Larry Murphree tuvo que vender su casa tras las sanciones impuestas por colocar esta bandera en el portal (Gust Sarris/The Washington Post)
Larry Murphree tuvo que vender su casa tras las sanciones impuestas por colocar esta bandera en el portal (Gust Sarris/The Washington Post)

Poco después de abrir la casa de su asociación de condominios, Larry Murphree no se podía creer lo que estaba leyendo.

El personal encargado de hacer controles rutinarios en su vecindario para la Asociación de Condominios Tides había tomado nota de un "objeto no autorizado" en su portal. Se le exigió que lo quitara. Si no lo hacía, advertía la carta, se le impondría una multa de USD 100 al día.

El "objeto no autorizado" en cuestión era una bandera estadounidense de 43 centímetros que había colocado en una maceta. Y Murphree, que dice que pasó varios años como controlador aéreo en la Fuerza Aérea, no estaba haciendo nada para solucionar el problema.

"Es una pequeña bandera, pero representa un gran agradecimiento. Me di cuenta de todas las personas que cargan armas todos los días para protegerme a mí y a todas las personas que amo", decía sobre la simbología de su bandera.

Así comenzó una saga que ha consumido los últimos siete años de la vida de Murphree y varios cientos de miles de dólares que él había ahorrado para vivir en la comunidad de jubilados de Sweetwater, en Florida.

Hace tres años, esa situación le costó su casa.

Vendió su propiedad a raíz de un aumento de las tarifas y un gravamen impuesto por la asociación de condominios. La ejecución hipotecaria era inminente y esta situación había agriado su deseo de vivir en la comunidad. Sin embargo, su posición ha sido costosa y, ya con fecha de juicio, él intentará recuperar su dinero perdido. Está demandando por USD 1 millón.

Hace casi una década, Murphree fue una de las primeras personas en comprar una casa en esa comunidad de Sweetwater, que solo se permite la compra a personas mayores de 55 años. Cortó la cinta durante la ceremonia de apertura y algunos residentes lo llegaron a apodar "el alcalde".

Le gustaba que su comunidad privada y tenía muchas actividades que lo mantenían ocupado: piscinas cubiertas y al aire libre, canchas de tenis y una enorme casa club que acaba de construirse.

El único problema era que casi todas las casas eran muy similares, por lo que, con frecuencia, los vecinos se equivocaban de camino.

Cualquier intento de personalización fue mal visto y abiertamente rechazado por las asociaciones de propietarios. Los técnicos manejaban por la zona buscando infracciones. Algunos vecinos explicaron que tuvieron que sacar flores o luces de Navidad porque se consideraban inapropiadas.

Las cosas empeoraron cuando una nueva junta fue elegida y "siguieron apretando la soga".

La bandera fue la gota que colmó el vaso. Sarris dijo que todo se reducía a un simple principio: "¿Debería cualquier hombre que había servido en el Ejército perder su casa, una casa de retiro, por querer ser patriótico? Cualquiera puede ver que la Asociación de Propietarios se ha excedido".

Los representantes de la junta no respondieron a las llamadas ni a los mensajes para dar su versión de los hechos. Los estatutos de la comunidad permiten a los residentes enarbolar banderas en postes, pero no en macetas, según los documentos judiciales.

Murphree abogó por su caso durante las reuniones de la junta, y luego se dirigió a los tribunales federales y estatales. Su letrado señaló que habían "estado en todos los tribunales en los que podríamos estar".

Argumentó que las leyes de Florida y los estatutos federales permiten a las personas mostrar las bandera de Estados Unidos. La Ley de Libertad de Expresión de la Bandera Americana prohíbe a las asociaciones de propietarios y condominios impedir que los residentes exhiban la bandera. Pero permite lo que considera restricciones razonables.

Murphree pensó que había ganado la batalla en abril de 2012, cuando llegó a un acuerdo con la asociación, pagó los gastos judiciales y se le permitió mantener su bandera en la maceta.

Pero poco tiempo después, la junta redactó una nueva legislación que no mencionaba las banderas, sino que explicaba cómo los residentes debían exhibir las macetas.

"Una vez más", señalaba una de las demandas, "Murphree comenzó a incurrir en multas de USD 100 al día al exhibir la misma bandera estadounidense en la misma maceta".

El hombre continuó ignorando las amenazas de la asociación de propietarios. Las cosas empeoraron en ese momento ya que él tuvo que someterse a una cirugía en el cuello y pasó varios meses de recuperación.

Fue en esa época cuando los administradores empezaron a usar el dinero de sus cuotas para hacer frente a las multas. Sin saberlo, Murphree estaba muy atrasado en el pago de las cuotas de la asociación.

Afirma que la junta empezó a criticarle por no estacionar apropiadamente su automóvil en el lugar exacto de la entrada o por encender sus luces de Navidad con un panel solar en vez de hacerlo con una batería.

Frente a la ejecución hipotecaria, decidió vender su casa ya que acumulaba deudas desde hacía tres años. Se mudó con la mujer que, más tarde, se convertiría en su esposa.

Su nuevo hogar está en San Agustín y hasta ahora, según comentó, no había tenido problemas.

Una cosa que le gusta de su comunidad: un grupo local de veteranos coloca banderas a lo largo de la calle principal durante algunas fiestas nacionales.

La comunidad no restringe la colocación de banderas en propiedades individuales. Murphree tiene ocho, incluyendo una en una maceta en su pórtico delantero.