El empresario venezolano Guido Alejandro Antonini Wilson ( EFE)
El empresario venezolano Guido Alejandro Antonini Wilson ( EFE)

Como ocurre con los grandes sismos, la estampida de arrepentidos precipitada por la "cartografía" de las coimas K que registró el chofer Oscar Centeno suscitó numerosas réplicas en el ámbito judicial. En los 26 días de pesquisa se reactivaron antiguas causas de corrupción y lavado en los tribunales locales, de Uruguay y de Italia, mientras se libran oficios y exhortos para acceder a las pruebas que recabaron el juez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli.

Archivo: Julio De Vido entra a Comodoro Py a declarar. El 21 de septiembre será indagado por el juez Pablo Yadarola y el fiscal Pablo Taranto (Foto: Adrián Escandar)
Archivo: Julio De Vido entra a Comodoro Py a declarar. El 21 de septiembre será indagado por el juez Pablo Yadarola y el fiscal Pablo Taranto (Foto: Adrián Escandar)

La primera derivación de ese confesionario colectivo espoleó en el acto la causa más antigua que involucra al kirchnerismo: la de la valija con US$ 800.000 de Guido Antonini Wilson. El juez en lo Penal Económico Pablo Yadarola llamó a indagatoria para el mes próximo a diez nuevos imputados por contrabando de divisas y lavado de dinero, gracias a las confesiones de los cuadernos. Entre ellos, deberán comparecer el ex ministro de Planificación Julio de Vido; su mano derecha, José María Olazagasti; la secretaria privada de éste, Victoria Bereziuk; el ex director general de Aduanas, Ricardo Echegaray; el ex titular de Enarsa, Exequiel Espinosa, y otros cinco guardias aduaneros sospechados de encubrimiento.

Cristina Kirchner junto a Ricardo Echegaray, entonces director general de Aduanas
Cristina Kirchner junto a Ricardo Echegaray, entonces director general de Aduanas

La causa se inició en la madrugada del 4 de agosto de 2007 cuando Antonini Wilson, pasajero de una comitiva de ocho venezolanos y argentinos presidida por Claudio Uberti –sindicado como el gestor de la "embajada paralela" en Venezuela– ingresó sin declarar US$ 790.550 que en un acta reconoció como propios.

El juez en lo Penal Económico Pablo Yadarola libró una batalla judicial para evitar la prescripción de la causa que llegó hasta la Corte Suprema de Justicia. Las confesiones tanto del propio Uberti, como de Luis Betnaza, de Techint, y de Carlos Wagner, ex titular de la Cámara Argentina de la Construcción, redimensionaron con peso probatorio aquel vetusto y complejo expediente. Una causa rehén del kirchnerismo.

Según fuentes judiciales, hoy la situación de Uberti en la causa es sumamente inestable. Todo acredita que ocupaba el rol recaudador en la Venezuela de Chávez, y aunque goza de una falta de mérito firme, esa figura va camino a revertirse.

"Si bien él rechaza cualquier injerencia con esa valija, las confesiones ante Stornelli y Bonadio lo ubican como un recaudador ilícito cuyo rol era el de llevar valijas con dinero", dijeron fuentes de la investigación.

Por eso, según pudo saber Infobae, el fiscal Pablo Turano espera que Uberti se convierta en imputado colaborador y ayude a delinear el circuito venezolano. A atar los cabos sobre el origen del dinero y precisar montos, cantidad de viajes y quiénes eran los destinatarios finales de esa recaudación proveniente, según las sospechas, de la energética estatal venezolana PDVSA. Las hipótesis son tres: el destino era para la campaña electoral de Cristina Kirchner de 2008, para el enriquecimiento indebido de funcionarios puntuales a partir de "peajes" con el fideicomiso creado por Néstor Kirchner y Hugo Chávez como plataforma para los negocios bilaterales o para el envío de dinero anticipado —la teoría menos probable según los investigadores— para que el propio Chávez pudiera disponer una semana después en su visita a Mar del Plata.

