"Timeo Danaos et dona ferentes" (Teman a los griegos incluso si traen regalos) es sin duda una de las frases más famosas de la literatura clásica. Está en latín, fue escrita por Virgilio en la Eneida, pero remite a la Ilíada, el célebre poema épico de Homero. ¿Y cuál era ese regalo que los troyanos debían temer ya que venía ofrecido por los griegos? Tal vez el artefacto más célebre de la mitología: el caballo de Troya. ¿Quién no oyó hablar de él alguna vez?

Resulta que luego de diez años de asedio, los atacantes griegos, al mando de Agamenón y de Ulises, no habían podido doblegar las infranqueables murallas de la ciudad de Troya, que resistía estoicamente los embates de unos ejércitos multitudinarios. Incluso el guerrero más fuerte y valiente de la fuerza invasora, Aquiles, había muerto en batalla (ver página xxx). De modo que si el objetivo era arrasar con al ciudad fortificada del enemigo, los griegos debían agudizar su ingenio, ya que por la fuerza lo habían intentado una cantidad considerable de años sin ningún resultado. Habían incluso realizado todos los sacrificios y rituales ordenados por los dioses, y el resultado seguía siendo el mismo: Troya seguía en pie.

Los mandos del ejército griego consultaron entonces al vidente Calcante, que les comentó un sueño premonitorio que había tenido esa noche: había visto una paloma perseguida por un halcón. Y aunque lo intentaba, el halcón no conseguía atrapar a su presa, ya que esta se había refugiado en una estrecha grieta en una roca. Entonces el atacante había fingido alejarse, y se había colocado fuera de la mirada de la víctima. Poco a poco la paloma, segura de que ya estaba a salvo, había empezado a ganar confianza y a asomarse cada vez más de la grieta, hasta que finalmente había salido. En ese momento, por sorpresa, el halcón soñado por Calcante se le había echado encima y la había devorado.

Inspirados por esta estratagema onírica, se cuenta que el propio Ulises tuvo la idea de construir con madera un enorme caballo hueco, en cuyo interior se escondería una escuadra de soldados para sorprender a los troyanos, tal como el halcón había hecho con la paloma del adivino. En otra versión del mito, la idea del caballo es sugerida por la diosa Atenea. Como sea, el resultado es que los griegos deciden entonces convocar al más hábil carpintero de sus ejércitos, un feocio de nombre Epeo, para que edifique esa monumental figura. Al parecer, el artefacto tenía una escotilla oculta sobre el costado derecho, donde llevaba grabada la frase: "Con la agradecida esperanza de un retorno seguro a sus casas después de una ausencia de nueve años, los griegos dedican esta ofrenda a Atenea". Para que la estratagema fuera completa, los ejércitos invasores abandonan el sitio de Troya, y dejan esta misteriosa estatua a las puertas de la ciudad. El pueblo troyano era devoto de los dioses, e inmediatamente aceptó esa ofrenda.

Según se cuenta, solo un troyano, el sacerdote Laocoonte, desconfió del enigmático presente que aguardaba tras los muros de la ciudad. Y es en ese momento que les advierte a sus compatriotas: "¡No confíen en los griegos, incluso si traen regalos!". Tan seguro estaba de que se trataba de alguna clase de ardid que intenta quemar el caballo, pero durante el proceso él y sus dos hijos resultan devorados por serpientes. Los habitantes de Troya interpretan esas muertes como signo divino, y deciden recibir la ofrenda para consagrarla a Atenea. Abrieron las puertas de la ciudad fortificada, le colocaron ruedas a la enorme construcción y la introdujeron dentro de sus infranqueables muros. Al no ver a los ejércitos invasores por ninguna parte, estuvieron seguros de que el asedio había terminado. Ignoraban que en el vientre del hueco caballo había un selecto grupo de guerreros griegos que por la noche, cuando todos dormían, abrieron la escotilla secreta y luego las puertas de la ciudad para permitir el acceso de sus compañeros, que acechaban sigilosamente afuera. Ese mismo día arrasaron con la ciudad de Troya y la quemaron hasta hacerla desaparecer.

