La Argentina arrastra una pesada mochila de mantenerse entre las naciones con los más altos índices de inflación, y también de desempleo y déficit fiscal, que no hacen más que reflejar los efectos de la ausencia de políticas superadoras de largo plazo, y estabilidad en sus instituciones, que derivan en movimientos pendulares del nivel de actividad, y por tanto del ingreso real de sus habitantes.

Ese fenómeno se observa con claridad en un trabajo de investigación que como anexo publicó el Fondo Monetario Internacional en su segundo informe semestral del año, previo a la Asamblea Anual que tiene lugar en Indonesia.

El estudio a cargo de Gian María Milesi-Ferreti que tomó en cuenta para el período 1960–2017, entre años en que se registraron niveles máximos y mínimos de ingreso por habitante, al tipo de cambio de poder de compra comparable entre los países, el cual difiere de la cotización corriente de mercado,  identificó 133 episodios de grandes caídas del PBI per cápita, correspondiente a 92 países (a algunos de ellos en repetidas ocasiones, como en el caso de la Argentina).

El estudio resalta que "la mayor parte de los episodios tuvo lugar durante los años ochenta, tras la desaceleración económica mundial y la crisis de la deuda de 1982, y se redujo a finales de la década, pero repuntó a comienzos de los años noventa debido a la caída del PBI relacionada con la transición a una economía de mercado en países de la antigua Unión Soviética y en Europa central y oriental", y sus efectos sobre otras economías, que como la Argentina, siempre la encuentra "baja en defensa" y se contagia con una virulencia muy superior a las que acusan los Estados vecinos.

“La mayor parte de los episodios tuvo lugar durante los años ochenta, tras la desaceleración económica mundial y la crisis de la deuda de 1982, y se redujo a finales de la década, pero repuntó a comienzos de los años noventa”

Además, observa el trabajo del que se hace eco el FMI que en general los episodios de crisis que tienen un efecto singularmente negativo sobre los ingresos de las familias, y también de las empresas, se originan en  conflictos bélicos, como Libia, Sudán del Sur, Siria y Yemen"; severa fluctuación de los precios de las materias primas" en los casos que no cuentan con una estructura productiva y generadora de ingresos diversificada, y en menor medida por la volatilidad de las políticas cambiarias y macroeconómicas.

Un caso atípico entre las naciones de ingreso medio

La Argentina, pese a no haber estado afectada por situaciones bélicas prolongadas, aunque a comienzos de los 80 acusó el perjuicio de la "Guerra de Malvinas", ni tampoco por depender de un único producto para definir el futuro de su economía, se ubica entre las 8 naciones del planeta con un PBI por habitante superior a  USD 8.000 al tipo de cambio de paridad, según el estudio del FMI, que desde los 80 acusó dos episodios de caída del ingreso per cápita superior al 20 por ciento.

La primera vez que el PBI en dólares por habitante cayó más de 20% en la Argentina desde 1960 fue entre 1980-1990; y la segunda fue entre 1998 y 2002, bajó 22 por ciento

En el último medio siglo acompañaron el mal desempeño de la Argentina, entre los países con ingreso por habitante equivalente, Gabón; Libia; Kuwait, Emiratos Árabes y Venezuela. Y se sumaron, en otros períodos, Líbano y Andorra.

Opción de rebote, pero no se ve

Ahora la Argentina vuelve a ingresar en una etapa recesiva que en el promedio del año se muestra modesta: 2,6% en 2018 y 1,6% en 2019, en las previsiones revisadas de variación del PBI en pesos constante, pero que en dólares volvería a marcar una contracción con tasas de dos dígitos, porque frente a un salto cambiario de más del 100% y tasa de inflación estimada en un promedio cercano a 32% para cada año, el ingreso por habitante convertido a dólar, se derrumbaría en un 30% respecto del pico previo.

Con las previsiones de recesión, devaluación acumulada y proyección de inflación en el Presupuesto, en 2019 el PBI por habitante en dólares volvería a caer más de 20% respecto del pico de 2017

Aún en el horizonte no se advierte la posibilidad de una recuperación fuerte, pese a que se cayó a niveles desusadamente bajos, más aún si se observan las expectativas para el trimestre septiembre a noviembre que indican disminución de la actividad entre un tercio y la mitad de las empresas industriales y de la construcción consultadas por el Indec.

Pero el potencial de recuperación es enorme, como ocurrió en 2003 a la salida de la depresión de 2002, porque no sólo gran parte del acervo industrial y de la rama de la construcción operan por debajo del 60% de su capacidad instalada, sino también el agro y el sector energético se mantienen muy alejados de su máximo potencial.

Sin embargo, la ausencia de señales claras de política, y, peor aún, las marchas y contramarchas repetidas en acciones de Gobierno, como ocurrió esta semana con las tarifas del gas domiciliarias, más los severos desvíos en las proyecciones económicas del equipo de Hacienda, conspiran con un posible rebote de la actividad, y por el contrario justifican las previsiones de gran parte de las empresas de recortar la nómina de personal en los próximos meses.

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