Hace 17 años, el 24 de junio de 2002, Luiz Inácio Lula da Silva, candidato a Presidente por el PT de Brasil- fuerza que concentraba el voto de la izquierda brasileña-, hacía pública su "Carta al Pueblo Brasileño".

Faltaban entonces cuatro meses para las elecciones presidenciales y seis hasta la transmisión del poder.

Las encuestas decían que podía ganar y ello provocaba fuga de capitales, caída en el valor de los bonos y dudas respecto a si el país pagaría sus compromisos externos.

El candidato "populista" decía entonces: "Premisa de esta transición será naturalmente el respeto de los contratos y obligaciones del país. Las recientes turbulencias del mercado financiero deben ser comprendidas en el contexto de fragilidad económica del actual modelo y del clamor popular para su superación".

Asumía así el compromiso de pagar las deudas contraídas por la administración que finalizaba, aunque era opositor a ella, resignaba diferencias, pero sin negarlas.

Señalaba la necesidad de poner por encima de la lucha electoral el interés del país, diciendo: "No importa a quien la crisis beneficia o perjudica electoralmente, porque ella perjudica al Brasil. Lo que importa es que debe ser evitada, porque causará un sufrimiento irreparable a la mayoría de la población".

Convocaba al diálogo con todos los sectores, al afirmar: "Estamos conscientes de la gravedad de la crisis económica. Para resolverla, el PT está dispuesto a dialogar con todos los segmentos de la sociedad y con el mismo gobierno, de modo de evitar que la crisis se agrave y traiga más aflicción al pueblo brasileño".

Llamaba a superar la "vulnerabilidad externa". "Así podremos reducir de forma sostenida la tasa de interés. Podremos recuperar la capacidad de inversión pública tan importante para alcanzar el crecimiento económico", explicaba.

Asumía también el compromiso de combatir la inflación y decía: "Ninguna persona puede negar la importancia de controlar la inflación. Inicie mi vida sindical indignado con el proceso de destrucción del poder de compra de los salarios que genera".

Defendía también el equilibrio fiscal, al argumentar: "Vamos a preservar el superávit primario en cuanto es necesario para impedir que la deuda interna aumente y destruya la confianza en la capacidad del gobierno de honrar sus compromisos".

El entonces Presidente, Fernando Henrique Cardoso, había sugerido a su adversario este curso de acción. Se sumó a este compromiso el candidato oficialista, José Serra y ello reforzó el compromiso asumido por Lula.

El acuerdo asumido por los dos principales candidatos fue así eficaz para que Brasil recuperara la confianza y evitara la grave crisis a la que se encaminaba.

Cardoso no pensó en ese momento si este acuerdo convenía o no a su candidato, sino que lo impulsó en función del interés de Brasil y es posible que Lula haya salido más favorecido, al disminuir las resistencias que había generado.

No cabe ahora discutir si el ex Presidente que acaba de cumplir 500 días en prisión por una causa de corrupción, está bien o mal encarcelado. Los integrantes de la fórmula Fernández-Fernández acaban de firmar una solicitada pidiendo su liberación.

Lo que importa es destacar la contribución que hizo entonces al interés de su país.

En lo político ganó la elección fue reelecto, gobernó ocho años y dejó la sucesión en manos de su propio partido.

Pero lo más relevante es el legado que dejaron Cardoso, Lula y Serra, respecto a la importancia de la unidad nacional en los momentos de crisis económica, para evitarla y esto es algo que Argentina debe hacer ahora en 2019.

El autor es director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría