(Desde Córdoba) En la única actividad de los reyes de España Felipe VI y Letizia Ortiz en Córdoba, unas 200 personas se agolparon tras las vallas de contención para verlos de cerca. A las 12:28 la caravana de seguridad que los escoltó desde el Teatro del Libertador General San Martín, con motos, patrulleros y varias camionetas negras de la Custodia Real, recrearon en el frente del Museo Emilio Caraffa una escena podría haber sido parte de una película de acción.

Desde temprano varios efectivos de la Policía de Córdoba rodeaban el museo. Algunos de ellos entraban y salían, revisaban y chequeaban una y otra vez las instalaciones. "Esto acá no se vio nunca", le confió entre risas a Infobae una de las empleadas del centro de exposiciones. Y es que nunca la ciudad de Córdoba recibió a un miembro de la realeza.

"Decidí acercarme en honor a su padre y a su abuelo que hicieron mucho en la España de Franco", le confió a este medio Cristina, una cordobesa con ascendencia española que es vecina del museo y cuando se enteró que los reyes iban a estar cerca, no dudó en llegar temprano para conseguir un lugar en primera fila, tras la valla de contención.

Poco antes de las 12:30 comenzaron a llegar las primeras motos, luego los patrulleros, y en la puerta del Caraffa la gente se impacientó porque significaba que la llegada era inminente. Tres camionetas negras estacionaron en la puerta. Los primeros en bajar fueron los miembros de la custodia oficial del rey, que de traje, conectados por pequeños auriculares blancos, con lentes de aviador oscuros, formaron un cordón de cara a la gente.

De la camioneta estacionada al centro bajaron Felipe y Letiza. Él con su 1,97 de altura se destacaba por sobre las cabezas de todos los presentes, incluida su propia custodia. "Corto como patada de chancho", lo describió irónico y con tonada uno de los circunstanciales espectadores de la única actividad por fuera de la agenda del Congreso de la Lengua, que le permitió a los cordobeses tener cerca por unos minutos a los reyes.

Espontáneamente llegaron los aplausos y los gritos de "Viva el rey" y "vivan los reyes", enmarcando una secuencia atemporal, ageográfica y apolítica, pero que a la mayoría le resultó natural, más preocupados en lograr una buena imagen con el celular. Felipe y Letizia, miraron hacia la gente y uno a la vez, primero ella y luego él, saludaron a lo lejos.

"No esperaba que se acercara la verdad, yo ocupo mi lugar de espectadora, pude levantar mi mano y saludar al rey", comentó Cristina, antes de agregar: "Él amoroso, el rey nos saludó a todas, ella (por Letizia) fue más parca, como de costumbre".

María Luján y Ana Paula, ambas de 19 años, estudiantes de la Universidad Nacional de Córdoba, también lo tuvieron cerca. "Somos de San Luis y no estamos acostumbradas a este tipo de acontecimientos por eso faltamos a clase hoy para venir", le confiaron a Infobae mientras en el interior del museo los reyes recorrían las tres muestras organizadas por el Instituto Cervantes y la Real Academia Española.

A la salida -entre gritos y aplausos como a la llegada- algunos empleados del museo se animaron a preguntar si se podían sacar una foto con los monarcas. Pero tras una consulta rápida de uno de los organizadores a Letizia, mientras su esposo saludaba a miembros de la comunidad española cordobesa, la respuesta fue acorde al protocolo: no.

Patricia y sus dos compañeras en la limpieza del museo fueron espectadoras privilegiadas de la visita. La empleada admitió estar asombrada por el despliegue de seguridad y por la cantidad de gente que se había acercado hasta la puerta del Caraffa. "Yo vi carteles antes de que lleguen, pensé que las personas iban a protestar, pero no pasó nada de eso", contó.

En este punto es necesario aclarar que no fueron todos mensajes de afecto. Temprano en cercanías del Teatro del Libertador General San Martín, donde se inaugurí el VIII Congreso Internacional de la Lengua, movimientos sociales hicieron sentir su malestar con pancartas, cantos y banderas. Aunque esto ocurrió a al menos 100 metros de la mirada de los reyes, que no llegaron a verlos o escucharlos.

Exactamente a las 12:45, alrededor de 15 minutos después de su llegada, los reyes abandonaban el Museo Emilio Caraffa. Fue su última actividad en una ciudad en la que estuvieron por 15 horas y en la que desde hoy unos pocos podrán contar en el futuro que en el 2019 vieron a dos reyes por las calles de Córdoba.

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