La vicepresidente Gabriela Michetti en el Muro de los Lamentos dejando sus deseos.
La vicepresidente Gabriela Michetti en el Muro de los Lamentos dejando sus deseos.

(Enviada especial a Jerusalén). La vicepresidente Gabriela Michetti encabeza una comitiva con viceministros del área económica que, además de reunirse con las principales autoridades políticas y líderes de la oposición, mantuvo encuentros de trabajo con Adiv Baruch, presidente del Instituto de Exportación de Israel, y gran cantidad de empresarios e inversores. Aprovechó el shabat para recorrer la Ciudad Vieja y dejar sus intenciones en el Muro de los Lamentos, además de participar de una misa en el Cenaculino, perteneciente a los padres franciscanos, al lado de donde se celebró la Última Cena.

En un reportaje exclusivo, brinda detalles del equipo que organiza viajes de trabajo a un listado de países que el Gobierno definió como "estratégicos" y habla de su relación con Mauricio Macri, sus propias aspiraciones para el futuro y de la gestión. Asegura que hay una gran cohesión en el equipo, pero niega que haya autoritarismo hacia adentro.

—Había una gran expectativa en el gobierno israelí con su visita, ¿se acuerda cuando fue invitada?

—Fue a poco tiempo de asumir, en los primeros meses de 2016, bastante antes de la llegada de (Benjamín) Netanyahu a la Argentina, que fue en setiembre de 2017, y en seguida dijimos que sí, aunque hubo que coordinar las agendas. Recuerdo que lo primero que hice desde la Vicepresidencia en materia internacional, por pedido de Mauricio (Macri), fue viajar para recomponer la relación con la gente de los países vecinos, Uruguay, Chile, Brasil. Después hice un viaje importante a una reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) que se hizo en Ecuador, cuando tuve una discusión fuerte con Nicolás Maduro por sus políticas contrarias a la defensa de los derechos humanos, y después fui a Japón. Al volver de ese viaje, tenía la invitación para viajar a Israel.

—Recuerdo que cuando Netanyahu estuvo en la Argentina usted tuvo a cargo el acto que se realizó en la Plaza de la Memoria, donde estaba la embajada israelí. Y a las pocas semanas hizo su debut ante la Asamblea de Naciones Unidas, cuando reiteró el reclamo contra Irán por el atentado a la AMIA.

—Sí, en la Plaza de la Memoria lo recibí a él y a su esposa, tuvimos una conversación muy cálida. Al otro día lo volví a ver en el almuerzo que hizo el Presidente en la Casa Rosada, donde cantó una canción litúrgica Joseph, un chico judío de 12 años con una voz excepcional, que conocí en un avión con su familia, que volvió a la Argentina cuando ganó Cambiemos. Cuando estuve en Naciones Unidas no pude ver a las organizaciones judías, a pesar de que habían pedido reunirse, porque eran tantos los encuentros paralelos que fue imposible.

Audiencia con el presidente de Israel, Reuven Rivlin
Audiencia con el presidente de Israel, Reuven Rivlin

—Hay gran interés de todos los países del mundo por tomar contacto con las comitivas argentinas. ¿A qué lo atribuye?

—Es descomunal. Argentina está siendo mirada con verdadera admiración como el caso de un país, en profunda crisis de crecimiento y desarrollo, que está transitando una proyecto gradual de ordenamiento de la macroeconomía, sin provocar crisis social. El comentario que recibo en todos lados es que no pueden creer la cantidad de medidas que se están tomando en tan poco tiempo, poniendo al país en un camino razonable, para lograr un desarrollo sostenible en el tiempo.

Aquí la escuché mencionar en varias reuniones que el Gobierno argentino definió a Israel como país estratégico, junto a otros países. ¿Cuáles son?

