El escritor más vendido en la última década en Argentina (15 mil ejemplares) es psicoanalista. Y actor, columnista de radio y televisión. También cantante. Todo eso es Gabriel Rolón, quien hoy se encuentra protagonizando El lado B del amor, la obra dirigida por Carlos Nieto donde comparte escenario con su hija, Malena Rolón, y su esposa, Cynthia Wila.

En El lado B del amor, una periodista asiste al consultorio de Rolón para hacerle un reportaje. Y es entonces cuando el protagonista plantea que no tiene todas las respuestas y que se trata de un hombre falible, con las debilidades de cualquier otro.

Y si bien puede ser cierto que no tenga todas las repuestas, en este reportaje con Teleshow, Rolón no deja pregunta sin contestar sobre los problemas del amor, la crisis de pareja y el origen de la infidelidad.

—Siempre decís que no todos los amores merecen ser vividos. ¿Por qué creés que a mucha gente le cuesta salir de esos amores?

—En primero lugar, hay una mirada que es social, cultural, y que es la de pensar que siempre es lindo estar enamorado. El mundo lo pensamos de a dos, el mundo está armado para vivirlo de a dos. Yo te invito a un cumpleaños o a un casamiento, te doy dos entradas y te digo: "Cami, ¿con quién venís?". Como si vos fueras dos, y sos una, ¿no? Entonces, nos impulsan desde el discurso mismo a creer que el amor es algo maravilloso y que está bien. Entonces, si un amor ha demostrado que no funciona, nos sentimos como culpables y a veces insistimos más de la cuenta. Digo, a veces nos ponemos testarudos en sostener algo que no nos hace bien. Y por otra parte, cada uno de nosotros aprendió a amar de una manera: no nos enamoramos de cualquier persona, nos enamoramos de alguien en quien reencontramos algo. O sea, tenemos incorporados desde la infancia algunos gestos, algunas miradas, algunas sonrisas, unos modos, que son condición de nuestro amor, ahora. Y cuando lo encontramos en alguien, decimos "¡Me enamoré!".

—O sea, ¿uno ya tiene establecido ciertos rasgos que va a encontrar en el otro, y por eso lo elige?

—El profesor (Juan David) Nasio, un gran psicoanalista argentino de los mejores del mundo, que vivió en París, dice en un libro que en los asuntos del corazón no elegimos sino lo inevitable. Es decir, vos no te vas a enamorar; tu papá, tu mamá, tus amigas te van a decir: "Cami, te conviene este". Y vos vas a decir: "Pero a mí me gusta el otro…".

—¿Y por qué no elegimos el amor que nos conviene?

—Porque no podés elegir tan libremente: la cuota de elección es pequeña. Y a veces las personas aprendieron a amar en un marco de agresividad, de violencia, de indiferencia, y repiten la elección y se quedan allí, donde lo trataron de esa manera. Por eso es todo un trabajo convencer a alguien de que no importa si está enamorado: cuando el amor no es sano, hay que irse. Pero para eso hay que reconocer que a veces estamos enfermos, nosotros mismos vamos en busca de personas que más tarde o más temprano nos van a hacer sufrir. Entonces el desafío no es sólo dejar esa relación, sino después preguntarnos por qué nos quedamos allí, por qué elegimos eso. Y a partir de ahí hacer ese viaje que, para mí, es el viaje de ciencia ficción más impactante que puede hacer un ser humano: no al centro de la Tierra, sino adentro de uno mismo.

—Muchas veces se dice que no es negocio divorciarse: "No puedo pagar dos casas", "Me gusta llegar y ver a mis hijos", "Compartimos amigos". ¿Que se hace ante esa situación?

—Depende de cada quien. Hay personas que se pueden amoldar a vivir en esa comodidad, porque la incomodidad es la del deseo. Es decir, "Yo no estoy cómodo acá, yo no deseo más a esta mujer, o a este hombre, pero tengo mi casa, tengo mi parrilla, veo a mis hijos todos los días". Y entonces en un momento uno elige. El ser humano no tiene mucha capacidad de elección, es muy poquita la capacidad de elección que tenemos. Pero la que tenemos definen nuestro destino. En ese caso, uno toma una decisión porque alguien dice: "Mirá, yo no puedo mantener dos casas". Es cierto. Tampoco podés tener dos vidas, esta es la única. Entonces si vos por no mantener dos casas sacrificas la única vida que tenés, es problema tuyo, es tu decisión en definitiva. Yo sé que es cruel, porque muchas veces alguien de verdad no puede, y las cuestiones económicas son… No es algo que queda por fuera de la decisión de un sujeto, sería una locura pensarlo así.

¿El amor tiene muy buena prensa?

