Daniel Lagostena en los tribunales de Lomas de Zamora (Maximiliano Luna)
Daniel Lagostena en los tribunales de Lomas de Zamora (Maximiliano Luna)

"Bueno, no me van a sacar como un loco o un asesino, ¿no?", nos decía Daniel Lagostena al fotógrafo José Tolomei y a mí mientras posaba para la revista Noticias en el pasto del jardín del hotel Intercontinental de Montserrat en enero de 2013. El chiste fue muy incómodo. Lagostena estaba incómodo también, más que tenso, como esperando cualquier cosa que lo sacara a empujones de su zona retórica de comfort. Había pedido él mismo ser entrevistado con el clásico pretexto de los imputados y los culpables de contar su versión de los hechos tras salir de la cárcel luego de ocho meses de prisión preventiva. Detrás del fotógrafo estaba Carla, la nueva novia de Lagostena, rubia, de Lanús tal como él, mucho más baja en estatura, de 25 años, la mitad de edad que él, de 53 en aquel momento.

Carla no decía mucho, se limitaba a hablar para defender un poco a su novio. No le gustaba escuchar las hipótesis, se retorcía con disimulo cuando oía qué podría haber pasado con Érica Soriano, cómo su novio podría haberla matado en agosto de 2010 con un embarazo de dos meses para deshacerse de su cadáver en un crematorio con la supuesta ayuda de su familia,para prender fuego su ropa interior en una chimenea y escaparse a Misiones y luego a Paraguay, eludiendo a Migraciones. Lagostena, 16 mil fojas de expediente después, la estrella oscura de un femicidio sin cadáver, de uno de los crímenes de género más emblemáticos de la historia argentina, me decía: "Es la última entrevista que voy a dar." Creía, honestamente, que hablar le serviría.

Cinco años después quizá no le sirvió mucho. Este miércoles por la mañana, el Tribunal Oral en lo Criminal N°9 de Lomas de Zamora lo declaró finalmente culpable del homicidio simple en concurso ideal con aborto de Érica, en contexto de violencia de género. "Como lo vengo sosteniendo hace ocho años, soy inocente", dijo Lagostena antes del veredicto. El Tribunal anunciará el monto de su pena este viernes: la fiscalía y la querella a cargo del abogado Marcelo Mazzeo pidieron 25 años de cárcel respectivamente. Carla quizás estuvo ahí para acompañarlo, quizás no.

Verónica Soriano, hermana de Érica, tras el veredicto(Maximiliano Luna)
Verónica Soriano, hermana de Érica, tras el veredicto(Maximiliano Luna)

Fue un amigo muerto quien me lo presentó. Diego Gualda había sido mi editor en el desaparecido diario Libre en la editorial Perfil durante todo 2011. Llegamos juntos a la redacción de la revista Noticias luego de que Libre cerrara definitivamente, él a cargo de la sección Internacionales, yo como redactor en la sección Información General. Gualda murió hace un año y medio atrás, un tipo sumamente generoso, franco, un capitán de humor ácido, con una risa enorme y dientes bañados por cigarrillos y café, que creía en lo que hacía y lo amaba: no tenía ni siquiera 45 años cuando murió, cuando el pecho se le derrumbó en su casa. Todavía me quedan sus mails.

El 30 de diciembre de 2012, Gualda escribió:

"Me habla Daniel Lagostena para ofrecerme una entrevista exclusiva. En fin, le dije que me interesaba, que me pasara un celular y que si bien yo iba a estar afuera, lo iba a dejar en buenas manos. Esas buenas manos son las tuyas, no hay otro tipo en la redacción capaz de sacarle tanto jugo a una nota así.

En cuanto me confirme que está todo bien te aviso y paso los datos de contacto.

Abrazo y feliz año."

Le dije obviamente que sí. Lagostena había sido una figura elusiva para Diego, que había cubierto la desaparición de Érica Soriano para la revista Gente en agosto de 2010, se había negado a sentarse a hablar con él y con todo el resto del periodismo que buscó su palabra. De repente, de la nada, dos años y medio después, el principal acusado por el crimen sintió unas repentinas ganas de hablar. Su abogado en aquel entonces, Gustavo della Maggiore, había logrado introducir un habeas corpus que lo soltó a la calle con un fallo de la Sala III de la Cámara de Lomas de Zamora, que ordenó su inmediata liberación.

"Lagostena me jura que la entrevista sería absoluamente EXCLUSIVA", remarcó Gualda en un mail siguiente, "quiere hacer una nota de peso", aseguró.

