(Karsten Moran/The New York Times)
(Karsten Moran/The New York Times)

Temporada de otoño a invierno: la época del año en que nos reunimos para encender una vela, cortar un pavo, brindar. Es una temporada apreciada y temida a menudo en igual medida. Sin embargo, aunque asistir a la fiesta de fin de año de la empresa o a una posada con la familia parezca una carga, los científicos sociales y otros expertos argumentan convincentemente que la unión hace la fuerza: las reuniones son buenas para nuestro cuerpo y nuestra alma.

“Nuestras conexiones sociales con los demás tienen una influencia poderosa en la salud y la longevidad”, escribió Julianne Holt-Lunstad, profesora de Psicología en la Universidad Brigham Young, en su 2018 evaluación de estudios sobre relaciones sociales y salud física. El apoyo social no solo es un amortiguador en contra del estrés, dijo, sino que además la ausencia de conexiones califica como un factor de riesgo para la mortalidad prematura, casi tanto como los riesgos de salud asociados con la obesidad.

La buena noticia es que muchos caminos llevan a las conexiones. El apoyo social quizá implique darse consejos, escucharse o darse un abrazo durante un episodio estresante, hacer que alguien se sienta incluido en un contexto de socialización o darle apoyo tangible, como darle comida o llevarlo en auto. Además, los beneficios a largo plazo son importantes: las primeras investigaciones de Holt-Lunstad muestran que las relaciones sólidas pueden mejorar nuestra longevidad.

Las festividades ofrecen una enorme gama de oportunidades para dar y recibir ese tipo de momentos que dan alegría. Robin Dunbar, profesor emérito de Psicología Evolutiva en la Universidad de Oxford, dice que las comidas en especial son un gran ejemplo. “Nos ayudan a establecer una comunidad, y crear o reforzar relaciones con familiares y amigos”, comentó.

Además, comer en grupo libera endorfinas, neurotransmisores que interactúan con los receptores de los opiáceos en nuestros cerebros y proporcionan una sensación de vínculo y sentimientos de bienestar. Sin embargo, el hallazgo inesperado de la investigación de Dunbar es que la importancia de estas reuniones se debe menos a la comida y más a qué —y quién— la rodea.

POR QUÉ COMER EN GRUPO NOS ACERCA AL PRÓJIMO

Para entender mejor por qué, Dunbar presentó una lista de detonadores de endorfinas —el alcohol, la risa, el canto, el baile y la narración de historias, además del chocolate (como representante de los alimentos)— y les preguntó a las personas analizadas qué elementos creían que tenían el mayor impacto. Los factores que contribuyeron de manera abrumadora a su sentido de vínculo fueron la risa, las historias y el alcohol. El chocolate (que representa la comida) contribuyó con la cercanía en tan solo el diez por ciento de las comidas.

La teoría de Dunbar es que nuestros cerebros explican estos resultados. El alcohol, dijo, “parece ser uno de los mejores detonadores que los humanos hayan encontrado del sistema de endorfinas”. La risa es infecciosa y activa la misma respuesta. Además, aunque la comida quizá sea menos esencial de lo que se esperaba, sentirnos satisfechos también nos hace felices.

Quizá estás pensando: “Muy bien. ¿Entonces por qué no simplemente combinar un trago, un programa de comedia y pedir comida a domicilio?” Porque, según Dunbar, el contacto humano y la interacción simultánea son importantes. “La sincronía de comportamientos potencia de manera masiva el efecto de las endorfinas, razón por la cual funciona la risa”, comentó. “Es un comportamiento muy sincronizado, más de lo que nos damos cuenta”. La comida y el alcohol, dijo, “quizá te suben a una plataforma, pero la sincronía del comportamiento de conversar, cantar o lo que hagas te lleva a un plano completamente distinto”.

CÓMO CONECTARSE CON LA GENTE DE LA MANERA ADECUADA

¿Entonces cómo llegamos exactamente a ese nivel más alto? Priya Parker, autora de “The Art of Gathering: How We Meet and Why It Matters”, sugiere que pasemos menos tiempo enfocados en las decoraciones o reflexionando acerca de cómo creemos que debe lucir una reunión y más tiempo pensando en las cosas que apoyan estas conexiones.

Comiencen, dijo, con una pregunta sobre las intenciones: “¿Qué necesita esta familia, compañía o grupo de amigos este año en esta ocasión de reunión?”. Esa respuesta será la columna vertebral y revelará la manera en que debe estructurarse el evento. Después pregúntales a algunos de tus invitados cómo quieren que se sienta o se desenvuelva la reunión, y después sigue adelante. “Si te dicen: ‘¿A qué te refieres?’ Es una tradición’, entonces pregunta: ‘¿Por qué es una tradición? ¿Queremos seguir practicándola?’”. Si las tradiciones necesitan modificarse (no es el caso de todas), ahora has generado las condiciones óptimas para que haya un cambio.

