(Thomas Khazki)
(Thomas Khazki)

¿Hay vida en la coalición oficialista? Trece días después del tsunami que se abatió sobre los que votaron a Mauricio Macri en las PASO, grupos que no necesariamente se identifican con alguno de los partidos de la coalición oficialista se movilizaron a las plazas de las principales del país para asegurar que "sí, se puede".  "Borombombon, borombombom, para Mauricio la reelección", "Gato querido, el pueblo está contigo", "ahora,  ahora, Vidal Gobernadora", fueron algunas de las varias consignas también presentes en la movilización.

El primer llamado se hizo el miércoles. La idea era hacerlo el martes, pero la asunción de Hernán Lacunza al Ministerio de Hacienda obligó a los organizadores a demorar por 24 horas los mensajes que empezaron a circular por las redes sociales. Se discutió si convenía o no, si no era muy poco el tiempo. Pero al ver que ya había grupos que estaban realizando la convocatoria, no hubo más remedio que sumarse a la ola para llegar al sábado con la mayor cantidad de gente posible al tanto.

Como en ocasiones anteriores, el Gobierno no quiso involucrarse en forma directa con la marcha. Un poco por temor al fracaso, pero también porque siempre prefirieron exhibir distancia con los modos y las formas kirchneristas. Algunos funcionarios, diputados y miembros del equipo de comunicación oficial impulsaron el tema. Juan José Campanella y Luis Brandoni fueron las caras más destacadas.

Macri y los principales dirigentes del PRO no participaron en las protestas callejeras que se realizaron en septiembre y en noviembre contra Cristina Fernández de Kirchner. Sí hubo siempre gente cercana a el, pero casi siempre de incógnito. No había que hacerse ver.

La primera vez que Macri apareció en una movilización fue en la que se hizo al mes del asesinato de Alberto Nisman, en febrero de 2015. Fue una tarde de una lluvia copiosa e insistente, que parecía condenarla al fracaso. Pero la marcha se hizo con paraguas y fue multitudinaria. Incluso, el por entonces el Jefe de Gobierno se acercó a una esquina de la 9 de julio con Juliana Awada resguardados por un enorme paraguas y así fue que salió retratado en algunos medios, aunque la foto no fue distribuida. "No quiere apropiarse de la convocatoria, no es una tema político, solo fue", dijeron entonces sus voceros ante una consulta periodística.

(Thomas Khazki)
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El día que Macri asumió la Presidencia, su equipo de comunicación tenía una sorpresa en la Casa Rosada. Una vez concretada la jura y con la banda presidencial colocada, cruzó desde su despacho que está del otro lado del edificio por la galería que está al costado del Patio de las Palmeras e ingresó en el llamado Salón Eva Perón para salir al balcón. Lo hizo acompañado por Juliana Awada y su hija Antonia y la vicepresidenta Gabriela Michetti que estaba con su pareja, Juan Tonelli. Todo estaba fríamente calculado y una cámara lo fue filmando desde que comenzó el trayecto. Ya en ese histórico mirador cometió el "sacrilegio" de bailar, buscando desacralizar la escena y -quizás- la historia argentina.

En las pocas marchas que buscaron respaldar políticas oficiales estos años, el Gobierno siempre se mantuvo lejos porque, finalmente, el de Macri siempre fue un liderazgo zen y sin cadenas oficiales, con poca centralidad para que la gente se exprese en forma individual y sin influencia de la política porque, finalmente, se trata de la sociedad de siglo XXI.

Hasta que un día perdieron por el 15% de diferencia. Y la base teórica que llevó a Macri a la Presidencia pareció derrumbarse. No solo porque la estrategia de la cercanía, la moderación y la digitalización de la conversación con los electores fueron aprendidos por la oposición. También porque el método "científico" del que se jactaba Jaime Durán Barba falló en forma evidente, sobre todo frente al Presidente, que llegó a la conclusión de que no solo le habían ocultado información sino que le habían mentido.

Con todos los papeles quemados y un intento de retomar la campaña a una usanza que ya demostró que no alcanzó, a través de WhatsApp, Macri se animó a lo que jamás había imaginado. Hablar desde el balcón de la Casa Rosada buscando empatizar con la gente que se había agolpado para verlo y pedirle que no afloje era algo que no estaba previsto en su mundo.

(Thomas Khazki)
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Cerca de él contaron que empezó a ponerse nervioso en la Quinta Los Abrojos cuando vio que frente a la Residencia de Olivos había quienes querían darle algún tipo de mensaje y como él no estaba, no podía salir. Ahí fue que se le ocurrió ir a la Casa Rosada, porque le informaron que quienes movilizaban iban desde el Obelisco hasta la Plaza de Mayo. Lo llamó a Marcos Peña y hablaron unos minutos, saldría a saludar con Juliana Awada para agradecer el apoyo. "En 20 minutos se organizó todo", dijo un funcionario.

Hasta allá corrió el secretario general Fernando De Andreis para organizar lo posible, mandar a encender las luces del balcón, tener fotógrafo y camarógrafo, algún personal que ayude. También estuvo por llegar el vocero Iván Pavlovksy, aunque vio que no haría a tiempo y se quedó trabajando en Abrojos.

Pero cuando el Presidente salió al balcón, una nueva energía vibraba en esa caja de resonancia que es la Plaza de Mayo, donde cantaban  "Mauricio querido, el pueblo está contigo". Macri parecía una pila conectada a una batería humana que quería entregarle su propia fuerza para que no afloje. Abrazaba a su mujer, se abrazaba buscando espejar un agradecimiento a la gente que estaba en la Plaza, se golpeaba el corazón. Nunca se lo vio así.

A los pocos minutos, se notó que quería quedarse disfrutando ese baño de multitud del que nunca fue afecto, un poco por timidez y también porque estaba convencido de que Argentina necesitaba un líder del siglo XXI, que sea comprendido por las sociedades más avanzadas.

Y a los 15 minutos de haber ingresado al balcón, pidió que lo esperaran para ver si era posible que pudiera hablar. No había equipo de sonido ni forma técnica de que abajo pudieran escucharlo, así que se decidió que hablara para las redes sociales, con la plaza detrás. Lo hizo no una, sino dos veces, emocionado por una experiencia para que la que no se había preparado pero que escenificó lo que muchos no creían posible, a saber, que Macri no se rinde.

Una vez concluido el sorprende acto de campaña, un alto funcionario del Gobierno reconoció que lo que sucedió en la Casa Rosada fue un notable cambio de posicionamiento político, tomando formas peronistas clásicas cuando el Frente de Todos asimiló las del Gobierno. Parco, lo resumió así: "Todo muy dinámico".