“La recurrencia en el teatro está muy bien vista, y siempre agradezco al público que se hace presente en cada temporada y a todos los artistas cordobeses que han inventado una gran plaza como Carlos Paz”, dice Fredy Villarreal, a días de instalarse en la ciudad cordobesa donde lleva más de 10 temporadas realizadas.

Para esta que viene, aparece las dudas. "Es la incertidumbre de todos los años de vivir en la Argentina y saber que la inflación siempre está con números cambiantes, y que la gente cuida el mango. Gracias a Dios en todas las épocas que he tenido incertidumbre nunca nos fue mal con la obra”, asegura el humorista, uno de los protagonistas de Atrapados en el museo, con Pedro Alfonso, Mica Viciconte y Julieta Prandi, entre otros.

—¿Te vas solo, o te vas acompañado sentimentalmente?

—(Risas) Yo estoy muy bien.

—Lo último que supe es que estabas soltero.

—Yo estoy soltero. Estoy enamorado de mí y espero no serme infiel.

—Eso es un título.

—Eso es un título. Es un lindo título.

—¿Te haz sido fiel a vos mismo a lo largo del recorrido?

—Siempre. Siempre me he sabido querer, amar. Es lo más importante: quererse uno. Nunca me he defraudado, jamás.

—¿Y a las mujeres les fuiste fiel a lo largo del recorrido también?

—Fui fiel varias veces (risas).

—Eso también es un título.

—No, es un chiste. Hay que aclararlo, por respeto a todas mis parejas. Mientras estoy en pareja soy fiel.

—¿Cómo te estás reencontrando hoy de nuevo con vos mismo en la soltería?

—Me divierto mucho. Salgo con amigos. Me gusta mucho tomar algo de vez en cuando por la noche con amigos. Es como que vuelvo un poco a otras épocas de soltería donde lo único que me importa es pasarla bien y compartir buenos momentos con quienes elija estar. Y soy muy exigente con que la otra persona también la pase bien.

—¿El mensaje directo en las redes está muy activo?

—Está, está, sí, pero me gusta más lo analógico a mí, lo palpable, lo tocable. En este momento no tengo a nadie; sí conozco mucha gente. Y le mando un beso a toda la gente que conozco (risas). Conozco gente y trato de dedicarle el mayor tiempo que pueda a esa gente.

—¿Estás muy ocupado de agenda o…?

—La organización vence al tiempo. Si nos organizamos estamos todos contentos. El tema es por qué me tengo que organizar, no es porque sea una persona demandada, no me considero el galán, no, con esta cara no... Pero me tengo que organizar primero con mi familia. Mi nena, Jazmín, de 10 años; con mi hijo: poder contemplar los momentos que quiero estar con ellos. Trabajo. Y después, si estoy bien con los chicos y organicé bien con los chicos y con el trabajo el resto, ¿a dónde hay que ir a tomar una cerveza?

—¿Dónde? ¿Hay un radio limitado de cercanía o si aparece alguien vas donde sea?

—No tengo problema con la distancia. Puede ser Asunción del Paraguay, puede ser lo que sea. Mientras haya buena onda y tiempo para poder viajar, está muy bien.

—¿Tuviste algún amor a la distancia?

—No. Es difícil. Es difícil el amor a la distancia. Como un comienzo puede ser, pero después de alguna manera hay que definir qué hacemos, o venís vos o voy yo. En realidad, sí lo tuve, y no sé si no fue producto también de un desgaste en mi primera relación. Cuando hacía Figuretti viajaba mucho por el mundo. Estaba casado y mi trabajo me afectó un poco. La mujer es un ser tan extraordinario, tan bello, que uno como hombre tiene que estar presente. El equipo era en aquel momento: “Vos trabajas, yo me quedo acá. No va a ser eterno”. Pero creo que afectó, el trabajo afecta. Y al lado de una mujer hay que estar las 24 horas y disfrutarla.


—Fue un gran momento profesional, pero hoy le encontrás ese costo.

