En agosto de 2015, un tren con 554 pasajeros a bordo, que recorre el trayecto Ámsterdam-París, es el objetivo de un terrorista islámico que planea un mortal atentado. El accionar de tres jóvenes norteamericanos impide una tragedia de proporciones.

Al igual que en Sully: Milagro en el Hudson, el veterano Clint Eastwood toma un hecho de la historia reciente para armar una película, pero en este caso y a diferencia de aquella protagonizada por Tom Hanks, resulta poco atractiva, con un guión sin matices, que pese a lo acotado del metraje (94 minutos) se hace extenso.

Nadie duda que el viejo Clint es un gran narrador, pero aquí no hace gala ni honor a su increíble filmografía, por el contrario este parece una película hecha por encargo y a desgano. Un cortometraje estirado al máximo montado a base de escenas inconexas y sin sentido.

Para llegar al clímax de la historia, el ataque en la formación, el realizador nos lleva a la infancia del trío protagonista, a escenas escolares muy simples que lucen similares a las de un telefilme de bajo presupuesto. Para colmo, luego remata la faena con eternas secuencias de las vacaciones por Europa de los tres héroes, escenas sin sentido que funcionan como un catálogo turístico de ciudades como Roma, Venecia o Ámsterdam.

Eso sí, la apuesta más arriesgada de este largometraje y en donde Eastwood sale bien parado, se da en la utilización de los protagonistas reales de la historia. El director desistió de llamar a actores profesionales para los papeles principales, y utilizó a los verdaderos protagonistas del hecho encarnándose a sí mismos. El resultado no solo es creíble, sino que además, genera una sensación documental que ayuda a la verosimilitud de las secuencias, sobre todo aquellas que se dan durante la confrontación con el extremista. Los noveles intérpretes se ven naturales, y más allá de sus cualidades actorales, hacen lucir a Estwood como un gran director de actores.

Al igual que en Francotirador (película muy superior a este trabajo) aquí se exalta el espíritu americano en un argumento por momentos maniqueo (de hecho no hay ningún dato que permita humanizar al "villano") y con ciertos tonos de exacerbado patriotismo. Un filme menor de un director enorme.

Mi calificación: 5 puntos

Por Alexis Puig