"El fiscal está siendo muy activo para que Uberti se arrepienta rápido y cuente cómo era el circuito, algo que omitió en su confesión. Trascendió que lo quiere hacer ante Stornelli y Bonadio, pero para que eventualmente se le morigere la pena —la ley no limita la cantidad de 'arrepentimientos'— deberá hacerlo en la causa de la valija y no en otra", señalaron las fuentes consultadas.

Las sospechas de que ingresó mucho más dinero de Venezuela se sustenta a partir de múltiples fuentes. En su rol de colaborador ante la Justicia estadounidense, Antonini habló de US$ 4 millones ingresados por el propio Uberti. Fue luego de "cablearse" y conseguir las confesiones subrepticias de otros coterráneos que habían conspirado en suelo norteamericano para que él se hiciera cargo de la propiedad de la valija. Hoy esos venezolanos están presos y Antonini reside en La Florida al amparo de su estatus de colaborador. De allí que EEUU haya rechazado su extradición. Una segunda fuente es la del rey de la efedrina, Esteban Ibar Pérez Corradi, vinculado con el triple crimen de sus ex socios Forza, Ferrón y Bina.  En su indagatoria ante la jueza Servini de Cubría Pérez Corradi señaló una cifra similar, relatada por el empresario farmacéutico Rubén Romano, también preso en la causa de medicamentos adulterados.

Esteban Ibar Pérez Corradi cuando fue extraditado desde Paraguay por la causa de la efedrina
Esteban Ibar Pérez Corradi cuando fue extraditado desde Paraguay por la causa de la efedrina

El tribunal convocará a Romano para escuchar su declaración testimonial y antes pedirá que le remitan la indagatoria de Pérez Corradi.

Pero fue el chofer de Olazagasti, cuya identidad se mantiene en reserva, el que acercó otras sospechas sobre múltiples viajes, información que no ha podido ser corroborada. Durante las más de tres horas en las que testificó frente al juez Yadarola contó que su jefe lo envió a recoger al sector militar de Aeroparque a ocho custodios venezolanos. Los hombres descendieron del vuelo con numerosas cajas de color azules, termoselladas. El ex Ministerio de Planificación había enviado cuatro autos a recogerlos con la carga para trasladarlos al Hotel Sofitel de la Avenida Alvear. "Las cajas eran pesadas, se transportaban en los carritos del aeropuerto y se distribuyeron en los autos con dos de los custodios en cada vehículo —declaró el chofer—. Pregunté qué eran y me dijeron 'libros'. No puedo precisar la fecha, pero estoy casi seguro que fue después del viaje de Antonini Wilson".

El testigo de identidad reservada, acercado por el senador bonaerense Roberto Costa, también contó que por orden de Olazagasti llevó otras cajas más pequeñas y selladas "de 20 por 10 cm" al convento de General Rodríguez. El mismo monasterio donde José López revoleó los famosos bolsos. Entregó las cajas en mano —dijo—  a una de las monjas. Sólo después de aquel escandaloso suceso de López sospechó que podría tratarse de dinero, declaró.

Casi como una anécdota relató que la mano derecha de De Vido intentó comprar su silencio con US$ 50.000 aunque él los rechazó. A contramano de una de las versiones que circularon, aseguró que nunca vio a Uberti manipulando valijas en aquella madrugada de agosto, en que se desató el escándalo. Esos dichos fueron tan solo rumores que intercambiaban el resto de los choferes. Por eso su declaración, según fuentes de la investigación, si bien hilvanó sospechas sobre el entramado del dinero venezolano, carece de respaldo probatorio.