—Y, sí... el trabajo, sobre todo el trabajo ante la inmediatez y el crecimiento, y ese aquí, ese ahora, había que estar ahí, no había que desaprovecharlo. Y en aquel momento Figuretti estaba muy activo, había muchos eventos en el mundo y era una nota que presentaba a diario desde el exterior y a Marcelo (Tinelli) le gustaba mucho y a la gente también. Figuretti fue adorablemente detestable. Porque adorable era viajar, recorrer el mundo, que no tenía mucho tiempo de recorrerlo porque había que trabajar. Y detestable, porque creo que me afectó una relación, me afectó en un montón de cosas. No me arrepiento de haberlo hecho, de haberlo creado. Pero fue duro. Hubo un año que estuve 80 días en la Argentina nada más, el resto arriba de un avión. Carne o pasta, carne o pollo, comiendo todo el tiempo arriba de un avión. El dólar estaba 1 a 1, una bebida cola en Las Toninas estaba igual que en Mónaco.

—¿Hay algún famoso, alguna nota en particular, alguna cámara, algo que hayas hecho, y padecido?

—Y... varias, sí. Viajar 12.500 kilómetros para encontrarte con una artista, porque a mí no me daban acreditación, muy difícil. Tenía a la prensa en contra con respecto a lo que yo hacía. A tus colegas no les gustaba mucho que yo esté al lado del famoso. Era odioso también para la revista: no podían presentar la foto porque al lado estaba Figuretti… Yo estoy curado de espanto. Estoy acostumbrado a los empujones. Estoy acostumbrado a las piñas por debajo de la cintura. Me enfundaba los tobillos, porque en la jerga de los que estamos detrás de las notas y los bodyguard, o los de seguridad, hay mucho golpe bajo que no se ve: la cámara en un plano americano que tiene al periodista o al artista es de la cintura para arriba, el forcejeo está por debajo de las piernas. Nos matamos a trompadas abajo con los de seguridad. Y hacía la gran Bilardo también: la aguja, y también a mí me punteaban…

—¿En serio?

—Me pegaban tacazos con el taco.

—¿Quién tiene el mejor equipo de seguridad?

—En seguridad, Estados Unidos, sin duda. Igual le llegué a dar un saxofón a Bill Clinton mano a mano, teniéndolo cerca. Lo que sí, no le permitieron tocarlo. Por una cuestión de seguridad, apoyar sus labios sobre la pipeta.

—¿Cuál es el personaje que más amigos o más conocidos te han pedido que les grabes en el celular?

—Y... Fernando ha sido un personaje muy importante para muchos, para mí también, lo amo.

—¿Quién es el personaje más querido por vos?

Fernando. Es un personaje que trató de no pergeñar nada y termino siendo espectador de mi propia estupidez. Porque no pergeño chiste alguno, salgo a la deriva.

—¿No da miedo eso?

—En ese personaje el miedo lo capitalizó como una gran confusión, no saber para dónde… Creo que es el eje de ese personaje. Entonces me aferro a eso. Después sí, hay otros personajes que me gustaron hacer. Bueno, Mauricio me gustó hacerlo.

—¿Hay algún personaje que hayas querido sacar y que nunca haya salido?

—Uno trata de editarse, entonces pongo lo que yo quiero que salga. Pero sí, salen personajes difíciles, pero salen, a la larga salen.

—¿Cómo te impactó lo que se vivió con la caracterización de Emilio Disi en el homenaje?

