(KTLA)
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La idea de la camiseta era una obra de Rob Leibowitz, hecha con profunda desesperación.

Leibowitz, de 60 años, había tenido que someterse a la diálisis durante varios años porque sus riñones no funcionaban correctamente. Estaba agradecido de que los tratamientos lo mantuvieran vivo, pero esas sesiones duraban cuatro horas, tres días a la semana, un compromiso desafiante para un padre soltero que trabaja a tiempo completo. Él necesitaba que alguien le diera un riñón.

La búsqueda de un donante se complicó por su tipo de sangre, O Positivo, que lo convierte en un donante universal, pero solo puede recibir un riñón de una persona con ese mismo tipo de sangre. Los hijos de Leibowitz no podían donarle por razones médicas.

Estaba en la lista de cuatro hospitales de Nueva York para recibir un riñón de un donante fallecido, pero la espera era de siete a diez años y su salud se estaba resintiendo.

"El cuerpo se estaba deteriorando con el paso de los años", recuerda Leibowitz, que vive en Lawrenceville (Nueva Jersey).

El hombre relata que mientras esperaba y buscaba un donante, estaba decido a disfrutar de la vida, y eso también significaba irse de vacaciones con sus hijos. Se describe a sí mismo como un fanático de Disney, así que Leibowitz siempre lleva a sus hijos a Disney World cada dos años.

"La mayoría de las veces los padres van a Disney por sus hijos. Mis pequeños me vienen a buscar para ir", bromea cuando habla de sus hijos, que tienen entre 15 y 32 años.

Al planear un viaje a DisneyWorld para agosto del año pasado, a este padre soltero se le ocurrió la idea de hacer una camiseta pidiendo una donación de riñón. Él trabaja para una empresa de publicidad, por lo que tiene algunos conocimientos sobre cómo conectar un mensaje con una persona.

"Quiero dejar la diálisis, quiero estar 25 años más con mis hijos. Si puedo llamar la atención de una persona, es una más que lo sabrá", decía.

Su hija diseñó la camiseta y se gastó unos USD 35 para imprimirla. La prenda, de color blanco, tenía una escritura negra, sencilla, en el anverso y en el reverso: "Necesito una llamada positiva para un riñón" e indicaba su número de teléfono.

"¿Dónde voy a tener más exposición que en DisneyWorld, con cientos de miles de personas caminando todos los días? Tal vez, incluso, conseguiría una pócima mágica de un duendecillo", agrega en tono de broma.

En los parques de Disney, Leibowitz vio que la gente se estaba fijando en su camiseta y que, incluso, se tomaban fotos con él. En Magic Kingdom, Leibowitz se encontró con Rocío y Juan Sandoval, que compartieron la fotografía a través de Facebook.

En la foto, Leibowitz aparecía empujando a su hijo Max en una silla de ruedas. La silla era para él, por si se cansaba de caminar. Pero se sentía bien. Así que Max, que no tenía problemas físicos, salió a dar un paseo. Rocío le dijo a Leibowitz que esperaba obtener unas 200 interacciones.

Pero la fotografía se compartió unas 33,000 veces el primer día y, al final de la semana, habían llegado a los 90,000. En pocos días, 100 personas lograron ponerse en contacto con Leibowitz.

"De repente, mi teléfono no paraba de sonar", cuenta. Respondía a cada mensaje de texto, a cada llamada de teléfono y cada mensaje de Facebook. "No tenía idea de que esto sería tan viral y tan exitoso", comenta al respecto.

Donar un riñón requiere un largo proceso de evaluación, que incluye extensas pruebas médicas y una evaluación psicológica. De las personas con las que contactó, Leibowitz dijo que alrededor de 50 de ellas se habían comprometido a ver si eran compatibles.

Después de las pruebas iniciales, tres posibles donantes fueron a Nueva York para realizarse los análisis adicionales, que incluían reuniones con psiquiatras, trabajadores sociales y un cirujano. Luego hubo una analítica de sangre, radiografías y pruebas de tejido. Ninguno de los tres era factible para la donación.

Entonces fue cuando Leibowitz escuchó a Richie Sully, que también era un padre soltero, con dos hijas y residente en Fort Wayne (Indiana). Después de pasar las pruebas iniciales, Sully hizo un viaje de 16 horas en autobús hasta Nueva York para realizarse más pruebas. No podría haber ido mejor.

Después de cuatro años de búsqueda, Leibowitz finalmente había encontrado la combinación perfecta.

"Llamé a mis hijos y ellos no sabían qué decir. Fue una gran sensación de alivio y felicidad", recuerda.

El hombre llevó a Sully para que conociera Nueva York y, en poco tiempo, se convirtieron en grandes amigos. "Teníamos mucho en común: la música, los deportes y la familia", comenta.

En un momento dado, incluso, le llegó a decir a Sully que parecía que ellos habrían sido "amigos de toda la vida" si se hubiesen conocido en circunstancias diferentes.

La cirugía se completó el 18 de enero en el New York Persbyterian Hospital y fue un gran éxito. Leibowitz y Sully salieron del hospital días después.

"No es gran cosa", dijo Sully a la cadena PIX 11 de Nueva York sobre la cirugía. "Si pudiéramos hacer que la gente entendiera cuán importante es, tendríamos a muchos más donantes", agregó sobre ese tema.

Después de la atención mediática que tuvo el caso de Leibowitz, varias personas que también necesitan un transplante de riñón se pusieron en contacto con él.

"No pierdas las esperanza, llegará tu momento. Tienes que mantenerte positivo", responde el hombre.

"Espero que la gente piense en ser donante", replica. Él quiere que la sociedad sepa que los donantes de riñón viven vidas largas y saludables.

"Todo el mundo tiene dos riñones. Tienes uno de repuesto, compártelo", finaliza.