Tiempo de secundaria. Colegio Carlos Pellegrini. Jumper gris, gordita, pelo sin alisar y sin plataformas. Así me recuerdo al escribir esta nota.

Corría el año 1991. Mi mundo giraba entre libros, parciales y la inexplicable magia del cantante mexicano Luis Miguel. Con la canción "Palabra de honor" (1984) me cautivó como artista, pero con "Cuando calienta el sol" la seducción fue fulminante. En un suspiro la admiración se fusionó con la bienvenida del deseo pulsional, y allí empezó todo: ¡tenía que conocer a Luis Miguel!

Pero… ¿cómo?

Honestamente confieso que, como una gran excusa, di vida al fans club Simplemente Luis Miguel. Y digo como excusa porque era la única manera viable, disimulada y elegante que encontré para alcanzar mi objetivo.

Pero la ilusión duró poco. Hasta mi encuentro con Hugo López, el representante argentino de Luismi, quien en su momento supo desafiar a su temible padre: Luisito Rey.

Me presenté en el lugar, y por supuesto: no estaba en la agenda. Ante la falta de información sobre el fans club, la recepcionista contactó a López, y dijo que si esperaba unos minutos el señor me iba a recibir.

Atento, al rato López me hizo pasar a su oficina (recuerdo que se encontraba al final de un pasillo). Había una biblioteca con fotos y, sobre su escritorio, una tetera que desvió por unos segundos mi atención.

Luis Miguel con Hugo López
Luis Miguel con Hugo López

Con un largo monólogo le conté quién era, qué hacía y qué quería de él. Le demandaba información y material de Luismi en mi rol de presidenta del fans club.

Hugo López me escuchó con atención, anonadado, lo leía en su mirada: no comprendía el por qué de tanta admiración y, sobre todo, de semejante dedicación para con su artista.

Primero me agradeció de corazón todo lo que hacía por Micky —como lo llamaban los íntimos—. Y entonces, ahí comenzó "su" monólogo. Me contó que la vida no le había regalado la posibilidad de tener hijos, y que quería a Luis Miguel como aquel que nunca tuvo.

Me preguntó, para que le contestara con franqueza, por qué yo hacía todo eso. No me dio tiempo a responder: "Veo que tu cariño y tu interés por Micky son genuinos -continuó-, y eso lo valoro mucho, pero ahora te hablo como si fueras mi hija. No pierdas tu tiempo con Luis Miguel: lo ven todas o no lo ve nadie; él odia a las fans".

Veinte palabras fueron las suficientes para que pasara del idilio a la realidad. Contundentes. Y con profunda honestidad puedo decir que sentí, en ese mismo instante, ni un minuto antes ni un minuto después, que las frases de ese hombre estaban dándole un hondazo final a mi sueño. Una estocada que hoy, a la distancia, siento que fue un inapreciable don del Cielo.

Lo escuché a López y no le pregunté nada. La decisión estaba tomada: ninguna gota más de energía de mi parte sería para Luis Miguel.

Después del golpe

Como si nada seguimos la charla. López sacó de un cajón un casete con una copia de lo que sería el nuevo material discográfico de Luis Miguel: en esta ocasión, sería del género boleros (Romances). Me advirtió que ese material no estaba a la venta y que me lo regalaba como gesto de confianza y agradecimiento.

Ese fue el único día que vi a Hugo López. Día que agradecí el privilegio de encontrarme con un hombre que eligió ser mejor persona que empresario. Paradojas de la profesión o paradojas de la vida. 20 palabras que, con el tiempo, fueron realidad.

A los 51 años, Hugo López murió por un cáncer de colon.

Luis Miguel continúa recorriendo el mundo con su misterio y sus canciones. Lejos del podio, de cuando se convierte en El Sol, no dudo ni un instante de que Luis Miguel Gallego Basteri extraña y recuerda a Hugo López como el padre que necesitó y que, al fin y al cabo, nunca tuvo.

Luis Miguel con Hugo López
Luis Miguel con Hugo López

Hugo, y el cómo

Para los que se preguntan cómo llegué a reunirme con Hugo López, tengo como respuesta que no fue tan difícil para mí… Creo que ese día comenzó mi vocación por la producción y el periodismo.

Recuerdo que estaba en mi casa y llegó la edición vespertina del diario Crónica, y en la sección La Pavada un título gritaba: "Hoy llegó al país, proveniente del exterior, el reconocido representante de Luis Miguel, el argentino Hugo López". En esta oportunidad la publicación aclaraba que el empresario había venido solo por cuatro días para cumplir con una serie de compromisos laborales. López vivía desde hacía tiempo en México, junto con su esposa, una modelo también argentina.

No tenía mucho tiempo para ubicarlo. Gracias a las páginas amarillas de la guía telefónica encontré el número de su oficina. Sin pensar comencé a discar. Eran las 9 de la noche de un lunes, pensé que iba a escuchar un contestador automático o simplemente la confirmación de que el número al que estaba llamando era el correcto. A los minutos, una voz masculina me atendió. Improvisada y sin pensar, arriesgué:

—¡¿Hola?! Perdón la hora… ¿Esa es la oficina de Hugo López?

Del otro lado, y con dudas, me responden con una pregunta:

—¿Quién habla?

—Le cuento —seguí —yo soy la presidenta del fans club de Luis Miguel en la Argentina, y necesito ubicar al señor Hugo López para pedirle información y ayuda.

¿Ayuda de qué tipo? —respondieron con sorpresa del otro lado.

—Ayuda… información sobre Luis Miguel. Acá la compañía discográfica (Wea, en ese entonces) no nos dan bolilla y no nos pasa información de nuestro artista.

Se escucha un silencio. Y a continuación, una respuesta: "Estás hablando con Hugo López. Ahorita estoy ocupado. ¿Vos podrías pasar mañana por mi oficina, a las 4 de la tarde, y me contás mejor?".

La respuesta fue obvia. Y con un final inesperado que fue a su vez todo un comienzo en mi vida.

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