Con una imagen descontracturada y un lenguaje moderno atado a la tecnología, Eddie Fitte logró un lugar en el noticiero de El TreceTelenocheEn síntesis pero, sobre todo, logró ser un referente distinto en la pantalla.

Sus informes pasaron del hombre que vive con leones en África al movimiento de los indignados en España o la cobertura en 2011 de las revoluciones estudiantiles en Chile.

También fue contactado por el equipo del ex agente de la CIA Edward Snowden, que filtró programas de espionaje masivo de EEUU, y que lo eligió para mostrar que el gobierno de Gran Bretaña espió entre 2006 y 2011 a funcionarios argentinos. "Será uno de los trabajos más grandes que hice o que vaya a hacer en mi vida, sin saber bien por qué me eligieron para difundirlo", dijo a Infobae Cultura.

Sin embargo, se le hizo imprescindible escribir y publicar sus obras. Primero fue Un culo en mi ventana, doce cuentos basados en historias reales, y más tarde, Pungueate este libro, cuentos psiquiátricos.

“Pungueate este libro, cuentos pisquiátricos”, de Eddie Fitte
“Pungueate este libro, cuentos pisquiátricos”, de Eddie Fitte

  —¿Qué fue lo que te motivó a escribir tu segundo libro?

—No pensé que iba a lograr publicarlos, hace tiempo que están escritos muchos de los cuentos, tanto los del primero como los del segundo libro. Lo que hago yo es ir curándolos, agregándole cosas y sumarle cierta cuota de madurez, que no llega a ser tanto -no soy completamente maduro- y como que los voy actualizando. La verdad es que en cada momento que escribí cada uno de los cuentos jamás pensé siquiera que los fuera a publicar, entonces el hecho de tenerlos publicados…

— ¿Cómo es tu proceso de escritura?

— Absolutamente personal. Y es un ejercicio que tengo desde que era chico, salió de una terapia que empecé; yo tendría, no sé, 6 años, viste esas cosas como de colegio, bullying, tristeza, esa cosa como medio colegial. El chabón me dijo que empezara a escribir diarios, que era una actividad que yo asociaba mayoritariamente al mundo de lo femenino, porque lamentablemente es como que a las que se incita a escribir sus vivencias personales y descargar las cosas en las páginas son las mujeres. La Pascualina, que no sé si seguirán existiendo, pero estimo que vos debés haber tenido más de una. Es una pena que se incita más a la mujer a que se descargue literariamente que a los hombres. Es como que es una cosa de minita, ¿viste? De nena. Y la verdad que es un ejercicio súper sano, sobre todo para cuando uno está creciendo y va atravesando cambios y cosas que le desagradan o que uno no comprende. Tener algún lugar donde volcar todas esas ideas está buenísimo, es súper útil y aliviana mucho la existencia del preadolescente, que está entrando en un mundo bastante desagradable ¿no?

— La escritura te ayudaba a superar algunos problemas, algunas situaciones que estabas viviendo…

— Obvio, obvio, un montón. Y siempre con esta vergüenza que me daba a mí como hombre, lamentablemente, tener un diario, ¿entendés? Y bueno, yo me acuerdo que se lo comentaba a mi psicólogo y él me dijo: "Mirá, la única diferencia entre la ficción y la realidad es cuánto la alteres. Vos cambiás un par de nombres de las personas, de las localidades, y seguís usando más o menos las mismas frases y características de cada personalidad y te podés alejar de eso que te da vergüenza hacer, que es escribir un diario". Pero era chico, no es que tuviera ningún tipo de prejuicio ni mucho menos. Y bueno, efectivamente empecé a hacer eso, a escribir las cosas que vivía en el día a día, les cambiaba las fechas, les cambiaba los nombres a las personas, cambiaba el nombre de la localidad, o por ahí me inventaba una localidad para mí mismo, buscaba en el mapita y decía, bueno, entonces esta historia va a pasar acá.

Eddie Fitte
Eddie Fitte

— ¿Qué te genera leerte?

