El Presidente de la Nación fue harto elocuente. Se puso al frente de esta pandemia como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Todo el arco político, o casi todo, se encolumnó detrás de él. Los grandes adversarios políticos dejaron de lado sus diferencias para enfrentar al enemigo común; si no totalmente hermanados, definitivamente consustanciados. Aplausos para todos ellos. Solo una dirigente faltó a la cita, la Vicepresidente de la Nación. Una guerra necesita de todos sus soldados; tanto de sus generales como de sus líderes políticos. Pero en este caso, la segunda al mando de la Nación optó y hasta se jactó de privilegiar su situación familiar por sobre el llamado de la patria.

Mientras el Presidente llamaba y convocaba a los argentinos al aislamiento para enfrentar al enemigo silencioso, implicando esto en muchos casos relegar ingresos y perder la fuente de trabajo, con la angustia y zozobra que ello provoca, la Vicepresidente de la Nación, sin dejar de percibir sus sueldos, pensiones y/o jubilaciones, desentendiéndose de la grave situación del país, decidió viajar a Cuba por razones estrictamente personales y familiares. No se la vio ni escuchó en todo este tiempo hablar o tuitear de otra cosa que no fuera de lo recuperada que se encontraba su hija; mientras tanto, el país en llamas enfrentando una pandemia que azota despiadadamente al mundo y con una situación economica por delante a resolver que quien sabe Dios en que derivará.

Adviertan que más de mil setecientos millones de personas se encuentran en este momento en aislamiento en el mundo; es decir, un cuarto de la población mundial se encuentra en cuarentena. Esto no es broma. En momentos en que la gente se muere sola porque se prohíbe a los familiares asistir a su entierro, ni pensar en un velorio, y que se prohíbe a hijos y nietos visitar o acompañar a sus padres o abuelos mayores, la Vicepresidente de la Nación emprende un viaje al exterior para ir a acompañar a su hija en el regreso desde Cuba. Es decir, no solo no atendió las directivas que emanan de su propio gobierno, sino que viajó al exterior por motivos personales y lo relata y expone como si fuera algo de interés nacional.

Se le exige a la población que se aísle en sus casas. Ello porque el virus viaja con la gente, lo que significa que estar en la calle mata. Se comunica y pregona hasta el cansancio lo peligroso que es salir de sus hogares. Se advierte sobre el peligro del contagio -aunque esta palabra no le guste al ministro de Salud de la Nación- por el solo hecho de moverse de un lugar a otro. Esto lleva a reflexionar que aún con todo lo que implica el aislamiento, quienes son llamados a quedarse en sus hogares resultan unos privilegiados si se los compara con los muchos argentinos que no pueden darse este lujo y deben concurrir a sus lugares de trabajo. Estos argentinos que deben salir y no pueden cumplir con la cuarentena que proponen y exponen desde el Gobierno como la mejor sino única medicina contra este enemigo invisible y silencioso, claramente se están exponiendo a contraer el coronavirus con mucha mas facilidad que quienes cumplen con el aislamiento en sus domicilios. Vulgarmente se podría decir que son la carne de cañón. Como en toda guerra, hay quienes deben sacrificarse y ser la primera línea de trinchera. Es inevitable. Pero qué sentirán todos esos argentinos que están en la primer trinchera, arriesgando sus vidas en hospitales, cubriendo la seguridad de la nación en sus calles y fronteras, o velando por mantener las ciudades limpias, o quienes deben exponerse para que no falten los servicios básicos, o quienes deben concurrir a trabajar a comercios donde transita mucha gente en forma continua como son los supermercados o farmacias, o quienes deben cubrir turnos en los distintos tribunales del país, o quienes se ocupan de mantener la seguridad y orden en el servicio penitenciario, cuando ven que la Vicepresidente de la Nación lejos de sumarse a este esfuerzo y liderar o refrendar con el ejemplo al menos, solo se preocupa por agradecer a Cuba los cuidados a su hija y tan frívolamente describir en Twitter las peculiaridades de su viaje personal, minusvalorando o ignorando lo que está sucediendo en el país.

Hoy más que nunca el país necesita de sus líderes. Y nunca como ahora, los líderes tienen la obligación de estar, brillar y motivar con el ejemplo. La gran mayoría de la dirigencia política pareciera estar dando la medida. Por supuesto que hay excepciones, siempre las hay, pero solo confirman la regla de lo que se expone. El señor Presidente de la Nación está dando muestras de estar liderando la crisis con carácter, decisión y energía. La oposición está haciendo lo suyo acompañando con altura y diligencia acorde la emergencia que se vive. No es tiempo de frivolidades ni de politiquería barata; mucho menos de mezquindades o privilegios. La salud de todos los argentinos es lo que está en juego. Aún cuando haya algunos que minimicen la tragedia que está afrontando el mundo todo, o que crean que la salud suya propia y/o de su familia están por encima de la de todos los demás.

El autor es abogado