Sondra Better, 68, fue hallada muerta en la tienda de segunda mano para la que trabajaba en agosto de 1998. Más de 20 años después, Todd Barket, a la derecha, enfrenta un juicio por su asesinato (Foto: Washington Post)
Sondra Better, 68, fue hallada muerta en la tienda de segunda mano para la que trabajaba en agosto de 1998. Más de 20 años después, Todd Barket, a la derecha, enfrenta un juicio por su asesinato (Foto: Washington Post)

Cuando Todd Barket aplicó a un trabajo en una residencia de ancianos de Florida, probablemente no esperaba terminar en un juicio por homicidio en primer grado.

El hombre de 51 años vivió en los suburbios de Tampa hasta el mes de marzo, cuando sonó la puerta de su apartamento beige de estuco. Era la policía, y tenían algunas preguntas. Durante más de 20 años, las autoridades en Delray Beach, Florida, habían intentado descubrir quién asesinó a Sondra Better. Y gracias a la solicitud de empleo que había enviado hacía algunos meses, los agentes habían ido allí para arrestar a Barket.

El 24 agosto de 1998, Better estaba a sólo unos días de jubilarse de su empleo en una tienda de artículos de segunda mano. Ese día, dos adolescentes notaron que el establecimiento aún estaba abierto, una hora y media más tarde de su horario de cierre habitual. Cuando entraron, hallaron a la mujer de 68 años en el suelo. Ella había sido apuñalada y golpeada hasta la muerte, y las heridas de sus manos sugerían que había luchado para defenderse del atacante.

Better, que fue la única persona que trabajo ese día, no necesitaba el dinero que ganaba en la tienda. Más de una década antes, su esposo había dejado su negocio de suministros eléctricos, y los dos se habían mudado a Highland Bead, una comunidad frente al mar donde las calles tienen nombres como "Tranquility Drive" y casi todas las casas tienen un bote privado y piscinas cristalinas. Pero la pequeña señora, cuyas hijas habían crecido y se habían ido de casa, rápidamente se aburrió. Cuando un amigo le habló del trabajo en la Boutique Lu Shay's Consignment, ella se lanzó a por el empleo.

Durante los ocho años siguientes, pasó sus días rodeada de muebles vintage y baratijas coleccionables, en una calle famosa por sus tiendas de segunda mano. El trabajo le obligaba a organizar sus días, y le dio algo por lo que ilusionarse.

"Le gustaba animarse y ponerse bonita", dijo su esposo, Zeke Better, en una entrevista con el diario South Florida Sun-Sentinel en 2.000.

(Foto: Delray Beach Police Department)
(Foto: Delray Beach Police Department)

La pareja se había conocido en Brooklyn en 1940, cuando quedaron para una cita a ciegas. "Ella acababa de salir del instituto y yo acababa de regresar de la Segunda Guerra Mundial", contó Zeke al diario. "La vi sólo una vez y nunca dejé de mirarla". Se casaron en 1948 y estaban planeando viajar a Nueva York para renovar sus votos y celebrar su 50 aniversario de bodas una vez que terminara su último turno en Lu Shay. Pero ese día nunca llegó.

En lugar de eso, la policía se puso a trabajar para analizar la escena del crimen. Según los informes de la corte, estaba lleno de evidencias que examinar. Un rastro de sangre del asesino les condujo desde el cuerpo de la dependienta hasta la caja registradora y después, hasta la puerta principal de la tienda. Dos pesadas bolas decorativas de mármol estaban junto al cadáver, cubiertas con sangre de la víctima. Una tercera bola, parte del mismo set, estaba colocada sobre una bandeja de madera, en una mesa de vidrio de la tienda. Los detectives la desempolvaron y encontraron huellas dactilares.

La policía tenía un móvil del crimen: la caja registradora había sido vaciada, llevando a los detectives a pensar que estaban lidiando con un atracador, a pesar de que, de manera extraña, el agresor no se había llevado el Rolex de Better y su anillo de diamantes. Ellos tenían una teoría sobre el arma homicida con la que el asesino le cortó el cuello a la víctima: un cuchillo para pasteles había desaparecido de la tienda ese mismo día.

