"Rolando Rivas, taxista", la exitosa novela de los años 90 (Canal 13 / Volver)

1972. Son las diez de la noche de un martes de abril. No llueve, no hace frío y sin embargo, en las calles de Buenos Aires resulta casi imposible encontrar un taxi. Al caminar por cualquier vereda de cualquier barrio, un mismo tango se cuela por las ventanas: “Yira que te yira, a través de la ciudad, este taxi mío es un mundo en libertad… Cada pasajero que consigo levantar, es un libro extraño, que yo aprendo a deletrear”.

¿Qué hechizo cayó sobre la ciudad para que todo se paralice? No se trata de toques de queda ni del temor a ser asaltado. No, ya vendrían esos tiempos pero todavía falta. En 1972 el encantamiento no es fruto de la magia sino de la pluma de un talentoso autor que junto a los protagonistas de su novela atrapan a todos. Dicen que hasta el presidente de facto, Alejandro Lanusse cambió de día su reunión de gabinete solo para no perderse Rolando Rivas, taxista.

La historia parecía sencilla, sin embargo capturó a la audiencia. En la primera temporada, Rolando Rivas un porteño de barrio, laburante y bueno, taxista de oficio conoce a una pasajera que le cambia la vida: Mónica Helguera Paz, la típica niña rica que tiene tristeza. En la segunda temporada, en la vida de Rolando aparece Natalia junto a su pequeño hijo, Quique. Rolando fue encarnado por Claudio García Satur, Mónica por Soledad Silveyra y Nora Cárpena fue Natalia.

¿Qué provocó que Rolando Rivas se convirtiera en un fenómeno masivo? La pluma de Alberto Migré creó un personaje identificado con la cultura de los argentinos. El protagonista no era un príncipe ni un millonario sino un auténtico laburante, honesto y noble. Un tipo que como los verdaderos héroes resiste y persevera ante los problemas que plantea la vida. Por otro lado, las protagonistas también aportaban lo suyo. No eran las típicas mujeres sufridas esperando un salvador. Mónica se revelaba contra los mandatos de su clase social. Natalia era una joven rica que había vivido un gran amor y tenido un hijo con un guerrillero. Los personajes eran reconocibles pero sobre todo queribles.

Uno de los besos de Soledad Silveyra y Claudio García Satur en "Rolando Rivas, taxista" (Canal 13 / Volver)


Y justamente en los actores elegidos está otro de los grandes factores de éxito. Porque Claudio García Satur hizo de su Rolo un personaje entrañable. Soledad logró que esa joven caprichosa se convirtiera en un ser adorable y el talento de Nora Cárpena convirtió a su Natalia Ríos Arana en una mujer fuerte pero sensible y tierna. Es en esta elección que asoma nuevamente el talento de Migré.

En diálogo con Teleshow, Claudia García Satur cuenta cómo llegó Rolando a su vida. “Yo venía de realizar distintos personajes secundarios. Había hecho un bolo en un programa de Luis Sandrini, trabajé en El hombre que volvió de la muerte. En 1969 formaba parte de Adorable profesor Aldao con Guillermo Bredeston y Beatriz Taibo. En una escena me tocaba actuar de chofer de Beatriz. Estaba esperando en el auto, pasa Migré, me da la mano y me dice ‘usted está muy bien, va a ser protagonista‘, pero no agregó ‘de una novela mía‘. Así que seguí trabajando. Hasta que en el 71 me llama. Fuimos a comer y me cuenta la historia de Rolando”. ¿Y se enganchó enseguida con la historia? “El personaje no era lo importante sino quién me convocaba. Era imposible tomar un libro de Migré y no aceptar. Al leerlo la respuesta era ‘quiero ser este personaje‘”.