—Hermosa, la sensación hermosa. Primero cuando me invitaron, ya para mí un honor. Con Emilio desayunaba, almorzaba, merendaba y cenaba el mismo día. Hice muchas temporadas con él. Acá también salíamos, charlábamos. Cuando me invitaron a hacerlo dije: “¡Genial!”. Hice a un Emilio en un momento quizás no tan valorado como para un homenaje. Era un certamen de un reality show. Yo en eso no pude participar, a mí me dijeron: “Salí por esta puerta y caracterizalo”. Yo con eso ya estaba, no me interesaba nada más que hacerlo. Llegué esa tarde y hubo un solo ensayo de baile, que no lo vi porque yo estaba atrás de las puertas que se abren, y me dijeron: “Se van a abrir las puertas y vos salís”. Yo estaba a medio caracterizar, casi a punto diría más que a medio, cuando el Chato (Prada) y Fede Hoppe ven esa bajada mía yo pruebo micrófono, porque está el público en ese mini ensayo, no digo nada de lo que tenía pensado decir, tenía chistes para decir bien irónicos, como él era, pero se acercaron el Chato y Fede y me dijeron: “Vamos por la emoción, es muy fuerte la imagen. ¿Vos qué ibas a hacer?”. “No, iba a tirar unos…”. “No, no, no, emoción total”. Y nos dio eso. Yo que tenía todo en mi cabeza dije: “Bueno, faltan horas para salir, no practiqué nada”. Miré al cielo, le pedí a Emilio: “Metete y decí lo que tengas ganas”. Y así fue: sentí que no hablé yo, que habló él. Y vos no te das una idea la cantidad de mensajes que he recibido de sus familiares muy directos. Hubo un familiar que me llamó entre lágrimas diciendo que desde que falleció Emilio nunca pudo soñarlo, no lo podía soñar, ninguna noche. Y ese día empezó a mirar, alguien le dijo que no era Emilio, porque esta persona estaba convencida que estaba viéndolo a él, abrazó el televisor y me dijo: “A partir de ahora y de lo que vos hiciste -llorando me lo dijo-, lo sueño todas las noches”. Yo dije: “Misión cumplida”.

—¿Lo extrañás a Emilio?

—Claro que lo extraño. Todo el tiempo lo extraño. De hecho, la imagen de Emilio está siempre, tenemos un grupo de varios cómicos que le pusimos “Siempre Emilio”. Y que no paran de mandar pavadas, igual que yo también mando. Y el recuerdo en el corazón es eterno.

Freddy Villarreal a solas con Teleshow
Freddy Villarreal a solas con Teleshow

—Si en alguna cita una de estas chicas te pide que le empieces a hacer personajes, ¿los hacés, o te levantas y decís: “Hasta acá llegamos, eso lo dejo para el trabajo”?

—¿En qué contexto los personajes? Vamos a hacerlo más strong.

—¿Te han pedido personajes en la cama?

—Sí.

—¿A quién te piden?

—(Risas) Sí, me han pedido (risas). Como fantasía graciosa, no como fantasía sexual. Porque el personaje que interpreté yo creo que no podría haberla erotizado. Pero era un personaje mayor.

—¿Y vos cumplías esa fantasía o…?

—No, no, preferí que no.

—Okey, en la cama no. ¿En una primera cita?

—Y... a veces te dicen: “Che, me mata cuando hacés a tal y demás”. Y bueno, uno, que es un luchador de la conquista... “Quién te gustó ¿a ver?”. Y hacemos la monería.

—Es un arma que si hay que usarla, se usa.

—Y... la comicidad mata galán.

—¿Te ha salvado el humor en algún momento de tu vida?

—Toda la vida. ¿A quién no salva el humor? El humor es un arma de protección y de defensa muy grande. Los momentos donde uno está más nervioso puede reírse. El humor salva, el humor es lo más lindo que hay. Y de chico cuando no era conocido utilizaba el humor también para… Con esta cara no podía hacer nada, entonces hablaba.

—¿Y qué creés que le diste vos al humor?

—El amor de mi vida. Le doy, no hablo en pasado. Yo me voy a morir arriba de un escenario tratando de hacer reír. Tratando de suscitar la risa. Le di mi vida. Recién hablaba de una separación prácticamente por mi trabajo haciendo humor. Sí, estoy enamorado del humor, eternamente, incondicionalmente. Le voy a dar mi amor, mi alma, mi cuerpo, mi mente, mi vida.

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