Recientemente se conoció el veredicto del juez Álvaro Meynet, que declaró al ginecólogo de Río Negro, Leandro Rodríguez Lastra, "penalmente responsable" por el delito de "incumplimiento de los deberes de funcionario público" por haberse negado a practicarle un aborto a una joven de 19 años que llegó a la guardia de un hospital tras haber ingerido una droga abortiva, suministrada por una ONG, para ponerle fin a un embarazo no deseado.

Este fallo no ha hecho más que consolidar la gran crisis por la que está atravesando la Justicia argentina, que en muchos casos está naturalizando lo malo como bueno, lo irracional como válido y el mundo del revés como el derecho.

El médico fue condenado por salvar la vida de sus dos pacientes y ahora debe enfrentar una pena que puede ser de hasta dos años de prisión en suspenso e inhabilitación para ejercer la medicina. El colmo de la (in)justicia argentina decepcionó a gran parte de la sociedad, sobre todo a aquella que no desprecia la vida ni desea la muerte de nadie; quedó conmocionada frente a un fallo sin precedentes.

Esta noticia puso de relieve el tema del derecho constitucional a la objeción de conciencia frente al aborto. La objeción de conciencia se define como el rechazo a someterse a una norma legal que se considera injusta. Cuando una mayoría establece una ley que otros ciudadanos consideran injusta, surge la posibilidad, como recurso legal para oponerse a esa ley. Y ese recurso legal tiene sentido solo cuando se admite que una ley puede no ser justa o moral, por ejemplo, cuando atenta contra un derecho fundamental, como es el derecho a la vida. En tal sentido, la objeción de conciencia deriva del principio fundamental de la libertad de conciencia, según el cual nadie puede ser obligado a llevar a cabo una acción que en su conciencia considera ilícita e inmoral.

Cabe recordar la definición dada por la Academia Nacional de Medicina: "La objeción de conciencia es un testimonio pacífico por el cual un médico puede no ejecutar un acto reglamentariamente permitido, sin que ello signifique el rechazo de la persona y el abandono del paciente. En tal sentido, la Academia Nacional de Medicina aboga por el derecho de los médicos a actuar en el ejercicio de la profesión con total libertad de conciencia acorde con la ética y los conocimientos científicos".

Sin embargo, la objeción de conciencia como derecho constitucional aplica a la objeción a una ley, pero el aborto no es legal en la Argentina. Que existan causales de no punibilidad no lo convierte en legal. De hecho, en agosto del 2018 el Senado rechazó el proyecto que pretendía hacer legal el aborto.

Por otro lado, no hay vinculación alguna entre la profesión médica y el aborto. El fin de la medicina ha sido siempre la defensa de la vida y la promoción de la salud. Por tal motivo, imponer a un médico la obligación de participar en un aborto atenta al sentido último de su profesión y de su juramento hipocrático. La ideología favorable al aborto trata de instalar la idea de que solo existe una persona cuando una mujer está embarazada, negando la realidad y el dato duro de la ciencia que afirma que hay dos. Cuando un obstetra está en presencia de una mujer embarazada, está delante de dos vidas, y su obligación profesional es cuidar la salud de la madre y del hijo.

La diputada nacional kirchnerista Marta Milesi fue quien denunció este caso. Resulta curioso que en este tiempo cierto sector social que se enmarca dentro del "progresismo moderno" tenga propuestas tan antagónicas al espacio que pretende representar. Muchas de ellas promueven fuertemente el aborto y son contrarias al sector conservador que se ha propuesto no acompañar con su voto a políticos y listas abortistas.

La elecciones nacionales contarán este año, por primera vez, con un frente electoral "celeste", donde el extitular de la Aduana y héroe de Malvinas, Juan José Gómez Centurión, referente del espacio NOS, y la exdiputada y diplomática Cynthia Hotton, líder de Valores para mi País, junto a otros partidos políticos afines, están trabajando unidos en la construcción de un espacio que está creciendo a lo largo y ancho del país.

¿Por qué gran parte de la población argentina rechaza este fallo condenatorio? Porque reconoce el valor supremo de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural y porque nadie puede arrogarse el derecho de decidir quién vive y quién no tiene derecho a seguir viviendo. Ya que el aborto no es un derecho porque no puede existir un derecho a matar. El derecho natural y superlativo es el derecho a la vida, que es el fundamento de todos los derechos humanos. Y en ese sentido, toda legislación y fallo judicial debiera tutelar la vida antes que nada, ya que no hay derecho alguno cuando la finalidad es la muerte.

La mayoría quiere vivir en una Argentina que respete el valor de la vida, la familia, la libertad de conciencia, credo y expresión. En un país que respete los derechos humanos de todos los humanos, y no solo de algunos; los derechos humanos de los humanos nacidos y los humanos concebidos por nacer. Porque si la Justicia no garantiza justicia y si un país no respeta la vida, ese país no tiene futuro.

El autor es bioeticista, referente de Valores para mi País y uno de los conferencistas más reconocidos en la defensa de la vida y la familia.