No está claro si "Neti", el grosero empresario de Wilde que saltó al conocimiento público por humillar la angelical predisposición de una adolescente rusa, completó su formación machista consultando los manuales de la AFA. Puede que las patéticas parrafadas del tutorial que distribuyó hace un par de meses entre los viajeros la Asociación del Fútbol Argentino hayan validado, bajo el auspicio de una dirigencia impresentable, sus peores y más bajas pulsiones.

Lo cierto es que la excitación de la fiesta mundialista le dio suficiente envión como para embestir al voleo a una frágil muchachita rubia y hacerla objeto de su solaz y esparcimiento. Un pasatiempo para compartir entre amigos probablemente tan afectos a la procacidad como el susodicho.

Basta ver el video para comprender que la chiquita fue abordada y tratada con la misma liviandad con la que se manipula una muñeca inflable, un juguetito sexual al paso. Nada nuevo, solo que esta vez tan viral como globalizado.

Un buen vecino y padre de familia que se comporta de manera casi animal amparado en el contexto de "argentinidad al palo" que suele impregnar el tiempo mundialista. Eyectado en el primer avión por disposición de las autoridades rusas, y reconvenido por el Ministerio de Seguridad que lo hizo identificar y despojar del Fan ID, pide perdón a los suyos y al resto del mundo con el rabo entre las patas. Le va a costar remontarla. Pagará caro el costo de la ignorancia. Hay cosas con las que no se jode más, muchachos.

No fue el primero ni el único. Otro "amigo de la casa" dejó escapar de su celular una pieza digital para la historia. Bajo la impronta "traeme la co…", le asegura al Kun Agüero que dos trajinadas vírgenes locales (adjunta fotos de las muñequitas) lo aguardan en el paraíso de la argentinidad para el caso de que regresen trayendo una alegría. La respuesta de Agüero lo muestra con la boca pegajosa susurrando al smartphone: "Esas cositas lindas… las quiero", y atrás aparece La Pulga  como suplicando: "No me dejen afuera". Patéticos.

Si la viralización fue una distracción de "El Tirri", o lisa y llana "mala leche", nunca se sabrá. Tampoco si la exposición global de los preparativos de una festichola entre amigos afectó o no la endeble emocionalidad de Messi tras quemarle el rancho. Que hubo ruido, lo hubo. Hay quien incluso buleó a Antonella, esposa y madre de los chicos Messi, acusándola de estar "picándole el seso" al mejor jugador del mundo, justo en las vísperas del primer partido.

No faltó quien advirtió en tiempo y forma que el uso intensivo de las redes y Whatsapp desconcentran a los jugadores y suman presión y estrés, pero, andá a sacarles el teléfono.

A las bajezas nacionales de tono sexista hay que sumar algunas otras ruindades. Mientras el youtuber de Wilde, Néstor Fernando Penovi, volaba deportado a su país de origen, en el estadio de Nizhni Nóvgorod, un par de argentos enardecidos la emprendía a golpes contra dos simpatizantes del equipo croata. Volaron piñas y patadas en la cabeza. Filmados desde una tribuna y viralizados, nuestros ilustres compatriotas ya están identificados y pasan al staff de la vergüenza nacional. Estrellas nacientes de un país que emerge.

Pero hubo más. El caso de Gonzalo Bonadeo, que sufrió una andanada de insultos y un botellazo a la salida del primer partido de la selección en el Spartak. Enojados por la derrota, increparon al periodista por la suba del dólar. No se sabe qué los enfureció más a los compatriotas que viven estos días consumiendo en rublos, si las defecciones del equipo de Sampaoli o la mala praxis de Sturzenegger, lo único cierto es que la emprendieron contra Bonadeo. Cultores del "todo tiene que ver con todo", ya venían fatigando con el latiguillo de letra y música antimacrista.

