El relator Juan Carlos Morales, con gorra azul, en Japón durante el Mundial Juvenil de 1979
El relator Juan Carlos Morales, con gorra azul, en Japón durante el Mundial Juvenil de 1979

Si hay un enemigo indiscutido, que no conoce de pensamientos, credos, gustos y religiones, ese es el despertador. Su sonido estremece y casi nunca es preludio de algo grato. Detrás se aglomeran obligaciones y cuestiones que lejos están de las actividades placenteras. Pero los argentinos tuvimos una excepción y nos amigamos temporalmente con él. Fue entre agosto y septiembre de 1979, cuando en las misteriosas tierras japonesas, tuvo lugar el segundo campeonato mundial de fútbol juvenil.

La selección argentina, dirigida por Menotti y con los 18 años de Diego Armando Maradona como símbolo y estandarte, se perfilaba como candidata, pero el gran desafío, más allá de seguir paso a paso la actuación del equipo, era saber cómo se iban a vivir los partidos. La diferencia horaria jugaba en contra y las comunicaciones estaban lejos de tener la calidad de la que gozan 40 años después.

Por televisión la opción era por Argentina Televisora Color (ATC) y por radio, donde algunos abrevamos, con la portátil pegada al oído, desandando las cuadras hacia el colegio, era por radio Rivadavia, la emisora líder, que había destinado como enviado a Juan Carlos Morales como relator. A este hombre de voz potente y amena, muchos lo conocimos allí y lo admiramos hasta hoy: "Me enteré pocas semanas antes de que iba a tener que hacer la travesía hacia Japón, sin demasiada preparación. El viaje fue largo. Primero fuimos a San Francisco y luego a Hawai, todo bastante cansador. Llegué a Japón unos días antes de que se inicie el torneo junto a Tito Junco, que iba a ser el comentarista".

El joven Maradona en línea al lado Juan Carlos Morales, el relator de Radio Rivadavia en ese entonces.
El joven Maradona en línea al lado Juan Carlos Morales, el relator de Radio Rivadavia en ese entonces.

¿Cómo era hacer una transmisión de radio desde el otro lado del mundo hace 40 años? "Era toda una historia muy particular, porque el enlace se hacía por línea telefónica vía España y de allí a nuestro país. En el partido contra Polonia de la fase de grupos, por ejemplo, hasta los 20 minutos, solo llegábamos hasta Madrid y no entraba en Buenos Aires. No teníamos buen retorno, por supuesto. Si la línea se quedaba en algún lado, chau, no iba más (risas).

La atención que nos brindaron los japoneses fue fantástica, eran de avanzada. Ellos eran los encargados del montaje de la parte técnica (consola, micrófonos, etc). Tras ese inconveniente del match con los polacos, les fuimos a reclamar y se querían morir. Nos pedían disculpas de todos los modos posibles".

"La sociedad japonesa se enganchó mucho con aquel torneo en general y con el equipo argentino en particular, de manera especial por la figura de Maradona, que ya eclipsaba. Pero sobre todo porque aquel cuadro fue extraordinario: jugó seis partidos, los ganó todos, marcando 20 goles y desplegando un fútbol maravilloso. Entre Diego y Ramón Díaz hicieron 14 y configuraban lo más poderoso de la idea de Menotti".

El equipo avanzaba e ilusionaba: Indonesia (5-0), Yugoslavia (1-0), Polonia (4-1) para superar con inmensa autoridad la fase de grupos. Otro 5-0 (ahora a Argelia) para sellar el pasaporte a las semifinales, todo enmarcado en el relato de Juan Carlos Morales, que se iba amplificando: "A medida que el equipo seguía adelante fuimos tomando conciencia de la repercusión de nuestro trabajo.

Fui con la idea de cubrir un campeonato más y de a poco descubrimos la potencia que tenía ese mundial, que lamentablemente, también fue usado políticamente, cuando el Gobierno detectó que el fútbol le estaba dando una mano bárbara y los chicos, que solo fueron a jugar al fútbol, se encontraron que estaban siendo utilizados para darle a la gente una alegría que no tenía. Así como el Mundial '78 había sido un pasaporte de gloria para un momento de dolor, el del '79 fue una continuidad".

Morales cree que el brillante desempeño del seleccionado juvenil le vino a la perfección al gobierno militar para mostrar otro país al mundo.
Morales cree que el brillante desempeño del seleccionado juvenil le vino a la perfección al gobierno militar para mostrar otro país al mundo.

El jueves 6 de septiembre, un día antes de la final, arribó al país la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, con el firme propósito de investigar las denuncias que recaían sobre el gobierno de facto de Jorge Rafael Videla. La posibilidad concreta de ganar otro título mundial, le abrió una ocasión inesperada al Gobierno, que decretó asueto para el día siguiente, propalando por los medios afines una idea: "Sin importar el resultado, Argentina ya ganó. Mañana todos a festejar a las calles". Juan Carlos Morales vivió como pocos aquella situación, ya que luego de relatar los goles que le dieron la copa a la Selección al superar 3-1 a la Unión Soviética, tanto él como su compañero Junco, recibían incesantes órdenes de su jefe, José María Muñoz. 

"La idea era lograr una comunicación entre Videla (en los estudios de ATC donde había visto el partido) con Maradona y Menotti (en los vestuarios del estadio de Tokio). Tito fue el que bajó a los camarines. Yo me quedé en la cabina, porque no tenía ninguna intención de participar de eso y buscaba la forma de eludir esa alternativa. Muñoz estaba en los estudios centrales de Rivadavia y repetía sistemáticamente 'hay que cumplir con el operativo', sin decir cuál era. Lógicamente era algo que debíamos hacer porque estaba previsto, pero no fue una situación cómoda. Tito Junco trataba de lograr el enlace en medio de la locura del vestuario. Horacio García Blanco, otro gran comentarista de la emisora, estaba junto a Videla para concretar el diálogo. Nosotros estábamos al tanto desde antes de iniciar la transmisión de tener que hacer ese enlace, porque teníamos conocimiento que acá se habían suspendido las clases. Había un manejo del tema como para que la mayor cantidad de gente se sumara a los festejos, más allá de un partido de fútbol".

La comunicación telefónica entre Videla, Menotti y Maradona, tras el triunfo argentino en Japón

Dejando de lado los engorrosos momentos vividos, donde se mezclaban fútbol y política, de aquella selección esplendorosa, quedó el recuerdo de un Maradona genial, diáfano, puro, tal como lo evoca Morales: "Era un chico totalmente transparente, que disfrutaba de jugar al fútbol con sus amigos, que eran sus compañeros. Prácticamente no hablaba y solo se dedicaba a jugar. Que lo hacía mejor que nadie. Fue su gran presentación y el lanzamiento a la fama. Si bien no era un desconocido, a nivel internacional había tenido poco roce".

A 40 años de distancia, al gran relator marplatense le ha queda grabado una característica de aquel plantel: "Transmitían una seguridad y una convicción en su idea de juego, que llamaba la atención por ser tan jóvenes. Cumplía con el mandato de las tres G (ganar, gustar y golear), tan difícil en el fútbol de hoy. No se advertían ni miedos, ni riesgos".

La radio, esa compañera inseparable, lo fue aún más en las madrugadas del '79 con su voz: "Aún hoy hay gente que me recuerda el juvenil. Quedaron frases como levántese contento, o grite país. Son cosas que me conmueven". Como nos conmovíamos los chicos que gritábamos los goles del otro lado del mundo, al compás del "viene, viene, viene el gol" en el relato de Juan Carlos Morales. Sin saber que el relator gozaba del fútbol, pero sufría por el uso político de ese magnífico triunfo deportivo.

Agradecimiento especial a Deportea Mar del Plata por el material audiovisual.