Darío Del Casale es el hijo del fundador de la peluquería Il Figaro, sobre la avenida Federico Lacroze. Hace 31 años que trabaja como peluquero
Darío Del Casale es el hijo del fundador de la peluquería Il Figaro, sobre la avenida Federico Lacroze. Hace 31 años que trabaja como peluquero

El 25 de agosto de 1270 la iglesia católica santificó a Luis IX de Francia. El 25 de agosto de 1877 se creó la "Sociedad de Barberos y Peluqueros" en la Argentina, en un evento realizado en el teatro Coliseo. Cada 25 de agosto se celebra el día del peluquero en conmemoración al rey francés que jerarquizó el estatus de su peluquero al nombrarlo "hombre libre". La distinción, similar al título de "caballero", elevaba su rango social y lo eximía del carácter plebeyo.

El servicio de peluquería era, por entonces, un bien reservado para la nobleza y los peluqueros eran los encargados de acondicionar pelucas y no pelo natural. A Darío Del Casale, en la posmodernidad de las fronteras entre los barrios porteños de Chacarita y Colegiales, lo jerarquizó la visita de Erik Godoy, un futbolista argentino de 26 años.

Era un día cualquiera de 2017 en la peluquería Il Figaro, sobre la avenida Federico Lacroze. "Uno cuando abre todos los días el negocio, nunca sabe quién va a entrar por esa puerta -narró Darío-. Un día entró un chico que tenía que entrar. Era un jugador de fútbol. Me consultó si iba a las concentraciones a cortarle el pelo a los futbolistas. Me dijo que les había fallado el peluquero para el sábado y que eran dos o tres cortes nada más. '¿No te molesta ir por dos a tres, no?', me preguntó. Le dije que no, que para mí era una experiencia. Al final se cortaron como catorce jugadores del plantel de Tigre. Pero todo empezó con Erik Godoy".

“Tuve suerte de cortarle el pelo a Messi. Me gustaría poder cortárselo al Diego también”, dijo el Tano Del Casale
“Tuve suerte de cortarle el pelo a Messi. Me gustaría poder cortárselo al Diego también”, dijo el Tano Del Casale

En dos años, Erik Godoy pasó después por Belgrano, por Colón y actualmente está jugando a préstamo en Vancouver Whitecaps de la MLS. La familia Del Casale hace 47 años que trabaja en la misma manzana. Empezó Hugo, un italiano de 75 años oriundo de San Salvo, en la región de Abruzzo. Cuando tenía quince años, llegó en barco al país en 1960 junto a su hermano mayor. Un tío le había enseñado el oficio. Era joven pero había comenzado a cortar el pelo en las localidades de Montenero di Bisaccia y Vasto. En Argentina, trabajó a domicilio y en peluquerías de la ciudad y la provincia de Buenos Aires. Se perfeccionó en el corte a navaja con el asesoramiento de un francés experto. En 1972, fundó Il Figaro, sobre la calle Roseti, a la vuelta de la actual ubicación.

“Los pibes me piden los cortes de Juanfer Quintero, de Driussi, hasta me piden el corte de Milton Casco”, contó el peluquero
“Los pibes me piden los cortes de Juanfer Quintero, de Driussi, hasta me piden el corte de Milton Casco”, contó el peluquero

Hugo es El Tano. Peluquero apasionado, tradicional, que atesora propiedades como el trabajo, la familia. Su hijo, Darío, fue por el lado del fútbol. Hizo inferiores en Vélez y All Boys. Era arquero. Jugó en Lamadrid y Excursionistas entre 1988 y 1993. Se retiró porque ya había quedado petiso para la división y porque ninguna oferta laboral lo seducía tanto como obedecer el designio familiar. Su padre dice que lo convenció: cuando colgó los guantes, Darío entró a trabajar en la peluquería.

Tres generaciones de peluqueros: Matías, Darío, Hugo y Diego. Los cuatro trabajan, junto a otros colegas, en la peluquería Il Figaro
Tres generaciones de peluqueros: Matías, Darío, Hugo y Diego. Los cuatro trabajan, junto a otros colegas, en la peluquería Il Figaro

"Habíamos puesto un precio especial para jubilados. Yo les cortaba a ellos porque si me equivocaba, se rapaban y listo", contó. Tenía 18 años cuando empezó, sin experiencia y con desconfianza de que sus manos grandes pudieran absorber el arte del peinado: se precisa sensibilidad, pulso, agilidad, pericia para la acrobacia de tijeras y peines. "El secreto es tenerle cariño, amarlo. Un oficio lo podés aprender, pero si no lo sentís nunca vas a ser un buen peluquero", enseñó Hugo, el fundador.