Francisco Javier Puiatti, el atacante, fue rápidamente identificado. No pudo privarse de subir a las redes: "Le partí la cabeza al gordo gorila". El pez por la boca muere. No tardaron en aplicar rigor. La ministra Patricia Bullrich tiene el mejor de los entendimientos con el embajador ruso, Viktor Koronelli, una relación que se afianzó durante la cinematográfica investigación de historia de droga y espionaje en esa sede diplomática. Funcionan en tándem a la hora de neutralizar a los ridículos y peligrosos que nos exponen ante el mundo como un país de salvajes. Está funcionando.

Otro asunto inquietante fue denunciado por un traductor público nacional de ruso, que funciona bajo la matrícula 0784. Daniel Villalón hizo saber al Ministerio de Seguridad de la Nación que lo convocaron para traducir al ruso el hit de la temporada: "Mauricio Macri la p… que te parió". La idea era producir un video viral para reproducir en los estadios. La imaginación al poder.

Hay gente que parece no haberse enterado que los tiempos están cambiando y muy rápido; que todo se comunica y conoce en cuestión de segundos, y que la huella digital permite la inmediata identificación de los despistados. Que no solo cambia la manera en que nos comunicamos e informamos, sino que además hay nuevos paradigmas, un fuerte cambio de la escala de valores. Hay cosas con las que no se jode más. Una marca epocal que penaliza rápidamente a los que no se dieron cuenta o se hacen los distraídos.

El entorno mundialista potencia nuestros peores sesgos. Nos muestra crudos frente al mundo: prepotentes, misóginos, desaforados, soberbios y exitistas. Siempre gastando a cuenta, siempre esperando que un "messias" nos salve, que reedite el milagro, que algo o alguien nos confirme que Dios es argentino. El trabajo ordenado, el esfuerzo, el respeto por el otro no califican.

La baja tolerancia a la frustración nos vuelve agresivos frente a la adversidad. Minimizamos las camarillas, las internas, las agachadas. Miramos para otro lado frente a las componendas y la corrupción, pero si las cosas no salen como queremos, nos devoramos los ídolos a dentelladas. Eso sí, olvidamos rápido. Basta un golpe de suerte para recuperar posiciones. Somos resultadistas. No importa cómo ganamos, la cuestión es zafar, pasar, llegar.

Siempre a la espera de un milagro, de una buena cosecha, de un Copperfield travestido que saque un conejo de la galera y no se lo termine cocinando.

En estos días de bajón, en que constatamos que no podemos seguir viviendo de prestado, ni de las glorias pasadas, que descubrimos que los partidos se ganan en equipo y que no nos salva una cosecha por más alta que estén las retenciones, puede que la adversidad de los resultados nos ponga en caja, nos reubique.

Extraña paradoja: la economía trajo la única buena noticia de la semana. La reclasificación de la Argentina a la categoría de "mercado emergente" aportó algo de alivio. Se recuperó la Bolsa. Se aquietó, al menos por el momento, la agitación del dólar y alguna lucecita se vislumbra al final del oscuro y larguísimo túnel.

Nada para festejar ni tirar manteca al techo. Si hubiera en medio de esta hecatombe aire para la ironía, se podría pensar que las novedades del Morgan Stanley no son más una cortina de humo para distraernos de la penosa performance de la selección.

Es tiempo de oración, de rogarle al Gauchito Gil y la Difunta Correa que iluminen al San Paoli y sus apóstoles para que, con la magia de quien sabe qué divinidad, sigamos pateando hacia adelante unas semanas más el veranito mundialista. No todo está perdido. Ahora a "poner huevo" y ganarle a Nigeria.

Sigan participando, muchachos, demoren la llegada del invierno a como dé lugar. Que una alegría, por pequeña que sea, que un partido más para compartir nos postergue la llegada del segundo semestre. Ese que, esta vez está cantado, vine con más inflación, menos empleo, más ajuste y recesión.

Ese que, en el mejor de los casos, declarados emergentes y acolchonados por el FMI, llegará para recordarnos que no hay magia y que, en cualquier caso, a la hora de hacer las valijas, se viene el bajón.