Pocos días después, el único sospechoso de matar a Érica y yo estábamos en contacto. Lagostena había insistido en que habláramos vía Facebook, en un encuentro previo para supuestamente hablar del reportaje. Lo esperé en un café sobre la calle Chacabuco, esquina Avenida de Mayo.

Ahí, me dijo que estaba quebrado, que no tenía un peso: me pidió que le pague por su testimonio. Me negué. Pidió trabajo en la editorial Perfil, si no había plata por su palabra: se ofreció a trabajar de sereno en el estacionamiento de la editorial. Le dije que lo veía como algo altamente improbable, por decirle algo. Tuve que pagar el café de todas formas, pero logré convencerlo. El reportaje sería en pocos días tras un contacto con su abogado defensor. Lagostena llegó con Carla, una sorpresa: no había mencionado en el café que estaba en una nueva relación.

María Ester Romero, madre de Érica. (Maximiliano Luna)
María Ester Romero, madre de Érica. (Maximiliano Luna)

La intención de exculparse a través de la nota era evidente. Lagostena trajo consigo un documento de seis páginas consensuado con su defensor titulado "Informo, desmiento, aclaro y denuncio" donde pretendía echar luz sobre varias zonas oscuras del caso. Pero las preguntas inesperadas lo descolocaban. Lagostena sabía qué decir hasta cierto punto.

"A los ojos de la sociedad, usted es el virtual culpable", le dije. "¿Culpable? Asociado a una fantasía soy culpable, a un disparate. De todos modos es secundario, se ha perdido tiempo en saber dónde está una persona, potencialmente de dos personas. Después de esta experiencia, estamos todos en libertad condicional. Yo, vos y cualquiera", respondió.

Había conseguido una pieza del expediente poco halagadora para Lagostena el día anterior a la entrevista: los resultados de su pericia psicológica que fue parte de la investigación por la muerte de Érica. No le había gustado hacerla, fue quizás el tema que más lo incomodó, lo irritaba. Dijo que le resultó "inútil, infértil… hasta donde sabía, mi predisposición fue absoluta. Levanté el secreto profesional de mi psicóloga, para el caso de ese psicodiagnóstico, o como se llame, fue igual. Era repreguntar, otra vez las mismas cosas, hacer dibujos, cosas que yo realmente no entiendo. Estar haciendo dibujitos con mi pareja desaparecida me era desesperante. Me enojaba, se los decía abiertamente, que estábamos perdiendo el tiempo."

Del expediente: resultado de la pericia psicológica a Lagostena.
Del expediente: resultado de la pericia psicológica a Lagostena.

Los resultados devueltos a la UFI Nº7 de Lomas de Zamora incluyeron términos como "marcada frialdad afectiva", "rasgos narcisistas y egocéntricos", "marcada agresividad", "hostilidad reprimida", "falta de preocupación por los demás". El diagnóstico final que surgió fue menos halagador: "trastorno antisocial de la personalidad con manifiestas características correspondientes a la psicopatía".

-¿Qué piensa de este resultado?– le pregunté, tras leérselo punto por punto.

LagostenaTendrías que pasar por eso a ver cómo te sale a vos. No le doy importancia. No estaba bien predispuesto. Y no recuerdo el resultado. Tampoco fue algo que mi abogado me haya comentado mucho.

Le recordé también una declaración de una de sus ex parejas, la madre de su hijo, mayor de edad en ese entonces. El acusado, según su testimonio, le pidió que no tuviera el bebé y hasta la habría golpeado para causarle heridas. Lagostena minimizaba: "Esas declaraciones están teñidas de despecho". Aseguraba que su relación con Soriano era "hermosa", que hasta se había "encariñado" y que "llevaba al colegio" a la hija de la víctima.  Su único mea culpa fue pensar en "qué podría haber hecho yo para que no se vaya de casa ese día". Ni siquiera tenía una teoría conspirativa para ofrecer.

-¿Tiene esperanzas de que esté viva?– dije.

Lagostena: Sí.

-¿Qué siente por ella hoy?

Lagostena: Incertidumbre, dolor. Dudas, preguntas. Ganas de saber. Ganas de recibir una noticia. Que cuando suene el teléfono sea el abogado y me diga que hay algo. Eso es lo que siento.

Las fotos vinieron después. Recuerdo que Lagostena no estaba feliz tras la salida de la nota, me lo hizo saber por chat, lo eliminé de mi lista de amigos a los pocos días, mientras la familia de  la víctima organizaba una marcha en Villa Adelina para que vuelva a la cárcel. Revisé la grabación, su testimonio. Encontré algo llamativo: Lagostena, en toda la charla, nunca llamó a Soriano por su nombre, nunca dijo la palabra "Érica."