—  Cuando leo lo que escribo, leo más como una especie de monstruo salvaje, irreverente al pedo, que no creo ser, pero que me hace muy bien ser a la hora de escribir. Como que uno siempre tiene sentimientos espantosos e ideas horribles en algún rincón del cerebro y creo que está bueno desarrinconar esas ideas, llevarlas a algún lugar y que en el plano de la fantasía, que es justamente la literatura básicamente, descargarlas ahí. Me parece que es súper saludable.

—¿Y te reconocés?

— No me gustaría decir que sí porque el libro tiene cosas como repugnantes a propósito, tiene como la intención de hacer enojar o por lo menos incomodar a la persona que lo está leyendo. Los dos libros, los tres, el que se viene ahora el año que viene también. Por eso no me gustaría decir que me reconozco.

—¿Con este libro buscabas transmitir algo en especial?

— Lo que busco siempre cuando escribo es este ejercicio personal, así como medio catártico, de sacarme cosas de encima básicamente. Pero después también tengo una idea a la hora de escribir que es como derrotar barreras ¿no? Como prejuicios. De sentir que si hay un chiste, o un comentario, o una frase que a mí me da miedo hacer porque está muy mal, me gusta como duplicar la apuesta y decir: escribilo. Escribí ese chiste, ese comentario horrible, esa idea que alguna vez escuchaste o hasta en algún enojo dijiste en voz alta. Animate a escribirlo. Porque si efectivamente existió es por algo, entonces ya lo vas dejando ahí. Me despersonalizo porque por supuesto son cosas que no pienso, pero me gusta jugar con eso, con la incorrección, de ver cuánto me puedo provocar a mí mismo y sé que eso cuando pase a los ojos de otro va a ser algo como decir "¿Qué carajo es esto que estoy leyendo? ¿Qué le pasa a este pibe, está loco?".

— ¿Son dos Eddie distintos el de la tele y el que escribe?

— Técnicamente no. Yo creo que por ahí para la televisión, por características del medio, sí soy disruptivo en los dos lugares ¿no? No me gusta decir que soy periodista porque no creo serlo, prefiero decir más que soy una persona como…

— ¿Estudiaste periodismo?

— Sí, sí, estudié periodismo pero no me gusta denominarme como periodista. Creo que soy una voz, por lo menos distinta, desde el aspecto y los tatuajes, la barba y todas esas boludeces que son como pequeñas cuotas que hacen a que uno tenga como un mínimo diferencial estético. Y creo que en lo literario intento también lo mismo ¿no? Como romper con algo. En los dos lugares creo que con lo que intento romper es con la corrección política innecesaria. Ese sería como el denominador común entre el Eddie periodista -ya me siento Maradona hablando en tercera persona- y el Eddie escribidor, tampoco me gusta decir escritor.

— O sea no sos políticamente correcto en ninguno de los dos casos…

— No, y muchas veces de manera forzada. Muchas veces me esfuerzo en no ser políticamente correcto porque me parece saludable, más allá de que algunas cosas de las que termino plasmando por ahí causen cierta impresión al principio. Pero me gusta eso.

—  ¿Qué te molesta de ser correcto?

— Me parece que muchas veces la corrección es una construcción social, tampoco me quiero poner a volar, pero como que impide que se hagan muchas cosas. Como que impide que se hable de ciertos temas. Que se normalice y se vuelva más cotidiano hacer humor sobre determinadas cosas sobre las que hoy por hoy todavía hay como cierto prejuicio a la hora de hacer chistes. O incluso escribir de manera medio así, como soez, o chabacana. Y me divierte hinchar las bolas con eso. Me divierte generar algo en el otro por más que termine siendo negativo en un montón de casos.

— ¿Siempre supiste que querías ser periodista?

— Desde chico, apenas empiezo con este ejercicio de escribir un diario íntimo y después transformarlo en ficción, me acuerdo que hacía como historietas, que fue la primera forma que encontré para narrar cosas. Y bueno, las dibujaba, las abrochaba y dibujaba las publicidades del kiosco de la esquina, porque yo ya era bastante kiosquero de chico y me gustaban los canjes… entonces era como "che, mirá, hice una historieta, ¿te puedo hacer el logo del kiosco y te lo cambio por tres alfajores y dos gaseosas?". Ok, dale.

