El centro de Bronnitsy es el típico centro de cualquier pueblo argentino: una plaza principal, una iglesia, una comisaría. Y alrededor algunos lugares para comer: restoranes, la casa de hamburguesas que comienza con la letra M, algún que otro bar. También se ven locales de ropa, una ferretería, un kiosco, una farmacia; en fin, los negocios que permiten llevar adelante la vida.

Salir a almorzar o a cenar aquí muchas veces puede parecerse a una aventura compleja para el visitante. El idioma ruso y el alfabeto cirílico son poco menos que insondables para los argentinos que no aprendieron sus secretos para venir hasta aquí. Y si a eso se le suma que en Bronnitsy el porcentaje de personas que hablan en inglés es inferior al de la gente que reside en Moscú (en la capital lo hablan tres de diez personas), sentarse a comer puede llegar a convertirse en una situación hasta incómoda.

El primer desafío se presenta al recibir la carta, más allá de que los mozos suelen tener muy buena predisposición para tratar de acortar las barreras idiomáticas. En los restoranes o bares en los que la carta no está acompañada por una foto, elegir un plato apetecible se parece mucho a jugar a la perinola: a veces se depende de la suerte para acertar con la comida deseada. A más de un enviado especial de los medios argentinos le pasó eso de ordenar una comida y luego recibir otra completamente distinta. "Un día pedí carne asada con ensalada y me trajeron un plato de pastas", cuenta Javier Gil Navarro, periodista de ESPN.

Algo parecido le ocurrió a Rama Pantorotto, enviado de Telefé. "Quería tomar un agua mineral sin gas y me llevaron a la mesa una gaseosa con un sabor extraño. Es difícil hacerse entender en algunos lugares porque acá son más bien pocos los rusos que hablan en inglés", comenta.

Marcelo Benedetto, periodista de Fox Sports y la TV Pública, encontró una buena solución: "Yo uso el traductor de Google en el teléfono y así ya no tengo problemas, porque al principio fue complicado".

Los dueños del restorán Golden Horses (Caballos Dorados) dieron en la tecla: al enterarse de que Argentina iba a instalarse en este pueblo ubicado a 54 kilómetros de Moscú, mandaron a imprimir una carta en la que debajo de cada plato está la traducción al español. "Es una ventaja porque muchas veces se complica hacerse entender con los mozos o las camareras", asegura Nicolás Singer, periodista del canal de cable Todo Noticias.

A decir verdad, esa clase de dificultades para los viajeros que llegan desde la Argentina se pueden presentar en cualquier ciudad de este país. En Moscú puede ocurrir lo mismo, aunque el hecho de ser una ciudad muy atractiva para el turismo la vuelve un poco más accesible. "Acá, la gente que te atiende en los restoranes por lo general habla en inglés y eso facilita las cosas. Si no, se complicaría porque el alfabeto ruso es inentendible para nosotros", ratifica Juan Cortese, periodista de TyC Sports.

Además, no todos los mozos o camareras tienen la misma paciencia para ayudar al visitante o para intentar hacerse entender. "Hay gente a la que no le gusta tener que hablar en otro idioma y algunos te lo hacen saber", agrega Singer.

A Cortese le ocurrió una situación que él califica de desopilante. Y lo explica así, entre sonrisas: "Tenía ganas de comer un helado de chocolate y vainilla, lo encargué y la moza me levantó el pulgar, dándome a entender que había comprendido mi pedido. Y después me terminó llevando a la mesa una sopa de remolachas, un plato que es bastante común aquí en Rusia".

A modo de contrapeso, también hay que dejar en claro que en la mayoría de los restoranes existen platos muy variados y que se pueden comer carnes, pollo, pescado, pastas, ensaladas. Lo mismo, en definitiva, que en cualquier restorán de la Capital Federal, Córdoba, Rosario o cualquier otro lugar de la Argentina.

Los platos típicos rusos son varios, y allí depende de las ganas que tenga cada uno de experimentar con comidas desconocidas para el paladar criollo. Uno de los que más salen entre los argentinos más audaces es el pelmeni, un enrollado de carne o pollo y huevo duro. El shashlyk, un plato preparado con carne y cebolla, también cuenta con el aval de más de un compatriota que se le animó. Y para quienes gustan de las sopas, hay dos que salen mucho en los restoranes a los que van los hinchas vestidos de celeste y blanco: la uja, de salmón o bacalao con patatas; y la shchi, con col y carne.

La gastronomía juega un rol clave en cada Mundial. Y aquí, lejos de ser una excepción, también puede ser motivo de incomodidad o de situaciones graciosas, según el ojo con el que se lo mire.

SEGUÍ LEYENDO EN INFOBAE DEPORTES