Christopher Robin (Ewan McGregor), el chico al que conocimos aventurándose en el "Bosque de los Cien Acres" con su pandilla de queribles animales de peluche, ha crecido, se ha convertido en padre de familia y en un hombre de negocios, pero ha perdido la felicidad y la ilusión. Algo que cambiará cuando reciba la inesperada visita de Pooh, y descubra que ese niño que alguna vez fue aún existe en su interior.

Esta mágica aventura dirigida por Marc Foster, está cargada de melancolía, y resulta reconfortante y conmovedora.

La excelente técnica de animación que permite que los peluches compartan escenas con los actores de carne y hueso, están aprovechadas al máximo. Texturas, pelajes y expresiones que logran traer a la vida de manera natural al tierno Pooh, el carismático Tigger, el pequeñín Piglet y el depresivo pero muy "achuchable" Igor.

Ewan McGregor se mueve cómodamente entre sus compañeros animados, representando un papel con el que muchos que añoran sus épocas de juegos infantiles podrán empatizar.

Quizás los más de 100 minutos de metraje sean demasiado extensos para una trama y un conflicto argumental muy simples. Pese a eso, el filme funciona, pero más para el publico adulto que creció viendo las películas animados que para las nuevas generaciones de espectadores que pueden encontrar la historia con un aspecto demasiado nostálgico.

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