Siceramente, el libro de Cristina Kirchner (@hvescudero)
Siceramente, el libro de Cristina Kirchner (@hvescudero)

El 10 de diciembre de 2015 ocurrió un hecho inédito en la democracia argentina: la presidente saliente, Cristina Fernández, no participó de la ceremonia de asunción del mando por parte del presidente electo, Mauricio Macri, en la que este recibe de aquella los atributos del mando: la banda y el bastión.

Es cierto que solo se trata de una tradición. Ni la Constitución ni las leyes disponen que sea un acto obligatorio. De hecho, el nuevo presidente asume su cargo antes de esa ceremonia, en el Congreso, ante la Asamblea Legislativa. Pero es una costumbre tan arraigada, en un país de débil apego a la institucionalidad, como el nuestro, que merece ser respetada, sobre todo porque conlleva un mensaje de hondo simbolismo republicano.

¿Cuál fue el motivo de la ausencia de Cristina Kirchner? Ella y sus voceros dieron en aquella oportunidad explicaciones muy confusas. Decían que todo el acto debía ser llevado a cabo en el Congreso, que eso es lo que disponía la Constitución. Macri, con buen criterio, no aceptó modificar, sin ningún fundamento válido, lo que constituía una práctica constante a lo largo de la historia.

Era evidente, de todas formas, que los argumentos del kirchnerismo no eran los reales motivos de ese pequeño escándalo que hasta derivó en una acción judicial para que se fijara el instante preciso en el que finalizaba una presidencia y comenzaba la otra. El propósito era deslegitimar desde el inicio al nuevo presidente. No podía haber continuidad democrática. La democracia era kirchnerista o no lo era. Lo que se avecinaba solo podía interpretarse como un paréntesis, un error del pueblo que pronto se repararía.

Tres años y medio más tarde, la propia Cristina Kirchner termina dándonos la razón a quienes sosteníamos esa interpretación. En su reciente y muy publicitado libro, que se titula (acaso con sarcasmo) Sinceramente, escribe: "Muchas veces, después del ballotage, pensé en esa foto que la historia finalmente no tuvo: yo, frente a la Asamblea Legislativa, entregándole los atributos presidenciales a… ¡Mauricio Macri! Lo pensaba y se me estrujaba el corazón. Es más, ya había imaginado cómo hacerlo: me sacaba la banda y, junto al bastón, los depositaba suavemente sobre el estrado de la presidencia de la Asamblea, lo saludaba y me retiraba. Todo Cambiemos quería esa foto mía entregándole el mando a Macri porque no era cualquier otro presidente. Era Cristina, era la 'yegua', la soberbia, la autoritaria, la populista en un acto de rendición".

La confesión de una mentira tan escandalosa parece no despertarle ningún escrúpulo. No solo engañó a Macri, sino a todos los argentinos, demostrando una vez más que su palabra no tiene ningún valor. ¿Por qué habríamos de creerle ahora que en una eventual tercera presidencia sería moderada, abierta, republicana?

Pero el episodio es revelador, además, de una concepción del poder profundamente autoritaria, que es común en los populismos latinoamericanos. Los líderes de esta corriente se consideran a sí mismos por encima de la ley. Ellos son la encarnación del pueblo, aunque el verdadero pueblo diga en las urnas otra cosa. Por eso, no pueden admitir que no son más que una circunstancia en la historia de sus países, ni pueden comprender la hermosa muestra de civilidad republicana que es la imagen de un traspaso del poder de un partido a otro de manera pacífica y respetuosa.

La democracia liberal se nutre de la diversidad y de la alternancia. Cristina Kirchner acaba de reconocer, por si algún distraído aún no lo había advertido, que prefiere el autoritarismo.

El autor es diputado nacional de CABA (Cambiemos-PRO).