A partir de los dos años empiezan a manifestar berrinches. (Foto: Archivo Atlántida / Para Ti Mamá)
A partir de los dos años empiezan a manifestar berrinches. (Foto: Archivo Atlántida / Para Ti Mamá)

Un día comenzás a vestir a tu hijo y él no te deja hacerlo,
demostrando su enojo con gritos y llantos. Otro día le ofrecés la comida y no la quiere. Y así se van sucediendo situaciones en las cuales los caprichos se hacen presentes casi cotidianamente. "Es alrededor de los 2 años cuando los niños empiezan a manifestar lo que les gusta o no, lo que quieren o no, además de investigar 'por su cuenta' el medio ambiente y los efectos de sus acciones y conductas", explica el pediatra y psiquiatra Roberto Pallia.

Un momento particular

Para los padres la aparición de los caprichos son un fuerte desafío. Muchos vienen del bebé apacible y sonriente y hasta fácilmente conformable. Pero ese bebé tan tranquilo ya ha empezado a moverse, a no querer el cochecito ni la sillita, a escaparse ágilmente, a protestar.

Los berrinches clásicos suelen ser con la comida (sabores y texturas) y el uso de utensilios, con el vestirse, con el bañarse, con correr y trepar, con las pautas de orden y los tiempos, los intentos de autonomía exagerados, los "no" en general."Los caprichos son parte de la condición evolutiva de los chicos, así que en principio hay que tener calma y no plantearlo como problemas del niño, ni de padres poco competentes", apunta Pallia.

Sostiene que como cada pequeño es diferente, no hay una sola forma de criarlos, cada uno trae consigo un temperamento propio: más pasivo, más inquieto, más reactivo, etc., y el medio familiar debe moldearlo de acuerdo a su estilo, tanto en lo personal como en lo social y cultural.

Los berrinches clásicos suelen ser con la comida, el uso de utensilios, con el vestirse, con el bañarse, con las pautas de orden y los tiempos, los intentos de autonomía exagerados, los “no” en general.

Una etapa complicada

Como decíamos, "el click" suele ser a los 2 años. Los niños se encuentran en los inicios del lenguaje compartido más elaborado y con una gran "potencia" motriz. También se inicia el control de
esfínteres, o sea de su propio cuerpo. Están iniciando la alimentación similar a la de la familia y por lo tanto comienzan a opinar sobre lo que les gusta y lo que no, y lo manifiestan con mucha potencia como parte del proceso inicial de confirmación y reafirmación de sus ideas o sus gustos.

"Los terribles 2 años se deben a aspectos del desarrollo de la individuación. Es un proceso central en la vida mental de un niño. Se refiere al reconocimiento interno de que es un ser diferente de su madre y de su padre, o sea que puede 'querer' algo distinto a lo que ellos le ofrecen", aclara Pallia.

Límites

Ahora bien, ¿qué hacemos ante estas situaciones? Primero comprender que los caprichos no son necesariamente un ataque a la autoridad, sino que son un primer intento del niño en ubicar su lugar en la familia y expresar lo que quiere y lo que no quiere.

"Tampoco son faltas de amor, ni que el niño no quiera a sus padres. Algunos hasta dicen que la familia del amigo es más buena y debería haber nacido en otra familia. Esto no tiene que impactar sobre los padres más que considerarlo una pulseada para lograr un beneficio", agrega el profesional.

Y si los caprichos son en público, sugiere no incrementar la situación, y decirle al pequeño que tendrá una penitencia al regresar a casa, que sea cumplible, por ejemplo no ver su programa de TV, o dejarlo en su habitación 5 a 10 minutos reflexionando sobre lo inadecuado del comportamiento. En tono firme, no agresivo.

Bendita culpa

El especialista señala que las situaciones de "culpa" de los padres hacen que los permisos se incrementen cuando están presentes y esto aumenta los caprichos. Por eso, los límites deben ser siempre los mismos, estén o no los padres. Y para concluir, remarca que los papás debemos tener mucho cuidado en no amplificar estas conductas. Si se les da una trascendencia exagerada, el niño sabrá que tiene una vía regia para presentar caprichos como modo de "gobernar"; si en cambio se regula la situación desde el medio familiar no pasará de ser una circunstancia manejable y transitoria.

Por Gloria Kaspar / Asesoró: Dr. Roberto Pallia, pediatra y psiquiatra Infanto Juvenil del Hospital Italiano de Buenos Aires, M.N. 62.285.

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