Estas preguntas abiertas fomentan la participación donde quizá había apatía; inclusividad en vez de rutina. “Así, por ejemplo, si el propósito de este año es la generosidad, invita a todos”, dijo Parker. “Invita a tu casa a alguien que no tenga dónde celebrar el Día de Acción de Gracias este año. Y después involúcralos de manera significativa en la sala”.

Esa conexión es lo que Parker llama una “apertura” y es en lo que sugiere que reflexionemos mucho. Si eres el anfitrión, ¿cómo creas significado en esos primeros momentos?”, dijo. “Vas a la puerta y les das un abrazo a tus invitados. Les das un trago. Pero, en algún momento, haz sonar tu copa y diles a todos: “Son bienvenidos. No es accidente que estén aquí conmigo”.

Parker es facilitadora de grupos con experiencia en la resolución de conflictos; entiende que reunirse no siempre es fácil, sobre todo cuando se trata de nuestros seres queridos. “Las familias son diversas, complejas y siempre cambiantes, y como con cualquier otro grupo, las necesidades no son estáticas”, dijo. “Cambian con el tiempo”.

Es importante entender qué es lo que más necesita la familia este año, tomando en cuenta los sucesos y las pérdidas recientes. “Si es el primer año después de la muerte del abuelo, ¿queremos practicar la misma tradición?”, ejemplificó. “O, si ha sido un año muy difícil para algunos miembros de la familia, quizá la necesidad más importante simplemente sea estar juntos, divertirse y prohibir la política. O, si callando ciertas cosas hemos creado más distancia en la familia, entonces la necesidad más apremiante quizá sea tener conversaciones significativas”.

Esos momentos de conexión no se limitan a la mesa. Quizá ocurran mientras cocinas o vas a la tienda, un momento perfecto, dijo Parker, para unir a personas que no siempre pasen tiempo juntas. “Cada uno de estos actos y actividades son una excusa para pensar en cómo comenzamos a unir o a reunir a la familia o un grupo de amigos o quien sea”.

ÁBRETE Y LOS DEMÁS TAMBIÉN LO HARÁN

Alice Julier, socióloga y autora de “Eating Together: Food, Friendship, and Inequality”, explica que conectarnos con el que está sentado enfrente de nosotros puede ayudarnos a cambiar percepciones sobre el mundo que nos rodea. “Las comidas familiares son donde la gente se une y aprende las reglas de la vida”, dijo.

Sin embargo, cuando comemos con personas ajenas a nuestra familia, dijo, algo extraordinario puede ocurrir: “Al comer juntos, sobre todo cuando se comparte el trabajo de preparar la comida, la gente se pone al mismo nivel. Las comidas compartidas tienen el potencial de conectar a la gente a pesar de las diferencias”.

Los elementos más importantes de la comunión resuenan con los hallazgos de Dunbar. Mientras te diviertes preparando comida e ingiriéndola, ábrete con tus invitados, y pídeles que hagan lo mismo.

“Compartan historias. Compartan experiencias en vez de opiniones”, dijo Parker. “Para el Día de Acción de Gracias, por ejemplo, otra manera en que podrías preguntar ‘¿De qué estás agradecido?’ es decir: ‘Cuéntanos una historia —una experiencia de este año que nadie en la mesa haya escuchado— y cómo se relaciona con tu entendimiento de la gratitud, la comunidad, la cosecha’”.

Para los que aún sienten la necesidad de pasar estos momentos sin compañía, Parker sugiere pensarlo bien. Algunos de los participantes más exitosos de las reuniones, dijo, son quienes dicen tener ansiedad social y no disfrutan la convivencia en grupo. “Parte del motivo por el que son tan poderosos y buenos para reunirse es que crean los eventos a los que les gustaría asistir”, dijo.

La necesidad de conectarse, dice Julier, es “parte de nuestra humanidad”. Hay una tensión, dijo, “entre la necesidad real de practicar un ritual y un deseo real de estar en mi pijama con mi perro y mi gato. Pero me parece que necesitamos ambas cosas en este momento. Ser social conlleva trabajo. Es un tipo de esfuerzo que debemos realizar como humanos. Pero lo mejor es que tiene sus recompensas”.Simran Sethi es una periodista dedicada a los temas de comida, ciencia y cultura. Su trabajo se ha publicado en The Washington Post, The Guardian y Smithsonian Magazine. Puedes seguirla en Instagram o Twitter @simransethi.

*Copyright: 2019 The New York Times Company