Mauricio Macri y Alberto Fernández
Mauricio Macri y Alberto Fernández

El primer capítulo de la contienda presidencial de 2019 marcó sin dudas un ineludible antes y después para los equipos de campaña de los principales espacios políticos en pugna. Con el diario del lunes, especialmente el del 12 de agosto, el escenario político disipó muchas de las especulaciones que habían corrido en ríos de tinta durante meses, puso a prueba las estrategias diseñadas y superó ampliamente los pronósticos de las encuestas que habían tenido amplia difusión en las últimas semanas.

Las dos principales fuerzas condensaron en las PASO el 80% de los votos. La polarización que se venía planteando se materializó en las urnas y marginó a las terceras fuerzas. Hasta ahí, una tendencia que se vaticinaba como previsible. Sin embargo, la apuesta polarizadora esta vez no resultó favorable al Gobierno: de repetirse los guarismos del domingo 11 de agosto, Alberto Fernández obtendría un cómodo triunfo en la primera vuelta electoral.

Este panorama, impensado para un oficialismo que trabajaba estratégicamente siempre teniendo en la mira el ballotage, le plantea serios interrogantes a un gobierno nacional que se debate entre la campaña y la gobernabilidad. Al mismo tiempo, le plantea al candidato del Frente de Todos el desafío de buscar un equilibrio que le permita mantener el posicionamiento que le otorgó credibilidad frente al electorado, a la vez que actuar con responsabilidad frente a la profundización de los desajustes económicos.

¿Historia o futurología?

Las personas suelen estar convencidas sobre la continuidad de los hechos. Cierto sentido común nos lleva a creer naturalmente que, si algo pasó, va a seguir ocurriendo. Sin embargo, Karl Popper, esgrime en su clásico libro Un mundo de propensiones, que las situaciones pasadas no determinan la situación futura, sino que son las propensiones e inclinaciones las que de alguna manera influyen multicausalmente en el futuro. Esta idea del prestigioso filósofo y académico austríaco tiene plena vigencia para el análisis de las campañas electorales y los cambios de la opinión pública. El hecho de que nunca una mujer hubiese ganado la primera magistratura de la provincia de Buenos Aires no fue impedimento para que en 2015 María Eugenia Vidal se haya consagrado gobernadora. Lo mismo se aplica en el caso de Mauricio Macri y su continuum de triunfos políticos desde 2005; muy probablemente en 2019 se interrumpa esa racha.

Los antecedentes son siempre datos útiles. Es importante estudiar de dónde venimos, para saber dónde estamos y qué posibilidades nos depara el futuro. Las PASO, con casi 25 millones de argentinos que emitieron su sufragio, arrojó una diferencia de 15 puntos entre Alberto Fernández y Mauricio Macri. Sin embargo, un dato que comenzó a circular tras la derrota de Juntos por el Cambio el domingo de los comicios fue el antecedente de 2015, que algunos referentes del oficialismo esgrimen con cierta dosis de optimismo.

s. La historia es conocida, terminó derrotando al ex gobernador bonaerense en el ballotage.
Lo cierto es que las buenas estrategias de campaña no solo se nutren del análisis de los antecedentes que configuran la denominada "historia electoral", sino que es necesario articular estos datos con lo que los electores están percibiendo actualmente.

La campaña del gobierno: gobernar

En Argentina, como en todo diseño institucional de tipo presidencialista, los jefes de Estado cuentan con mayores ventajas para perseguir un segundo mandato. Desde la primera contienda electoral presidencial bajo la ley Sáenz Peña que estableció de voto universal, secreto y obligatorio (1916) hasta la actualidad, todos los Presidentes que buscaron la reelección lo consiguieron: Perón, Menem y Cristina Fernández de Kirchner. Macri podría ser la excepción a la regla.

Está claro que querer no siempre es poder. Como apuntaba Nicolás Maquiavelo en su célebre El Príncipe hace más de 500 años, "la fortuna (el azar) es árbitro de la mitad de nuestras acciones, pero también ella nos deja gobernar la otra mitad". Para el pensador florentino la virtud es la capacidad que le permite al gobernante dominar los acontecimientos para conducirlos hacia un fin deseado. Lo cierto es que ni la fortuna ni la virtud parecen acompañar al gobierno en esta etapa. Los profundos desajustes en materia económica, muchos casos provocados por "errores no forzados" impidieron que el gabinete de Macri pudiese mostrar algún logro en la etapa final de la campaña hacia las PASO. La suerte de la economía global tampoco ayudó. Sumado a ello, los votantes argentinos parecieron priorizar la economía sobre otras variables como la corrupción. En definitiva, la dinámica electoral parece haber pesado más en la balanza de la economía (inflación, dólar, salarios, etc.) que en otra materia.