—A muchos ya fuimos y a otros, todavía no. Se trata de mercados que decidimos prioritarios, para aumentar el comercio o para recibir inversiones, o ambos. Japón, Corea del Sur, Canadá, Australia, Emiratos Árabes, Arabia Saudita, Egipto, Marruecos. Ahora iré a Malasia, Indonesia y Tailandia, también a la India. Lo que hay es un equipo de viceministros de las áreas económicas con un estilo y tipo de viaje que se dedica a detectar las oportunidades y los problemas, para alcanzar cuanto antes resultados concretos en materia de inversión o apertura de nuevos mercados para los productos argentinos. Todos los viceministros están disponibles para llevar adelante estos viajes, y de acuerdo al tipo de país, viaja uno u otro: de Comercio, de Turismo, de Minería…bajo la coordinación operativa de Pablo Aquino, que es el jefe de asesores de la Secretaría de Relaciones Económicas Internacionales. A Japón fuimos a buscar inversiones, a Egipto, apertura para nuestros productos.

—¿Y cuál es el caso de Israel? ¿Se buscan inversiones o apertura de mercados?

—Ambas cosas. Vinimos con presentaciones para abrir mercados y también con promover las inversiones. Con Israel existe una profundísima relación cultural, por la cantidad de judíos que viven en la Argentina y la cantidad de argentinos que viven aquí, que no se traduce ni con el comercio ni las inversiones cruzadas.

—¿A qué lo atribuye?

—A que durante 12 años no se hizo nada desde la Argentina. La Trade Commision de Israel no está en la Argentina, por ejemplo. Tenía una oficina comercial y la cerró, pero ahora quiere volver a abrirla. El caso de Japón es similar. Viajamos e inmediatamente pusieron la Jetro (Japan External Trade Organization), la agencia de inversiones que estuvo en la Argentina y luego se fue, para instalarse en Brasil. Ahora volvió a Buenos Aires, sin dejar de estar en San Pablo.

Michetti leyendo la primera lectura en una misa que se realizó en el Santuario del Cenaculino
Michetti leyendo la primera lectura en una misa que se realizó en el Santuario del Cenaculino

—O sea que entonces ya hay resultados concretos.

—Pero, por supuesto. Te cuento un caso. Toyota, que estaba entre instalar en Tailandia o a la Argentina la operación de camionetas para Centroamérica, 1000 millones de dólares por año, después de nuestro viaje quedó para la sucursal de nuestro país.

—(Se suma Martín Etchegoyen, el secretario de Industria, a la conversación). También fue gracias al esfuerzo del embajador de Japón, Noriteru Fukushima, que tiene un compromiso muy importante con nuestro país. Dijeron que el viaje de la Vicepresidente fue un antes y después en la relación entre ambos países, y por eso después viajó el primer ministro Shinzo Abe, la primer visita de un mandatario japonés a la Argentina.

—(Ahora se suma Pablo Quirno). Nosotros empezamos a negociar un tratado bilateral de inversiones con Japón en menos de seis meses, cuando normalmente es proceso que no dura menos de dos años. En octubre nos dijeron que en marzo entrará en vigencia.

—¿Siempre la reciben con la pompa que hubo aquí en la Knesset, el parlamento israelí?

—Depende las costumbres de cada país, pero siempre me reciben las principales autoridades, en Canadá fue Justin Trudeau, en Australia fue Malcolm Turnbull, por ejemplo, y así en todos lados. Cuando Michel Temer era presidente del Congreso brasileño también me dio un recibimiento como el que tuve aquí. La verdad es que quieren darle lugar a la Argentina para que recupere el lugar que tuvo, que no pueden creer que hayamos perdido. Después, cada funcionario se reúne con sus pares para tomar contacto con las empresas y empresarios interesados, y los embajadores colaboran en el seguimiento. Estamos haciendo un trabajo realmente valioso para despertar de nuevo la confianza en nuestro país, volver a conectarnos.

—(Etchegoyen) Un rápido ejemplo. Nosotros hicimos un acuerdo con la agencia de cooperación japonesa que va a instalar en el INPI su método de mejora continua para América Latina. Lo hicieron para 100 casos argentinos de PyMes y ahora se instalan directamente.

—¿Cree que la sociedad entiende hacia donde está apuntando el Gobierno?

