“Como papá de dos mujeres veo con mucha alegría todo este cambio social hacia la igualdad de género. Siento mucha esperanza de un futuro más libre para las chicas” (Juan) (Foto: Fabián Uset/GENTE)
“Como papá de dos mujeres veo con mucha alegría todo este cambio social hacia la igualdad de género. Siento mucha esperanza de un futuro más libre para las chicas” (Juan) (Foto: Fabián Uset/GENTE)

El encuentro con Juan Minujín y Luciano Castro se da en el Hotel del Casco, una coqueta casona de 1892 devenida residencia boutique en pleno centro de San Isidro.

Juan cuenta que el desafío de ser un padre lo más creativo posible lo lleva a encontrarse pintando casitas de PVC, armando rompecabezas o dibujando obras de arte en los lugares más impensados: "Cuando estamos de viaje vamos a los museos, compramos unos marcadores, nos tiramos al piso y nos ponemos a pintar frente a los cuadros. Tenemos la suerte de viajar y lo aprovechamos: este año fuimos a Costa Rica, que tiene selva, cerros, playa. Las chicas se acostumbraron a recorrer y la pasamos muy bien", dice.

En el caso de Luciano, el gran incentivo es el deporte: cada verano, la playa agrupa al clan Castro en Mar del Plata. Allí se lo ve surfeando junto a su mujer, aunque la pasión por las tablas ya se extendió a toda la familia: "A esta altura, andamos todos en longboard y cada uno va en el suyo. Sabrina la tiene muy clara: a mí me gusta mucho el mar y, si tengo a mis tres hijos con mi mujer reunidos, ya está, no necesito mucho más. Por ahí la sumo a mamá. Eso sí, siempre necesito meter alguna actividad, es una cuestión terapéutica", agrega.

Juan Minujín y Luciano Castro se muestran compinches. (Foto: Fabián Uset/GENTE)
Juan Minujín y Luciano Castro se muestran compinches. (Foto: Fabián Uset/GENTE)

–¿Cuáles son sus mayores miedos como padres?

Juan: A mí me atemoriza más lo afectivo que otras cosas. Que tengan las herramientas para poder leer una situación y elegir por qué vereda ir. Que los amigos que generen las hagan sentir bien. ¡Hay tantos vínculos que te pueden hacer mal...! Y más para las mujeres, que hoy atraviesan muchas exigencias con qué deben tener, qué actitud, qué ropa. Por eso, como papá de dos hijas mujeres, veo con mucha alegría todo este cambio social hacia la igualdad de género. Siento mucha esperanza de un futuro más libre para las chicas.

–¿Notan ese cambio en los libros de 100 días para enamorarse, por ejemplo?

Luciano: Seguro, porque cambiaron los guiones y nosotros mismos. Cuando leemos algo que no nos suena bien para la tira, lo analizamos, lo comentamos. De hecho, hubo una escena de Juan en 100 días… que discutimos mucho.
J: Era una situación donde yo salía con una compañera de mi hijo, algo que había que tratar con mucho cuidado. Por suerte se encaró muy bien y recibimos una gran aprobación en las redes sociales.
L: Hoy, en los pisos ves muchas más mujeres. Antes éramos todos hombres. Entraba la chica de prensa y era murmullo, chistes desubicados… Ahora ya no existe eso. Era "¡y mirá lo que se pone!"… Ahora, el hombre está entendiendo que la chica se puede poner lo que quiera y no tiene por qué decirle nada.

En casa hablamos el tema del aborto con las las chicas. La clave fue meterse en la cabeza de dos chicas de esa edad

–¿Juan, les explicaste tu posición sobre el aborto a Carmela, de ocho años, y a Amanda, de doce?

J: Mirá, Amanda trajo el tema a casa después de que lo debatieran en la escuela. Mi mujer y yo tenemos una postura clara: estamos a favor de la legalización. Lo hablamos de una manera distinta con cada una, porque Carmela también quiso saber. Lo conversamos como una adquisición de derechos hacia la mujer, y a cuidar su cuerpo. Lo que es el aborto legal y el clandestino, que igual ocurre. Es difícil, porque una cosa es lo que sabe una nena de ocho años de lo que son las relaciones sexuales y otra lo que conoce una de 12, que tiene muchísima más información.

–¿Y en tu casa, Luciano?

L: Es igual. Mi esposa y yo tenemos una cabeza totalmente liberal en el sentido más completo de la palabra. Siempre recuerdo que cuando se legalizó el matrimonio igualitario estábamos Sabrina, mi hijo y yo. Mi mujer se puso muy contenta y le explicamos a Fausto lo que pasaba: "¡Y yo que pensaba que ser puto estaba mal!", nos contestó. La verdad me sentí muy mal, porque era más una carencia mía que de él. Tenía 7 años y desde entonces lo incorporó: supo que no era malo y que podía estar con quien quisiera. Pero bueno… Somos muy caretas los argentinos: el "eh, puto" no nos lo podemos sacar de encima.

–¿Les preocupa qué país les dejan a sus hijos, o prefieren no pensar?

L: Para no pensar en eso, directamente tenés que estar salvado. Es cierto que hay riesgos, pero uno se preocupa por los valores de sus hijos y que en algún momento la cosa vaya mejorando.
J: Nosotros somos recontra privilegiados… pero pensás, porque tiene que ver con el futuro, la expectativa, tus proyectos. La economía influye tanto al que quiere poner un negocio como al que quiere estudiar. Y, si bien veo las cosas cada vez más adversas, en la vida trato de ser optimista.

Por Julián Zocchi
Fotos: Fabián Uset/GENTE