todos los días, te sale bien un día y si no, al siguiente hay revancha, unir dos individualidades es una prueba de riesgo. La historia con Juan me movilizó porque hace bastante que no se daba y tampoco era cuestión de que se diera por darse, no estaba dispuesto a dejar mis ideales", agregó Rodrigo.

Ser papás y la decisión de mostrar su historia al mundo

Aunque recién se casarán a fines del año que viene y están disfrutando este momento del noviazgo, como en cualquier comienzo de relación surgen sueños, planes y preguntas. La paternidad es un tema siempre presente y aunque hay muchos miedos en torno al proceso, confían en que es algo que en algún momento se dará.

“Yo siempre tuve miedo”, confesó Rodrigo y explicó: “Si no ya hubiera sido padre, le hubiera buscado la vuelta. A veces pienso a los 20, que uno salía con chicas todavía, era más fácil hacerlo, uno podría tener un hijo que sería grande y tener esa compañía debe ser un cambio. Me da miedo pero como él (Juan) quiere mucho, digo ‘vamos a acompañarlo’. Si no lo hago con él, no lo hago”.

Rodrigo Lussich y Juan Pablo Kildoff: paternidad y prejuicios


En ese sentido, mucho más confiado de que las cosas se van dando, Juan destacó que “nadie nace sabiendo ser padre” y que supone que una vez que tenés un hijo “aprendés”: “Sé que él sería buen padre, me doy cuenta. Nada que ver, pero veo cómo es con Nano (su labrador) que lo ama”.

Si de cambiar pañales se trata, Rodrigo tiene experiencia: “Tengo siete hermanos, crié un poco a mis hermanos y eso me retrajo, no sé si después quería criar un hijo, porque hice mucho en el día a día siendo chico. Tener un hijo implica un cambio de vida rotundo”.

Ninguno de los dos quiere que “sea producto de un arrebato" y entienden que el proceso a través del cual se convertirían en padres, puede ser complicado: “Hay que ver la forma que también me hace ruido. Si vamos a adoptar, a subrogar un vientre, a buscar un sistema de coparentalidad que ahora también está dentro de lo posible. Para cualquiera de las opciones va a ser difícil, porque adoptar es complicado, subrogar es algo que está bien pero que es muy caro e implica dedicación, viajar, hacer trámites, pero tenés la posibilidad de que sea un hijo tuyo y en ese caso se ve quién aporta la parte genética, pero igualmente sería de los dos”.

“Adoptar no me asusta, el tema es la dificultad en el proceso, pero darle un hogar a un chico es un acto de amor enorme. Cuando decidamos afrontar el proceso, implicará bancarse lo que venga, pero es una cuestión de tiempos. Antes queremos casarnos, viajar un poco y disfrutar el mientras”, agregó.

Otra decisión importante fue la de mostrarse juntos en los medios. Lussich está acostumbrado a dar noticias, pero no a ser parte de ellas. Como comunicador, sintió que era su deber mostrar su historia de amor, no solo para compartir su felicidad, sino para ayudar a aquellos jóvenes que no se animan a hablar abiertamente de su sexualidad.

“En tiempos de desamor, no está mal mostrar un poco de amor y creo que hay muchos pibes que sufren no poder contar lo que les pasa, más de lo que uno cree. Y que si lo cuentan lo pueden abrir a cierto núcleo, en algunos casos lo sabe la familia pero en el trabajo no, es un tema muy difícil abrirse en muchos ámbitos, hay mucha culpa, represión y así como hay mucha apertura para que hablemos, también hay mucha homofobia todavía", analizó

La idea de hablar de su relación fue “por los chicos que realmente lo sufren y no lo pueden gritar”, pero al decir “gritar”, no se refiere a “gritar ‘soy gay’ porque tampoco hay que gritar ‘soy hétero’, pero sí gritar que estás enamorado o ir de la mano". Aun así no les gusta besarse demasiado en público.

Ambos tuvieron siempre el apoyo de su familia. “Mi papá, mi mamá y mi hermana estuvieron desde el primer momento. Tengo que decir ‘gracias’ porque hay chicos que la pasan mal", dijo Juan y el conductor sumó: “Yo fui criado con mucha libertad, tuve mi momento interno que costó pero una vez que lo solté, fluyó”.

Rodrigo y Juan Pablo disfrutan las cosas simples como mirar televisión, ir al cine o al teatro y estar, sobre todo ESTAR, mientras sueñan con su futuro prometedor.

SEGUÍ LEYENDO