Lara Croft (Alicia Vikander) es una joven rebelde que decide averiguar qué ocurrió con su padre, desparecido hace siete años. La investigación la lleva a una isla remota, un lugar que esconde una tumba milenaria y un secreto que puede significar el fin de la humanidad.

Roar Uthaug (La ola) dirige este nuevo inicio de la saga basada en un popular personaje de videojuegos. Esta Lara Croft es una millennial muy distinta a la compuesta por Angelina Jolie. Aquella versión, con una camiseta ajustada y shorts, hacía hincapié en las curvas de su protagonista, presentándola como una mujer de armas tomar tanto como un símbolo erótico.

Todo ha cambiado en este renacimiento. Alicia Vikander está muy lejos de ser mujer/objeto, es inteligente, atlética y planta cara a cualquier villano que se le pare enfrente. La interpretación de la actriz sueca permite su lucimiento en las secuencias dramáticas como en aquellas en las que abunda la acción.

La película contiene secuencias de aventuras selváticas que incluyen persecuciones, saltos al vacío, peleas a puño limpio y momentos dignos de Indiana Jones (algunos que ocurren dentro de la Tumba parecen claros homenajes a Los Cazadores del Arca Perdida).

Si bien no encontramos ciertos tópicos que hicieron de Croft un personaje mítico de las consolas (por ejemplo el uso de sus dos pistolas) está más que claro que el filme es el inicio de una serie y que oficia como introducción a muchas otras futuras aventuras.

Como ocurre con muchas adaptaciones de videojuegos, los diálogos no son muy elaborados, y algunas motivaciones de los personajes parecen poco creíbles, pero en líneas generales la película resulta entretenida y bien realizada.

No es fácil encontrar papeles femeninos de carácter que sean protagonistas en el cine industrial y pochoclero, por lo que esta Lara Croft merece un aplauso ya solo por romper con este vetusto patriarcado fílmico.

Mi calificación: 8 puntos

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