Esto, lejos de despejar el camino de cara a octubre le suma alguna complejidad adicional. Para algunos el desafío del gobierno es hacer una buena campaña en los casi dos meses que restan para los comicios, aferrados a medidas como las anunciadas en los últimos días. Sin embargo, no son pocos los que piensan que lo que le queda a Macri es gobernar, y garantizar la transición. Una tensión que atraviesa a un oficialismo que, por cierto, no sólo pone en juego la presidencia de la Nación, sino también la Provincia, la Ciudad, varias intendencias, y cientos de cargos legislativos.

Matemáticas electorales

Con el resultado conocido, diversos analistas han especulado con las diversas combinaciones matemáticas que harían posible una remontada del gobierno. Ello implicaría que Alberto no alcance los 45 puntos, y que Macri se mantenga a una distancia menor a 10 puntos, lo que redundaría en un ballotage.

La hipótesis de que Juntos por el Cambio sume la totalidad de los votos de Lavagna (8,2%), los de Espert (2,2%) y los de Centurión (2,6%) no sólo es descabellada, sino que incluso esa sumatoria lo dejaría 2 puntos por debajo de Fernández.

Desde el oficialismo se ha esgrimido la incidencia que podría tener un incremento de la participación electoral, que podría aportar casi 2,5 millones de nuevos votantes si alcanzara el 80% en octubre. Aun así, el gobierno debería captar la amplia mayoría de esos votos, algo bastante improbable.

Una participación inédita de votantes argentinos en el exterior y una potencial reducción de los votos en blanco podrían aportar algunos votos adicionales, aunque nada tan significativo.

Así las cosas es probable que el Gobierno pueda crecer unos puntos y posicionarse en torno al 35% de los sufragios. Pero, si la estrategia es que el kirchnerismo pierda mágicamente votos, la elección ya está decidida. Alberto logró alcanzar los 47 puntos, performance que de repetirse en las generales, y en virtud de la forma en que se computarán los votos blancos, alcanzaría prácticamente el 50%.

De esta forma, para ir a ballotage debería perder –por alguna razón- 3 puntos respecto a las PASO. ¿Puede pasar esto? Hipotéticamente sí, la opinión pública no es estática. Aunque lo cierto es que sería muy raro que manteniéndose –ceteris paribus– este escenario tal como está planteado en el plano económico y político, quienes votaron por los Fernández decidan volcarse a otros candidatos. En definitiva, aun dándose todos los factores posibles que el gobierno necesita para escalar al 35%, el panorama para el oficialismo es sombrío.

Por el lado de kirchnerismo el desafío no consiste en aumentar el volumen electoral –el cual ha sido sorprendentemente alto- sino en sostener lo logrado. Fidelizar esos votos; mantener el tono de moderación del candidato presidencial, mostrar cierto grado de responsabilidad de cara a garantizar gobernabilidad en estos meses de transición; evitar que contradicciones propias de una campaña compleja florezcan intempestivamente; alimentar el desconcierto del gobierno y su equipo de campaña; desalentar a los militantes de Juntos por el Cambio, son algunas de las tareas que el Frente de Todos tiene por delante.

En este escenario, el tono y estilo moderado que logró posicionar a Alberto Fernández en el centro político y trascender los muros de la tan mentada "grieta" es la gran artillería para llegar a octubre ileso. Al mismo tiempo, una Cristina Fernández alejada de la escena mediática diaria –quizás limitada a algún mensaje hacia el núcleo duro- será también otra condición a sostener en el tiempo que resta hacia octubre.

En definitiva, para Macri conseguir la reelección sería una verdadera epopeya. La dura realidad evidenciada en las urnas, lo pone ante un dilema: si profundizara la búsqueda de la reelección a cualquier costo, o si por lo contrario priorizará que su equipo –gobernadores, intendentes y principales referentes- conserve algo de lo que ya parecen haber sacrificado.

El auto es sociólogo, consultor político y autor de "Ganar, gustar y gobernar" (Aguilar, 2017) y "Comunicar lo local" (Crujía Parmenia, 2019)