—Creo que sí. La elección de octubre demostró que más de la mitad de la población respalda nuestras políticas; por lo menos el 55%, quizás el 60%, está muy cansado de ser un país que en las últimas décadas solo va para abajo, con ese serrucho que se ve en los gráficos, pero siempre con tendencia decreciente. Después, un porcentaje de esa misma gente puede enojarse con alguna medida, pero hay algo que está ganado y ya no se vuelve para atrás, de apostar por el progreso y el desarrollo. Está claro también que ningún Presidente se mostró dispuesto como Macri a tomar decisiones que no son simpáticas para poder garantizar ese futuro.

—Su rol es particular, porque es miembro del Ejecutivo, participa de todas las reuniones donde se toman las decisiones, pero también preside el Senado. No hay muchos casos que esté en ambos espacios.

—Sí, es una Vicepresidencia distinta a otras que hubo en la historia argentina, con contenido propio y en coordinación con la Presidencia, porque tengo mis propias áreas en cuanto a la política nacional de discapacidad, las políticas de generación de empleo para el artesanado, además de encarar estos viajes a los países que definimos como estratégicos, que llevan mucho esfuerzo, mientras tengo que presidir el Senado y participar de todas las reuniones de coordinación del Gobierno, con un día a día muy exigente también.

—O sea, que me puede contestar esta pregunta que quiero hacerle. Usted tiene ese doble rol, de afuera y de adentro. ¿El Gobierno es eficiente o se equivoca todavía demasiado? ¿Piensa que es un Gobierno que todavía está aprendiendo?

—Este año cumplo 30 años de trabajo en el sector público, 15 como técnica y 15 como política. Un gobierno con el liderazgo y la coordinación que tiene éste es la primera vez que veo. Siempre hubo un ministro importante o dos, pero no había coordinación, ni reuniones de gabinete, reuniones de gabinete ampliado.

Encuentro de trabajo con Adiv Baruch, presidente del Instituto de Exportación de Israel
Encuentro de trabajo con Adiv Baruch, presidente del Instituto de Exportación de Israel

—¿No es eso demasiado complicado?

—No, es exactamente lo contrario. Es hacer las cosas distintas para que por primera vez nos vaya bien. Hay un Gobierno cohesionado, una persona que lidera de verdad, y un equipo cohesionado.

—¿Esa cohesión no se logró a costa de cierto autoritarismo hacia adentro del propio Gobierno?

—No, hay muchísima discusión, hay mucho debate en las reuniones. No todos pensamos lo mismo, y varias veces somos vehementes defendiendo posiciones que tal vez no sean las que después se decidan. Como dice siempre (Federico) Pinedo, además, hay buena fe. Si el objetivo de fondo es el mismo, siempre finalmente se van a terminar poniendo de acuerdo.

—¿Y usted cómo se siente en el Gobierno?

—Me siento muy integrada a este equipo nuevo, ya que muchos funcionarios se incorporaron para el Gobierno nacional. Siento una carga de trabajo importante, pero lo hago con gusto, porque los argentinos que nos votaron y los que no están haciendo mucho esfuerzo y nosotros necesitamos hacer lo mismo. Siento también que tengo un acople con Mauricio importante.

—¿Diría que recuperó el vínculo personal que se rompió cuando fue candidata a jefa de Gobierno en la Ciudad?

—La verdad que nunca lo perdimos, más allá de lo que digan los medios, más allá de las discusiones que tuvimos. Actuamos con mucho afecto y vocación de colaborar con el otro. Creo que siente que lo estoy apoyando mucho y me gusta que vea que estoy dedicada a respaldarlo.

—¿Tiene alguna expectativa para el 2019?

– Ni pienso en eso, haré lo que tenga que hacer. Nunca me interesó un proyecto personal. Solo en un momento tuve esa decisión de competir por la Ciudad, porque creí que era lo mejor para todos, pero ahora lo único que quiero es que a la Argentina le vaya bien.

—¿Cree que su presidencia del Senado será distinta este año que está Cristina Kirchner en el recinto?

—Depende más de la ex presidente que de mí. Si ella respeta el reglamento no va a pasar nada, y será respetada como corresponde.