El centro financiero de Durban, en Sudáfrica, de noche (Bloomberg / Kevin Sutherland / The Washington Post)
El centro financiero de Durban, en Sudáfrica, de noche (Bloomberg / Kevin Sutherland / The Washington Post)

La política entorno a la tercera ciudad más grande de Sudáfrica, Durban, puede ser un asunto criminal.

Una sangrienta batalla por las posiciones en el Congreso Nacional Africano dejó decenas de muertos en la provincia de KwaZulu-Natal. La región, que representa más de una quinta parte de los miembros totales del partido, ha sido un campo de batalla entre dos facciones que compiten por el control de las posiciones con acceso a presupuestos gubernamentales, y que controlan miles de millones.

Un concejal local que representaba a los electores de la comunidad Umlazi en las afueras de Durban en la década pasada, supo en diciembre que sus compañeros de partido estaban planeando su asesinato.

"La contienda política ya no es saludable", dijo el concejal que pidió no ser identificado por temor a represalias. "Si te desafío, eso quiere decir que seré tu enemigo hasta que mueras", agrega al respecto.

KwaZulu-Natal fue una de las regiones más disputadas en la carrera por elegir al sucesor de Jacob Zuma como líder del ANC en diciembre. Cyril Ramaphosa derrotó a Nkosazana Dlamini-Zuma, ex esposa de Zuma y ex presidenta de la Comisión de la Unión Africana, y fue elegido presidente de Sudáfrica a principios de febrero.

La violencia se ha cobrado la vida de 22 políticos desde enero de 2016 y de otras 100 personas en los últimos cuatro en toda la provincia, según cuenta Mary De Haas, investigadora que supervisó la región durante varias décadas. Los tiroteos en automóvil son el método favorito para matar en Durban, una ciudad portuaria que tiene 3.7 millones de personas.

Es una situación tan mala que una comisión encabezada por Marumo Moerane, un abogado, está llevando a cabo audiencias públicas para hablar de la violencia. Allí asisten regularmente familiares que relatan cómo fueron asesinados los miembros de su familia.

El ala juvenil del ANC celebró una marcha en Pietermaritzburg, la segunda ciudad y capital de KwaZulu-Natal, para crear conciencia sobre los asesinatos políticos.

La reciente agitación política en el gobierno se ha filtrado para paralizar algunas de la unidades de lucha contra el crimen de Sudáfrica, dice Senzo Mchunu, ex primer ministro de KwaZulu-Natal. La provincia no es ajena a la violencia política, que alcanzó su apogeo en el período previo a las primeras elecciones democráticas de Sudáfrica en 1994 que llevaron a Nelson Mandela al poder después del dominio de la minoría blanca.

"Hay personas que tienen planes para matar a otras personas, y no podemos hacer nada al respecto", señala Mchunu en una entrevista. "Parece estar enviando un mensaje que dice que el aparato de seguridad del estado está experimentando un cierto nivel de parálisis, lo que significa que la sociedad, los miembros del ANC, las posibles víctimas, están realmente solos", añade.

Los asesinatos probablemente estén respaldados por una "maquinaria bien engrasada" vinculada a la industria nacional de minibuses y taxis, que ha protestado contra la regulación y el control del gobierno.

En el caso del concejal, se enteró de que cinco personas, entre ellas compañeros del partido, se habían reunido para discutir formas de matarlo por desacuerdos sobre su trabajo comunitario y para que un asociado afín pudiera reemplazarlo.

Se encontró con el asesino a sueldo después de que uno de sus familiares lo rastreara. El asesino confirmó la trama y prometió no llevarla a cabo.

"Fue una reunión difícil. Ni siquiera podía mirarlo a los ojos. ¿Cómo me siento frente a alguien que planeó algo así contra mí?", relata.

A pesar de que se detuvo ese plan en particular, el concejal dijo que sabía que todavía podría ser un objetivo.

"Sé que las personas pertenecen a Dios, si Él los deja, me matarán", apostilla.