El club de lectores digitales Leamos, de la mano de la escritora argentina Flavia Pittella, invita cada semana a conocer la literatura tradicional y redescubrir a los autores más destacados de diversos géneros.

Hoy, con Suite francesa, de Irène Némirovsky, propone adentrarse en una novela excepcional que retrata con maestría una época fundamental de la Europa del siglo XX.

Se trata de un manuscrito perdido de Irène Némirovsky cuyo descubrimiento causó una auténtica conmoción en el mundo editorial francés y europeo.

Imbuida de un claro componente autobiográfico, Suite francesa se inicia en París los días previos a la invasión alemana, en un clima de incertidumbre e incredulidad. Enseguida, tras las primeras bombas, miles de familias se lanzan a las carreteras en coche, en bicicleta o a pie.

Némirovsky dibuja con precisión las escenas, unas conmovedoras y otras grotescas, que se suceden en el camino: ricos burgueses angustiados, amantes abandonadas, ancianos olvidados en el viaje, los bombardeos sobre la población indefensa, las artimañas para conseguir agua, comida y gasolina. A medida que los alemanes van tomando posesión del país, se vislumbra un desmoronamiento del orden social imperante y el nacimiento de una nueva época. La presencia de los invasores despertará odios, pero también historias de amor clandestinas y públicas muestras de colaboracionismo.

Concebida como una composición en cinco partes -de las cuales la autora sólo alcanzó a escribir dos- Suite francesa combina un retrato intimista de la burguesía ilustrada con una visión implacable de la sociedad francesa durante la ocupación. Con lucidez, pero también con un desasosiego notablemente exento de sentimentalismo, Némirovsky muestra el fiel reflejo de una sociedad que perdió su rumbo. El tono realista y distante de Némirovsky le permite componer una radiografía fiel del país que la abandonó a su suerte y la arrojó en manos de sus verdugos.

El descubrimiento del manuscrito de Suite Francesa causó conmoción en el mundo editorial
El descubrimiento del manuscrito de Suite Francesa causó conmoción en el mundo editorial

Irène Némirovsky nació en Kiev, en 1903, y era hija de uno de los banqueros más ricos de Rusia, Léon Némirovsky. Su madre se llamaba Faïga, pero se hacía llamar Fanny, y nunca pretendió saber lo que era el instinto maternal. ¿El resultado? Irène, ya adulta, hará explícito en varias oportunidades el odio que sentía por una madre que no se ocupó de ella y dejó que fuese una nurse y varios profesores los que la educaran.

La Revolución Soviética de 1917 pilló a los Némirovsky en su residencia de San Petersburgo y el padre quiso protegerlos reuniéndolos a todos en Moscú. Durante un año estuvieron escondidos esperando que amainara el temporal bolchevique. Irène leyó todo Oscar Wilde, Huysmans, Maupassant y el pensamiento de Platón. La Revolución hizo públicas sus intenciones al poner precio a la cabeza de Léon Némirovsky. Ya no valía la pena seguir ocultándose, era más prudente huir. Así fue que disfrazados de humildes campesinos emprendieron el camino del exilio que, en 1919, los llevó a Francia tras pasar meses de espera en Estocolmo.