Por día suele cortarle el peso a más de treinta jóvenes. El precio del corte es de 300 pesos
Por día suele cortarle el peso a más de treinta jóvenes. El precio del corte es de 300 pesos

Cuando Infobae llegó al local, abrió la puerta Martín, el Del Casale menor. Hugo estaba cortándole el pelo a un cliente histórico. Darío atendía a un adolescente. Diego, el "heredero", blandía sus manos sobre la cabeza de un joven. Tres generaciones de peluqueros que solventan la tendencia: Il Figaro es el boom. Propulsado por el histrionismo de Darío y por las nuevas modas, se posicionó como la peluquería favorita de los futbolistas y de los que quieren ser como los futbolistas.

Hugo tiene 75 años y no se imagina jubilado. Seis veces a la semana, “de ocho a ocho”, le corta el pelo a sus clientes del barrio, a quienes les corta hace más de cuarenta años
Hugo tiene 75 años y no se imagina jubilado. Seis veces a la semana, “de ocho a ocho”, le corta el pelo a sus clientes del barrio, a quienes les corta hace más de cuarenta años

Darío ya nombró a Erik Godoy como el que le abrió el camino. Le faltan destacar a otras tres personalidades que le inyectaron fama a su negocio. "Después vino el primo de Tinelli, el Tirri (Luciano Giugno), un personaje muy excéntrico. Él me llevó a cortarle el pelo a Tinelli y a partir de ahí me empezaron a seguir muchos futbolistas", narró. Hubo uno que (dice) le cambió la vida: "Hasta que llegué a (Sebastián) Driussi. Me pidió que le corte, subió una foto en sus redes y ahí empezó todo este quilombo". Driussi lo metió en River y Leandro Paredes lo introdujo en la Selección argentina.

Monta una peluquería en el VIP de River antes de cada partido. Su hijo le corta a Leo Ponzio, Enzo Pérez, Lucas Martínez Quarta, Jorge Carrascal, Ezequiel Palacios, Cristian Ferreira. Él le corta a Matías Suárez, Franco Armani, Juan Fernando Quintero, Milton Casco, Marcelo Gallardo.

Quedó vinculado a la épica de los últimos años de River. Viajó a Madrid, patrocinado por una marca, a la final de la Copa Libertadores del año pasado. "Salí del hotel donde los jugadores estaban concentrados minutos antes de que saliera el micro hacia la cancha", contó para comprender el grado de intimidad.

"Ponzio, a la hora y media de haber terminado el partido contra Boca, me mandó un mensaje que decía: 'Tano, te esperamos en la cena íntima, venite'. Fue hermoso estar ahí", valoró. Hay quienes dicen que es cábala y le cuestionan no haber ido a Dubái, cuando River perdió las semifinales del Mundial de Clubes.

Diego suele acompañar a su papá a las giras que hace con el plantel de River. Es el peluquero de jugadores como Ponzio, Enzo Pérez y Martínez Quarta (Fotos Thomas Khazki)
Diego suele acompañar a su papá a las giras que hace con el plantel de River. Es el peluquero de jugadores como Ponzio, Enzo Pérez y Martínez Quarta (Fotos Thomas Khazki)

Sin embargo, Darío dice ser hincha de la Roma. "Y, en Argentina, de los jugadores a los que les corto el pelo", explicó. Fue el peluquero de Carlos Tevez, pero dejó de serlo de común acuerdo cuando se introdujo en el seno del mundo River.

"Todo el mundo cree que soy de River, y simpatizo un poco, es cierto. Quiero que les vaya bien", expresó. Pero su servicio no tiene distinción de colores: corta a planteles enteros del fútbol argentino en clubes y concentraciones.

Cree haber fundado un corte de pelo característico. "En la moda ya está todo inventado. Yo copio. El primero que arrancó con toda esta locura fue Marco Borriello (futbolista italiano). Viajé, investigué, me perfeccioné afuera. Ahora hay dos millones de peluqueros, pero yo fui el primero que arrancó con la movida de los looks en los jugadores de fútbol". Darío tiene sponsors, una automotriz italiana le entregó un auto para que fuera a las concentraciones de los clubes, rechaza propuestas de patrocinio y tiene el deseo, en algún momento, de escribir un libro.

No quiere expandirse. Il Figaro presume de un equilibrio: la mística y tradición de una peluquería de barrio validada por la clientela fiel de Hugo en compañía de la obsesión de los jóvenes por su imagen. Desacredita las modas del lenguaje: "Al local no le puse nada de esas cosas que se usan ahora de barbería chic. No me considero barbero, me considero peluquero. Me gusta preservar esas cosas del barrio. Tengo hasta precios populares. Los pibes se cortan el pelo por 300 pesos: no existe ese monto".

El traje de Darío tiene corbata, chaleco y pelos de sus clientes. Dice que además de cortar, el peluquero tiene que saber barrer. No puede evitar las discusiones con su papá en la peluquería cuando a los dos le brota la "tanada". No le queda muchos sueños por cumplir, pero anhela ir a cortar el pelo con sus dos hijos a la concentración de River. En Instagram, lo siguen 236 mil seguidores. En la puerta de la peluquería, sobre la avenida Federico Lacroze, los vecinos cuentan que por las tardes hay clientes haciendo cola por entrar.

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