¿Qué es lo que más te gusta y lo que menos te gusta del periodismo?

— El periodismo, como lo concebimos todos, no me gusta. No me gusta la idea de una persona objetiva, neutral, que no tiene posición ideológica, que no tiene intereses, que te habla desde el centro de una cuestión. A mí la objetividad no me interesa nada. Sí, por supuesto, me interesa balancear las ideas y tenerlas de los dos lados, juntar voces, hacer una balanza. Pero no pararme en el medio, es muy difícil pensar que una persona está caída del cielo y no tiene ningún tipo de interés comercial, político, deportivo, cultural, religioso. Uno siempre está como inundado de distintas ideas porque vos creciste en una casa con tu viejo, tu vieja, que te decían tal y cual cosa y fuiste a un determinado colegio, escuchaste determinado tipo de voces, determinado tipo de miedos a lo largo de tu vida, y necesariamente uno está condicionado por su ambiente sociocultural. En ese sentido es imposible ser objetivo y me parece un esfuerzo en vano. Por eso yo no me esfuerzo en decir que soy periodista, ni me siento orgulloso de serlo, me parece una denominación que tengo por lo que estudié. No significa que no me guste el ejercicio de la profesión, me encanta trabajar de periodista. Pero no creo ser uno.

— ¿Cómo que no crees ser uno?

— Sí, no lo diría orgullosamente eso. Sí me gusta decir que me encanta contar historias. Pero las cuento desde mi lugar y creo que el único denominador común que tienen los distintos laburos que he hecho es que están hechos a través de mi mirada. Yo soy como si fuera una cámara de fotos, vos tenés, no sé, un 35mm, un 40 fijo, un 24/70. Yo soy un lente que, de vez en cuando, si alguien tiene ganas, para ver la realidad se puede poner mi lente y ver las cosas como las veo yo. Bueno, y eso depende del nivel de alcance que uno termine después teniendo, que yo creo que le hablo a un puñado de gente como muy reducido, pero sé que tengo una conexión re importante con la gente que me lee. Y quieren mi punto de vista, no quieren mi neutralidad, ¿entendés?

— ¿Te afectan las críticas?

— No es que no me jodan, pero de alguna manera uno se va acostumbrando. Yo en un principio me gastaba mucho por la gente que me criticaba y demás, trataba de parar la pelota y decir hablemos, a mí no me jode que me puteés pero primero dejame contarte quién soy, qué hago y qué hice y después me puteás. Pero no arranquemos de entrada con la puteada. Y en un momento dije: '¿por quién me estoy gastando?, ¿por quién se gasta uno?, ¿vale la pena todo el tiempo estar perdiendo energía?' Yo considero que sí, que hay casos en los que me he sobreexplicado y valió la pena, y hay otros casos en los que no. Y bueno, uno va empezando a ser más selectivo, a decir en unos casos me gasto y en otros no.

— ¿Te gusta ser reconocido? Por ejemplo que la gente en la calle te diga: "Sos el de TN".

— Me gusta cuando la persona que me saluda sabe quién soy. Como: "Che, compré el primer libro, me acuerdo esa nota que hiciste que estaba buena". No me gusta que me digan "sos el chico de TN" y quedar así como una persona más que forma parte de la fauna televisiva, sin saber qué características te hacen relativamente diferente al resto. Sí me súper agrada cuando me encuentro con alguien que en algún punto conectó conmigo, eso me parece genial. Como darme cuenta de que hay un puñado de gente, ese pequeño nicho que más o menos comparte mis gustos musicales, cinematográficos, literarios, y que por eso, como que se siente amigo. Realmente amigo, porque me conocen mucho, porque me han leído, por los blogs o las notas en el diario. Yo me doy cuenta de que hay personas que me siguen desde hace mucho tiempo y me parece genial.

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