El tribunal cuenta ahora con un cúmulo de pruebas difíciles de revertir para los diez nuevos imputados que serán indagados entre el 10 y el 21 de septiembre. Entre otros elementos, están los entrecruzamientos de llamados telefónicos en aquella madrugada y el día posterior al ingreso de la valija, que impulsó la ex fiscal de la causa María Luz Rivas Diez. Los resultados preliminares muestran la cadena de llamados entre los agentes aduaneros hasta llegar a Echegaray antes de que se firmara el acta por el secuestro de los dólares.  También aparece nítida "la secuencia de comunicaciones entre Uberti, Olazagasti y De Vido a la Casa Rosada y la Quinta de Olivos", según informaron fuentes de la pesquisa.

Néstor y Cristina Kirchner en el cierre de la campaña presidencial de 2008. (AP Photo/Daniel Luna)
Néstor y Cristina Kirchner en el cierre de la campaña presidencial de 2008. (AP Photo/Daniel Luna)

Antes de que estallara el escándalo de los cuadernos los investigadores le pidieron a la Dirección de Asistencia Judicial en Delitos Complejos y Crimen Organizado (DaJuDeCo) ampliar los entrecruzamientos. Aportaron líneas telefónicas adicionales hasta llegar al centenar, entre celulares de aduaneros, choferes y ex funcionarios y líneas fijas del Ministerio de Planificación y la Casa de Gobierno.

La pericia, que tiene un plazo de 90 días para su culminación, intentará estar lista para las indagatorias. Los investigadores confían en que ese mapa de llamadas podrá reconstruir la foto sobre por qué fueron llegando, uno a uno, los guardias de Aduana cuando la agente de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, Luján Telpuk, descubrió el contenido de la valija. "Son libros", había dicho primero Antonini. Cuando el scanner mostró divisas, afirmó que eran US$ 60.000. El temple de Telpuk, pese a la sugerencia de que pasara el hecho por alto, desarmó la mentira.

Los investigadores hablan de flagrante encubrimiento político. Al margen de los testimonios mendaces, abonan la teoría de que se habría intentado simular un caso de infracción aduanera, un ardid que escaló hasta Etchegaray —le apuntan— al omitir reportar el hecho ante la Justicia.  El ex director general de Aduanas y más tarde de la AFIP se cubrió alegando que intentaron dar parte a la Justicia pero que en los tribunales nadie les respondió. Según sospechan los investigadores, Echegaray hasta habría intentado hacer verosímil esa queja amenazando a la jueza subrogante Marta Novati con un juicio político por no haber atendido el tema. Además, justificaron en la Aduana que no era usual reportar el ingreso de los dólares, mientras que en el expediente quedó acreditado que en casos similares coetáneos ante ese tipo de hechos se daba inmediata intervención a la Justicia.

"Los cuadernos y las confesiones han redimensionado todo. Esta era una causa estancada por el encubrimiento político que ahora cobra impulso y llegará rápidamente al juicio oral", señalaron las fuentes. "Todo lo que declaró Antonini en EEUU respecto a que el dinero no era de él, si no de Uberti y que el monto en ese mismo vuelo era mucho mayor a la cifra incautada, es más creíble en esta nueva coyuntura".

Sobre Antonini, que en la causa quedó acreditada su vinculación con el ex gobierno kirchnerista, continúa vigente el pedido de captura internacional al igual que sobre el ex vicepresidente de la estatal venezolana PDVSA y su hijo, Diego y Daniel Uzcátegui, respectivamente. PDVSA realizaba negocios con la local Enarsa en el marco del fideicomiso pergeñado por Chávez y Kirchner que además contaba con otras aristas para los negocios binacionales. Ninguna de las medidas de prueba solicitadas a Venezuela durante los 11 años que tramitó la causa fueron remitidas. Y aunque se insiste con ellas, se sabe que es estéril recibir una respuesta.

En enero pasado, la Justicia puso a disposición del Estado los US$ 790.550 incautados que están siendo utilizados por el Ministerio de Desarrollo Social para la construcción de dos Espacios de Primera Infancia (PI) en las localidades de Tafí Viejo, Tucumán, y de Oberá, en Misiones.

Tras una década de sospechas firmes, esa causa inaugural en el lavado de activos de la era K se perfila a terminar con la impunidad, aseguran en los tribunales.