“Contra lo imposible”, Ford vs Ferrari


Comienzos de la década del sesenta. La empresa Ford construye autos en masa, pero no alcanza que su marca tenga la mística de la italiana Ferrari. Aconsejado por sus asesores, Henry Ford II delega en el diseñador de automóviles Carroll Shelby (Matt Damon) y en el piloto e ingeniero británico Ken Miles (Christian Bale) la responsabilidad de terminar con el reinado italiano en las pistas.

De esta manera, ambos personajes se embarcan en una “carrera” contra el tiempo, la burocracia y las leyes de la física para construir un auto revolucionario que logre la victoria en la mítica prueba de resistencia francesa conocida como “las 24 Horas de Le Mans”.

James Mangold, responsable de Logan, recrea el circuito galo en 1966, con una reconstrucción de época prodigiosa. Un viaje en el tiempo, cargado de adrenalina, imágenes épicas y el vértigo de las pistas. Colocando la cámara a bordo del Ford GT40, el realizador logra que el espectador se sienta uno de los copilotos en la competencia bisagra de la historia de las carreras y la industria automotriz.

Con el clasicismo de las viejas películas de Steve McQueen y la solvencia de un elenco de carismáticos actores, Contra lo imposible es una historia de superación, heroísmo y terquedad. Un entretenimiento fílmico que atrapa y no suelta al espectador en ningún momento de los 150 minutos de metraje y que logra su clímax a través de la tensión y la velocidad de una carrera tan agotadora como es Le Mans.

La química entre Christian Bale y Matt Damon traspasa la pantalla. El primero como un piloto indomable, políticamente incorrecto, pura pasión e impulsos. El segundo, el ser pensante que debe debatirse entre sus convicciones y lo que es mejor para el equipo de competición.

En la intimidad de los talleres, en los boxes y hasta en las oficinas de las multinacionales, el largometraje está construido a base de escenas emocionantes, creíbles y sin maniqueísmos. Ni los capos de Ford son unas carmelitas descalzas, ni Enzo el mandamás de Ferrari es El Padrino. Todos los personajes muestran grandezas y miserias, por eso resulta sencillo empatizar con ellos.

Sin dudas que los fierreros disfrutarán de esta gema, pero el filme no es elitista, por el contrario, maneja un código narrativo ATP sin dejar de lado tecnicismos y jerga mecánica. Contra lo imposible compite por la Pole Position de lo mejor del año.

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