Migré no tenía dudas de que García Satur era el hombre perfecto para encarnar a Rolando, pero los que sí dudaron fueron los gerentes de programación. “Era conocido entre los productores de esa época, como Diana Álvarez, pero no por el público”, cuenta quizá por eso el libreto fue rechazado por Canal 9, el 11 y finalmente lo aceptó el 13. La novela comenzó a emitirse sin mucho suceso pero a los dos meses, según recuerda el actor, explotó. Medía 40 puntos de rating y logró algo que parecía un imposible: que los hombres se engancharan. Es que hasta ese momento las novelas eran un producto destinado al público femenino, las amas de casa eran mayoría y la novela un clásico. Pero Rolando Rivas logró atrapar a todos los géneros, las edades y los sectores sociales.

Satur es un agradecido a ese personaje que le permitió el gran despegue de su carrera aunque como él mismo aclara “no tengo carrera, lo que tengo es vida recorrida”. También reconoce que hay mucho de él en Rolando. “Vivía en Colombres 949, la casa donde yo nací. Como yo era un tipo de barrio, de Boedo. Migré me pedía que le contara cosas de mi vida, de mi infancia, de mis novias y luego las convertía en maravillosos textos”.

Escena de "Rolando Rivas, taxista" (Canal 13 / Volver)


Otro gran acierto de la novela era la química entre sus protagonistas: Solita y Satur. La atracción era tan indudable que incluso se dijo que pasó a la vida real. Cuatro décadas después Satur reconoce que así como su personaje se enamoraba de Mónica, él se enamoró de Solita. “No era difícil enamorarse de ella. Era una criatura deliciosa. Tenía algo angelical cuando sonreía, cuando se enojaba, que te apartaba de la realidad. Era linda era chiquita y te daban ganas de ponerla bajo el brazo y llevártela a tu vida”, dice con esa sensibilidad que distingue a un verdadero hombre de un machote y luego confiesa “creo que nos enamoramos. Bueno, no sé si ella se enamoró pero yo seguro”.

Si se imponía entrevistar a Solita, por su rol en la novela, mucho más era por esta respuesta de Satur. La actriz atiende a Teleshow con una amabilidad no impostada y esta periodista entiende por qué el actor la describió como “una criatura deliciosa”. Porque cuando se le comenta la frase, ella lanza una carcajada y aunque no es una videollamada una se imagina su sonrisa pícara y sus ojitos achinados diciendo “me descubriste”. Cuenta que Satur fue el compañero mas cascarrabias que tuvo pero también el que más la hizo reír y toda persona sabe que la risa es uno de los afrodisíacos más potentes.

Usted, que está leyendo esta nota, seguramente puede imaginar la atracción que existía entre ambos. Solita tenía 20 años, había sido mamá hacia poco y, como reconoce, estaba “muy enamorada de mi marido José Jaramillo y comprendí el peligro de la situación”. Con una madurez increíble decidió que lo mejor era huir para adelante y renunciar a la novela pero preservar sus afectos. Le planteó su dilema a Migré que lo entendió aunque no la perdonó. “Aceptó mi renuncia y me propuso protagonizar otra novela. Se tomó una pequeña venganza, la bautizó Pobre diabla”.

Para la segunda temporada Silveyra ya no estaba y Migré llamó a Nora Cárpena. “En realidad Migré me convocó para la primera pero como yo tenía un problema insalvable, dije que no”, cuenta con ese decir que la distingue, Cárpena a Teleshow.

Nora Cárpena y Claudio García Satur en "Rolando Rivas, taxista" (Canal 13 / Volver)


Cuando Solita se bajó, Nora aceptó sin dudar y por la misma razón que Satur: un libreto de Migré era garantía de una gran historia con increíbles personajes. En la charla con el autor, Nora le preguntó qué harían con el personaje de Mónica y propuso matarla. Pero Migré le explicó que si lo hacía sería un personaje siempre presente así que lo que debía lograr es que la odiaran. ¿Pero cómo odiar a esa angelical jovencita cuyo rostro se había convertido en ideal de nuera y en póster de adolescentes?

