Alberto Fernández pronunció un discurso en la Confederación General del Trabajo (CGT) que no tiene antecedentes en la historia política de la democracia. El presidente electo exhumó el capítulo trágico de la vida de Evita durante la Revolución Libertadora, recordó a los líderes gremiales José Ignacio Rucci y Saúl Ubaldini, hizo una reivindicación de la Reforma Universitaria y evocó la transformación del derecho laboral desde la llegada de Juan Domingo Perón a Balcarce 50.

Fue un discurso ecléctico, aplaudido a rabiar por los dirigentes sindicales, que jamás habían visto a un presidente electo llegar hasta la sede de Azopardo 802. En 1973, El General estuvo dos veces en el mismo lugar, pero no fue cuando ganó las elecciones. Primero estuvo junto a José Ignacio Rucci, el 30 de julio, y meses después, el 13 de diciembre, cuando ya era presidente desde septiembre. Y en este capítulo histórico, Adolfo Rodríguez Saá fue el último presidente que desando su camino desde la Casa Rosada a la central obrera.

Perón, junto a Rucci e Isabel en la CGT. Fue el 30 de julio de 1973
Perón, junto a Rucci e Isabel en la CGT. Fue el 30 de julio de 1973

Evita fue el ícono popular de la CGT, y tras su muerte el 26 de julio de 1952, su cuerpo embalsamado quedó en la sede gremial a la espera de la construcción del Monumento al descamisado, que estaba diseñado por la esposa de Perón. Sin embargo, un golpe de Estado eyectó a Perón rumbo al exilio forzado, y el dictador Pedro Eugenio Aramburu ordenó que fuera secuestrado el cadáver de Evita, que estaba protegido por la CGT.

Fue un hecho trágico, oscuro e impiadoso, que Fernández recordó en su discurso.

A continuación, el presidente electo hizo referencia a Felipe Vallese, cuyo nombre identifica al salón de actos de la CGT. Vallese era delegado de la fábrica metalúrgica TEA. Joven, peronista y con perfil combativo, fue secuestrado durante la dictadura que encabezó José María Guido, después de la caída de Arturo Frondizi. El cuerpo del delegado gremial nunca apareció. En esa época, el sindicalismo combativo cantaba en las calles: “Un grito que estremece, Vallese no aparece”.

José Ignacio Rucci era un sindicalista de derecha que estaba en las antípodas ideológicas de Vallese. Amigo de Perón, leal desde el día que lo conoció en Puerta de Hierro, Rucci fue asesinado cuando el General se aprestaba a iniciar su tercer mandato presidencial. Fernández reivindicó a Rucci, un líder gremial que no integra la iconógrafía de la Cámpora.



Tras hacer referencia a Evita, Vallese, Rucci, Perón, Domingo Faustino Sarmiento, Juan Bautista Alberdi y la Reforma Universitaria, el presidente electo recordó a Saúl Ubaldini. Líder de un gremio pequeño -Cerveceros- , Ubaldini llegó a la cima de la CGT empujado por Lorenzo “El Loro” Miguel, el poder real del sindicalismo al comienzo de la democracia. Ubaldini tuvo un enfrentamiento durísimo con Raúl Alfonsín durante toda su presidencia, y Fernández en su discurso, reivindicó esa etapa de la CGT enfrentando a la administración radical.

Al final de su discurso, Fernández dejó un doble mensaje a la conducción gremial; respalda los derechos de los trabajadores, pero a su vez cree que hay modernizar las reglas de juego apuntando al siglo XXI. Un debate que será clave en el próximo gobierno peronista.

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