También tenían un posible sospechoso. Cerca de media hora antes de que hallaran a Better, un cliente la había visto hablar con un hombre blanco, alto y esbelto, que estaba regateando el precio de un sofá.

Pero lo que no tenían era un nombre. Las huellas dactilares que recuperaron de la bola de mármol y una muestra de ADN del rastro de sangre, se enviaron a una base de datos nacional, pero esta no arrojó ningún resultado.

Para el segundo aniversario de la muerte de Better, las pistas se habían enfriado. El Sun-Sentinel reportó que la policía había investigado a 37 sospechosos, incluyendo al hombre que fue al hospital por un corte en su mano la noche del crimen, un transportista de muebles que abandonó la ciudad y se mudó a Midwest inmediatamente después de que hallaran a Better, y otro hombre que siguió visitando la tienda y preguntando por el asesinato. Pero ninguno de ellos parecía coincidir con el ADN del asesino.

En 2015, Zeke Better murió. Esperando recibir una respuesta antes de su muerte, había financiado una beca para estudiantes de justicia criminal en Florida Atlantic University, y pasó 15 años como voluntario del Departamento de Policía de Delray Beach, según Palm Beach Post. "Ha sido muy, muy difícil", le dijo al periódico en 2002. "La echaré mucho de menos no importa lo que pase en mi vida. Jamás la dejaré de echar de menos".

(Foto: Delray Beach Police Department)
(Foto: Delray Beach Police Department)

Después, en diciembre de 2018, Barket aplicó para un trabajo como un auxiliar de enfermería certificado, un puesto que requería enviar varias huellas dactilares para una verificación de antecedentes. Pronto, la policía en Delray Beach recibió una llamada: sus huellas dactilares habían coincidido con las que habían hallado en la bola de mármol más de una década antes.

El hombre de 51 años estaba viviendo en Brandon, Florida, a casi 322 kilómetros de distancia, al otro lado del estado. Pero los detectives supieron que en el momento del crimen, vivía en una casa móvil cerca de Lantana, a unos 16 kilómetros de Delray Beach. Otros detalles comprobados, según una declaración jurada de la policía, incluían las descripciones de un sospechoso de 1.82 metros de altura y cabello color claro. Barket medía 1.88 y tenía el pelo rubio. Él nunca había estado entre los sospechosos.

"Él no había tenido contacto con ninguna fuerza de la ley, nunca había sido arrestado ni nada así", dijo John Crake-Baker, capitán de la Policía de Delray Beach en una conferencia de prensa en marzo, según informó Sun-Sentinel. Él tenía un historial criminal mínimo, principalmente citaciones de tráfico. Así que él estuvo fuera del radar, durante casi 26 años, antes de que esto ocurriera. Fue bastante sorprendente".

Pero Barket no parecía tan sorprendido, dijo Crane-Baker. Cuando la policía apareció por su puerta en marzo y le dijeron que estaban allí por un homicidio de 1998 en Delray Beach, se encogió de hombros y respondió "Está bien". Los detectives tomaron una muestra de su ADN y, en cuestión de días, habían confirmado que coincidía con las gotitas de sangre que habían hallado en la escena del crimen.

Barket se declaró no culpable, y su juicio comenzó el lunes en el condado de Palm Beach. Pero para entonces, una pieza clave, -la tercera bola de mármol- había desaparecido.

"Nunca verán la bola que supuestamente el señor Barket tocó en esa tienda", dijo a los miembros del jurado su abogado, el defensor público Joseph Walsh, según informó Palm Beach Post. "Hubo un fallo en cómo se procesó la escena del crimen".

Los fiscales, por su parte, defendieron que eso no importaba. Aunque la bola de mármol era lo que les había llevado hasta Barket, había sido el rastro de sangre recuperado en la tienda lo que probó que él había asesinado a Sondra Better hace más de 20 años.

"No hay otra explicación para que su sangre estuviera donde estaba la sangre del asesino y ladrón", defendió el fiscal estatal Richard Clausi, según de Sun-Sentinel. "Él fue quien lo hizo".