El papa Francisco (REUTERS/Remo Casilli)
El papa Francisco (REUTERS/Remo Casilli)

Los ciudadanos argentinos estamos en la cuenta regresiva de las próximas elecciones y del próximo gobierno. En una difícil y dramática situación. Con claridad se advierte la necesidad de un gobierno que más allá del consenso electoral reúna a todas las fuerzas partidarias, a las organizaciones libres del pueblo, a la Iglesia católica, a los sectores productivos, a los actores del mercado interno, a los sectores de la exportación y a los expertos en esas políticas de estado.

La unidad es resultado del diálogo.

¿Dialogo "para mí" o para el "bien común" de los argentinos?

Desde una perspectiva puramente racionalista, la teoría de la Agencia explica la relación entre delegación de poder que constituye la estructura de mando de las empresas cuyos sujetos son el propietario y el gerente. Su presupuesto ideológico es el utilitarismo.

Extrapolar esta dinámica al diálogo y los pactos del "negocio de la política" nos lleva a considerar que si hay tres dirigentes políticos habría a lo menos nueve intereses presentes. El de los electores, el de cada uno de los partidos y el individual de cada uno de los sujetos-delegados.

El político que "negocia" su interés particular por encima del interés común comete un crimen contra la ciudadanía. Transita la ruta tan trillada por cierta dirigencia argentina que excluye la unidad y la paz social y nos conduce a la disolución.

El diálogo político según el Papa Francisco

Hemos desarrollado en Infobae las enseñanzas del papa Francisco sobre el diálogo político en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium del 24-11-2013, bajo el título "La unidad prevalece sobre el conflicto". Transcribimos textualmente los acápites respectivos:

EVANGELII GAUDIUM (ALEGRIA DEL EVANGELIO), 24-11-2013, "Nros. 226-232 La unidad prevalece sobre el conflicto

226. El conflicto no puede ser ignorado o disimulado. Ha de ser asumido…

227. Ante el conflicto, algunos simplemente lo miran y siguen adelante como si nada pasara, se lavan las manos para poder continuar con su vida. Otros entran de tal manera en el conflicto que quedan prisioneros, pierden horizontes, proyectan en las instituciones las propias confusiones e insatisfacciones y así la unidad se vuelve imposible. Pero hay una tercera manera, la mas adecuada, de situarse ante el conflicto. Es aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso…(las negritas nos pertenecen).

228. De este modo, se hace posible desarrollar una comunión en las diferencias…hace falta postular un principio que es indispensable para construir la amistad social: la unidad es superior al conflicto. La solidaridad, entendida en su sentido más hondo y desafiante, se convierte así en un modo de hacer la historia, en un ámbito viviente donde los conflictos, las tensiones y los opuestos pueden alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida. No es apostar por un sincretismo ni por la absorción de uno en el otro, sino por la resolución en un plano superior que conserva en sí las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna. (las negritas nos pertenecen).

229. Este criterio evangélico nos recuerda que Cristo ha unificado todo en sí: cielo y tierra, Dios y hombre, tiempo y eternidad, carne y espíritu, persona y sociedad. La señal de esta unidad y reconciliación de todo en sí es la paz….. Con corazones rotos en miles de fragmentos será difícil construir una auténtica paz social.

El ejemplo de Francisco: "una síntesis viviente de opuestos"

El diálogo sobre las llamadas políticas de Estado y las medidas concretas destinadas a llevarlas a cabo debe ser atento, minucioso y detallado entre cada uno de los actores. De eso depende la vida y la dignidad de millones de argentinos. Y no debe haber lugar para el utilitarismo individualista. No es tiempo de "repartija" ni de "cambio de figuritas".

Como le escuchamos decir muchas veces a Bergoglio, en el diálogo hay que oír al otro atentamente, discernir acerca de lo que me trasmite, juzgar en qué le cabe la razón y en qué no, qué valores y qué realidad concreta hay en juego y en qué puedo modificar lo que pienso a partir de eso. Hay que concentrarse en cada diálogo que supera el conflicto y construye unidad.

El futuro presidente debería ser -como el Papa Francisco –"una síntesis viviente de opuestos" (M. Borghesi) que hace suya la máxima de San Ignacio: "No tener límite para lo grande, pero concentrarse en lo pequeño".