"Teman a los griegos", les advierte el sacerdote de Troya a sus compatriotas. Desde luego, él prevé el engaño que encierra esa enorme escultura con forma de caballo que espera a las puertas de la ciudad. Y ellos no le hacen caso, y lo dejan pasar. Pero yo les diría, por el contrario: abracen ya mismo ese regalo que nos dan los griegos. No le teman: abrácenlo. No, no el caballo de madera. No la representación. Me refiero a la esencia de ese regalo: la creatividad. El ingenio, el pensamiento lateral, la viveza. Abracen ese regalo mítico que nos lega la literatura y sepan usarlo para su propio beneficio. Recordemos: los griegos invasores estaban a puntos de darse por vencidos. Ya casi habían perdido toda esperanza de derrotar a los troyanos, que seguían ahí parapetados detrás de sus gruesos muros. Diez años insistiendo habían estado. Ya estaba por irse. Hasta que el ingenio de unos pocos fue más fuerte que las lanzas y que los escudos de muchos, mucho más fuerte que las catapultas y que el propio Aquiles, casi inmortal. Ese es el verdadero regalo que nos da este episodio: nada es imposible con un poco de ingenio y de creatividad.

¿Y en qué sentido te pido que abraces esa creatividad para tu propia vida espiritual? Buscá tu propia Troya. Elegí tu desafío. Ese que hace años te doblega. Ese que ya intentaste franquear por todos los medios conocidos, y aplicá maneras creativas de enfrentarlo. No repitas más recetas. Atrevete a tomar senderos desconocidos, formas novedosas de pensar y de actuar. Siempre a través de la búsqueda de la verdad.

Cuando no hay un despertar espiritual profundo, la mente es tierra fácil de cultivo de creencias manipuladoras externas. Y tendemos a repetir una y otra vez las primeras experiencias que hemos conocido. Cuando de chicos vivimos ciertas situaciones, la respuesta a esos hechos o la información que el mundo nos dio sobre ellos, queda plasmada en la memoria sin haber sido procesada con comprensión e inteligencia y es repetida durante toda una vida.

Es hora de dejar esa información que vino de afuera e indagar en nuestro interior, donde hay una fuente de sabiduría natural que puede generar a diario nuevas respuestas, audaces, bellas, imaginativas, verdaderamente creativas y sanadoras, que eliminarían con rapidez todos los comportamientos del pasado que venimos reiterando.

Tenemos la tendencia a engrandecer nuestros errores, a castigarnos por las equivocaciones que cometemos por ignorancia, a sentirnos mal por las dificultades que se nos presentan y convertirlas en nuestros verdugos.

Disminuimos y subestimamos nuestra capacidad para resolver lo que se nos presenta y no nos creemos capaces de avanzar creativamente. Es importante que cultivemos la autoeficiencia creativa ante los problemas. Esto requiere que confiemos en el funcionamiento de nuestra mente y asumamos que somos capaces de superar conflictos.

Se trata, después de todo, de alcanzar la felicidad. Y la felicidad habita solo en el presente. En este sentido, el gran Eckhart Tolle escribió diez principios para alcanzar la felicidad. Son muy bonitos, muy prácticos y vienen muy a cuento en función de la creatividad que nos enseña este mito del caballo de Troya.

1. "Nadie va a darte la felicidad. Solo vos podés conseguirla". El ser humano toma la responsabilidad de su vida e inicia una búsqueda y un esfuerzo por encontrar eso que tanto busca.

2. "Sos un ser único en toda la Tierra. Nadie te comprende mejor que vos y nadie sabe lo que necesitás mejor que vos". En este segundo principio se dan las bases para eliminar cualquier ofensa que las personas reciban de parte de otras; cualquier comentario que deprima a una persona podrá ser nulificado bajo este principio, ya que la persona reconoce que nadie puede opinar acerca de ella, puesto que nadie la conoce mejor que ella misma.

3. "Lo que recibís ahora es lo que sembraste ayer. Y lo que siembres ahora es lo que recibirás mañana". Este tercer principio permite al ser humano reconocer que los problemas actuales son resultado de acciones incorrectas del pasado, pero que, por lo mismo, el momento presente es el indicado para ir sembrando un futuro.

4. "Ni el pasado ni el futuro pueden lastimarte. Sólo el presente tiene valor en tu vida". Al entender este cuarto principio, la persona le dará todo el valor que tiene su momento presente y le restará importancia a los hechos pasados que le causan remordimientos, y también a los hechos futuros que le causan angustia.

5. "Sólo vos decidís lo que debés hacer en este momento". Es decir, el ser humano entiende que las influencias ajenas son tan sólo eso, influencias, y él es el único que puede decidir qué hacer en ese instante.

6. "Sólo en el amor y en la paz interior podés tomar las decisiones correctas".

Es decir, si hemos de actuar en el tiempo presente, tendremos que hacerlo en paz y con amor, pues de esta manera las acciones que tomemos estarán inspiradas en nuestra más alta capacidad tanto de servicio como de inteligencia.

7. "En tus decisiones tomarás siempre en cuenta el beneficio de los demás."Es decir, tomaré aquellas decisiones que beneficien a la mayor cantidad de personas; de esta forma, mi vida se estará encaminando hacia la más alta gloria, que es la de recibir la compensación por el servicio prestado a los demás.

8. "Tu cara es el reflejo de tu estado interior". Cuidemos siempre el aspecto de nuestro rostro, adornémoslo siempre con la sonrisa, y que los ojos se encuentren siempre prestos a mandar una mirada de amor, porque de esta forma estaremos reflejando la serena armonía de quien ha aprendido a caminar en el sendero de la felicidad.

9. "Sos una persona al servicio de la humanidad". Es decir, todo lo que haga, todo lo que diga, todo lo que piense o sienta, servirá para gloria de la humanidad o bien para perdición de ella.

10. "Tenés una misión en la vida: Ser feliz y hacer feliz a los demás". Este último principio da sentido a nuestra existencia, y a la vez orienta nuestros esfuerzos hacia el beneficio de toda la humanidad.

Todo se trata de una determinación, aunque muchas veces te parezca que la existencia puede ser un entramado incomprensible de sucesos. La cuestión es cómo elegís vivir. Considerando que la decisión es sólo una, ojo con lo que pretendés, porque de la misma dependerá el resultado proporcional que obtendrás para el resto de tus días. "El que siembra, cosecha", señalaba el maestro Jesús. Tomemos en cuenta su mensaje sabio y divino, ya que cuanto más viento uno siembre, más tempestades cosechará; así como cuanto más amor seas capaz de brindar, más te protegerá el universo.

Hacé la prueba. Decidí los pasos a dar mediante actitudes elevadoras, determinando qué caminos tomar en tu propia película. Por ejemplo, podrías elegir entre ver el día de hoy con optimismo o con pesimismo; ponerle garra o ser indiferente ante la situación que te toca afrontar; respetarte o mentirte a vos mismo sobre tu realidad, comprometerte a la hora de los proyectos o justificarte por no intentar concretarlos; ser humilde o ser arrogante ante la divinidad. Del racimo de posibilidades podrás tomar las decisiones que quieras. Contás con la libertad de inclinarte por cualquiera, porque tu vida dependerá de gozar o sufrir las consecuencias de la elección: Será a partir de tu sistema de creencias que te inclines por una u otra postura. Pero cuidado, si pensás que el viento no viene soplando a tu favor, no te entregues.

Tenés la posibilidad de modificar el rumbo. No pierdas de vista que la única y verdadera elección gira en torno de qué hacer con ese regalo sagrado, la "vida". A partir del enfoque que le des, te encontrarás en condiciones de despertar y brillar en todo tu esplendor o de seguir adormecido observando pasar el tiempo y las oportunidades que te permitirán ser feliz.