En el primer capítulo de la segunda temporada se ve el embarazo de Mónica y a una doble entrando a una clínica a realizarse un aborto. Y acá se nota esa mano talentosa del autor en su capacidad de incorporar temas complejos en tramas en apariencia sencilla. Nora describe cómo sigue la escena y solo con escuchar su relato con su arrulladora voz alcanza para “engancharse” y entender el fenómeno Rolando Rivas. “En ese capítulo Rolando ve lo que Mónica hizo y sale a la calle con su taxi. Atropella un niño que es mi hijo, grito ‘Quique‘. Rolando se paraliza porque atropelló al niño y porque ese era el nombre de su hermano muerto”. La actriz cuenta más detalles de la historia y cómo reflejó su tiempo. “El padre de mi hijo era el Nato Córdoba un guerrillero que no aparece pero que todas las referencias provocaban se lo asociara con el Che Guevara. Como Mónica, yo también representaba a una chica de clase alta a la que su familia repudiaba por sus elecciones”.

Además de los protagonistas había otros grandes actores como Beba Bidart, Mecha Ortiz, Luis Politti, Graciela Dufau y Jorge Barreiro que hacían de cada capítulo una clase de actuación. Como la novela se emitía una vez por semana grababan desde el jueves a las 9 de la mañana hasta el viernes a las 16. Cárpena cuenta que quedaba tan agotada y, como sus nenas eran chicas, pedía ir a su casa para dormir un rato. Entonces aprovechaban a grabar las escenas donde ella no participaba, pero la filmación no se detenía. El clima entre actores y técnicos era cordial y compinche. Solita también recuerda que grababan “24 horas seguidas”.

Cárpena y Satur concuerdan que Migre era muy estricto con los libretos y que no se permitían las improvisaciones. El autor era un artista de la palabra y salir de su guión en realidad era alterar una obra trabajada hasta la perfección. Solita en cambio dice que ella sí improvisaba y que incluso si algo del guión no le gustaba se enojaba “y se la peleaba a Migré”. Así logró que aceptara que vestirla formal y con una camelia en el ojal no era adecuado y logró imponer el jean y las remeras polo características de la época.

El tema de "Rolando Rivas, taxista" (Youtube)


Otro de los grandes hallazgos de la novela fue que por primera vez las cámaras se llevaron a la calle. Los actores grababan sus escenas en escenarios reales. Salían maquillados del canal pero se cambiaban en autos o los baños de los bares o las casas de familia.

Filmar en el mundo real provocaba algunas situaciones que todavía se recuerdan con una sonrisa. Satur o Rolando manejaba el entonces común y hoy mítico Siam Di Tella. “Tenía que filmar una escena en Lima y Cochabamba. Estaba en un semáforo por grabar cuando un hombre apurado se sube al taxi. Al reconocerme dice ‘yo estoy loco o usted es taxista‘. Su cara de confusión todavía la recuerdo”.

Tanto Satur como Cárpena admiten que muchos taxistas todavía les siguen hablando de sus personajes y Nora y Solita más de una vez viajaron gratis porque “¿cómo le voy a cobrar a mi novia?”. Solita comparte otra anécdota: “Con Claudio fuimos a Rosario y había cientos de personas esperándonos. Nos subieron a un Peugeot y fuimos con el techo abierto saludando a la gente. Había una multitud y le digo ‘parecemos Perón y Evita‘”.

Rolando Rivas salió al aire en 1972 y 1973. ¿Por qué terminaron con semejante suceso? Cárpena reflexiona “Era un producto maravilloso, no había que dejarlo morir. Se lo terminaba con éxito para convertirlo en un gran recuerdo”. Y es en esa frase que quizá está el secreto de por qué todavía se escribe sobre esta ficción.

Para sus tres protagonistas la novela fue fundacional. Para Satur fue el despegue de su vida actoral y Cárpena admite que le permitió llegar al público masculino. Solita, en cambio aprendió una lección que la acompañó para siempre. “Ese día en Rosario y ante esa multitud que nos aplaudía le dije a Claudio ‘si nos creemos esto estamos muertos‘”. Y es entonces que esta periodista agradece esos momentos, cuando las notas dejan de ser notas y se convierten en lecciones de vida.

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