—Sí. Porque está esta idea de ensalzar solamente los rasgos positivos que tiene la relación amorosa. Freud decía nunca estamos tan en riesgo como cuando nos enamoramos, nunca estamos tan desprotegidos, porque el amor es una situación complicadísima. Tu vida ya no te pertenece del todo, tu felicidad no te pertenece del todo, porque vos vas a ser feliz o no de acuerdo a lo que el otro haga también, y basta un gesto del otro para transformar tu felicidad en un infierno. Yo creo que la buena prensa no le hace bien al amor porque hace que vayamos a las relaciones de un modo demasiado ingenuo. Y cuando vas de un modo ingenuo creés que las cosas van a salir bien solo porque tienen que salir.

—¿Alguien se puede desenamorar de la noche a la mañana?

—No. A veces el tiempo rápido es del que se entera. "Bueno, nos conocimos hace tanto, nos casamos, tenemos una casa, tenemos una familia, ya está, ¿no?". Entonces te relajás, y hace mucho que no estás atento a los detalles. No sé, todas las noches  te saludabas con un beso y hace seis meses que cada uno se duerme y no se dicen nada, ni se dan un beso… Ese es un detalle que pasa desapercibido. No te das cuenta que esa persona que te esperaba todas las noches con dos copas para hacer un brindis, hace rato que las copas no están. Son como pequeños detalles que van dando una pauta. El peor pecado de un enamorado es creer que tiene el amor asegurado. El que quiere ser una gran enamorado tiene que saber que el amor está en riesgo permanente, todo el tiempo. Y no nos damos cuenta y un día viene alguien y nos dice: "Che, yo no quiero estar más con vos". "¿Pero cómo? Si estamos bien. ¿Por qué? Yo no me di cuenta que no estábamos bien, porque no supe leer tus señales, las fuiste dejando, en vez de tener la inteligencia de verla y decir".

—¿Por qué se descuidan las parejas?

—Porque creemos que el amor tiene garantías. Y el lugar donde menos garantías hay son las emociones humanas, que cambian permanentemente. Así como solo basta un gesto para enamorarte, basta un gesto para desenamorarte. Vos estás frente a alguien con el que te sentís realmente atraída, enamorada, lo admirás, y en un momento lo mirás, y lo que mirás no te gusta. Y decís: "¿Sabés qué? No me gusta más". Algo se rompió: a veces se rompe por un gesto, y a veces se rompe por una sucesión de pequeños golpes que no nos vamos dando cuenta. Y cuando queremos agarrar la copa, se quiebra en la mano.

—¿Cuál es el lado B del amor?

—Hay que tener la inteligencia para comprender que el amor es un espacio compartido, que no es todo el espacio de uno. Que si tu pareja hace algo sin vos, tiene todo su derecho y está bárbaro. Que si vos venís y tenés un proyecto acá y estudiaste una carrera y es tuyo, es tuyo. Y no está mal que tu pareja no tenga que ver con eso: le contarás, te dará un consejo. El espacio de la pareja hay que cuidarlo mucho, y se cuida respetando el espacio personal. Porque a veces destruís un espacio hermoso de pareja solo porque querés invadir el espacio personal del otro, donde vos tenes opinión, tenés posibilidad de dar un consejo, tenés posibilidad de disentir. Pero dentro de estas cosas que se dicen sobre el amor, se alimenta la idea de hacer de dos, uno. Y eso es espantoso: que dos personas dejen de ser los sujetos humanos que eran porque se enamoraron. El amor está para aportar, para hacerme mejor, no para quitarme lo bueno que ya tenía.

—¿Qué opinás de las redes? ¿Creés que afectan a los matrimonio?

—Sí, las redes afectan. El peligro más grande de las redes es que a veces reemplazan la comunicación real. Vos llegás y alguien te dice: "Hoy subí una foto en Instagram". "Ah, sí, sí". "No me pusiste ni un Me gusta". "Pero pará, ¿qué tiene que ver, no?". "Tengo 18 'Me gusta' y ninguno tuyo". Yo creo que hay que tener mucho cuidado con las redes, porque confundir un Me gusta con un gesto verdadero de amor, creer que porque tenemos 10 mil amigos en Facebook, de verdad tenemos 10 mil amigos. Ninguno de esos 10 mil, salvo que sean amigos verdaderos, va a salir corriendo si nos pasa algo. Hay que tener mucho cuidado con ese manejo. Además, las redes han abierto una puerta tremenda para aquellas personas que por algún motivo tienen la tendencia a dudar, o para aquellos que tienen una seducción histérica incontrolable. En las redes, le pones un Me gusta a una foto de alguien que te gusta, el otro te dice "Gracias", "Me gustaría ser tu amigo", "Bueno, dale". Empieza una seducción que no está buena. Hay que tener mucho cuidado porque a lo mejor a vos te parece que eso es inocente, pero a tu pareja la herís si se entera. Eso marca lo que uno mismo considera lo que está bien, y lo que está mal.