(Shutterstock.com)
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Mientras escribo estas líneas trato de digerir el impacto de las medidas de cuarentena que dispuso el Poder Ejecutivo. Es difícil absorber acontecimientos inimaginables que nos involucran a todos. Padecemos de una forma especial de ataque invisible que detiene el impulso con el que se desarrolla la vida. Todo ha ocurrido muy velozmente. Primero supimos de China y parecía lejano, luego Europa, donde viven amigos y familiares que nos contaban y no podíamos creerlo. ¿No salen a la calle? Parecía tan extremo. Y cuando llegó a nuestro país apenas tuvimos tiempo de pensarlo y ya estaba minuto a minuto afectándonos, de modo cada vez más intenso, haciendo planes que debíamos deshacer al rato, y cayendo en la cuenta lentamente a medida que todo sucedía rápidamente. La ansiedad, el miedo, el susto fueron las reacciones iniciales, junto a dosis importantes de negación: acá no pasa nada. Es evidente que las medidas sanitarias son duras pero de alguna manera tranquilizan, ya sabemos lo que debemos hacer. Me preguntan qué aconsejo para afrontar el aislamiento social. Aconsejo confiar en lo que nos indican y cumplirlo. ¿Cómo hacer para combatir la ansiedad? Lo primero entender que no tenemos otra alternativa y que esto se hace para tener alguna chance de que no nos pase algo grave. Que pueda controlarse. Es lo que se llama aprender de la experiencia ajena. Por otro lado, tenemos la suerte de estar bastante comunicados aunque estemos aislados físicamente, con un uso responsable de las redes para que podamos seguir en contacto y para que funcionen las redes de salud y la educación que son imprescindibles.

Estamos viviendo una situación completamente inusual que nos pone a prueba en todos nuestros recursos de sobrevivencia personal y social. Psicológicamente los síntomas de aislamiento son la ansiedad, la depresión y el miedo. Todo eso es normal y quizás controlable por nuestro razonamiento, que nos indica que es temporario, que es preventivo y que debemos hacer lo que nos dicen. Para muchas personas para las que es difícil soportarlo, es importante pedir ayuda a sus pares, familiares, hijos, amigos y tratar de contenernos entre nosotros, porque es importante en este momento no sobrecargar el sistema con consultas que pueden resolverse de ese modo. Es una nueva de las muchas situaciones en las que una comunidad se pone a prueba más allá de lo individual. Como sucede en guerras y en catástrofes sociales.

Muchas veces me preguntan qué diferencia hay entre el miedo y el pánico. El miedo es una reacción, un mecanismo de defensa normal ante una situación amenazante real. El pánico es una reacción excesiva que impide actuar lúcidamente en una circunstancia riesgosa. Por supuesto que hay situaciones en las que el pánico es una reacción inevitable. Pero en estas circunstancias en las que tenemos pautas de lo que debemos hacer, el pánico no ayuda pues se expresa de una manera inconveniente en síntomas físicos, cuando la reacción es interna, tales como palpitaciones, falta de aire, dolor en el pecho, síntomas que podrían confundir a una persona respecto de estar padeciendo una enfermedad, y que llevarían a una consulta en un momento en el cual debemos preservar al máximo la saturación del sistema de salud.

Es por eso que los profesionales de la salud mental deben asistir, debemos asistir en todas aquellas crisis emocionales que puedan ser contenías mediante una conversación o si es necesario mediante medicación. También el pánico puede volcarse hacia fuera y se manifiesta en acciones anti sociales, tales como vaciar las góndolas de los supermercados. Eso está en manos de las autoridades controlar, así como la sobrecarga de precios de comerciantes inescrupulosos que quieren lucrar con la desgracia. Ya sabemos que eso ocurre.

Dicho esto, podemos agregar que otro peligro en una situación como esta es la negación, decir acá no pasa nada, están exagerando y yo hago lo que me parece. Eso es también además una conducta psicológicamente patológica, ya que entra en el rango de la psicopatía, que es la persona desinteresada por los demás, que no le importa el otro, ni el daño que realiza y se escapa de un hospital con diagnóstico de coronavirus, se introduce en un barco con 300 personas y realiza una acción penalmente punible, pero social, sanitaria y emocionalmente altamente costosa.

Estamos en el comienzo de la etapa de aislamiento, las medidas se han tomado rápidamente viendo lo que pasa en otros lugares tales como España e Italia y estos días nos verán cambiar de estados de ánimo. De la ansiedad a la depresión. Nunca nos ha pasado esto. Trataremos de ayudarnos a sobrellevarlo entre todos. Con tranquilidad y solidaridad. Quedémonos en casa.

La Asociación Psicoanalítica Argentina ofrece atención telefónica gratuita a todos los trabajadores de la salud que se vean afectados por esta situación.

Envíe un Whatsapp con su nombre y contacto al (54) 911-22405828.

Un profesional se contactara con usted a la brevedad.

Muchas gracias

La autora es médica psicoanalista (MN 51671) y presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina