De izquierda a derecha la familia de John Steffen: Dulcia Steffen, su hija, Kathleen Fimple, su viuda y Ebony DeBolt, su nieta. (Foto: Terry Ratzlaff para The New York Times)
De izquierda a derecha la familia de John Steffen: Dulcia Steffen, su hija, Kathleen Fimple, su viuda y Ebony DeBolt, su nieta. (Foto: Terry Ratzlaff para The New York Times)

En primavera Kathleen Flimple enterró a su esposo John, para el otoño trataba de ajustarse a su nueva vida como viuda.

Kathleen aceptó lo que los doctores le dijeron acerca de que su esposo falleció a los 68 años de una falla respiratoria y una enfermedad pulmonar después de años de fumar cigarros, esto junto con un episodio de neumonía. Ella volvió a trabajar y canceló el viaje por Europa que la pareja había planeado tomar durante ese mes.

Después recibió la llamada inesperada de un doctor del departamento de salud de Nebraska. Estaba investigando la muerte de su esposo y concluyó que su muerte había sido causada por enfermedades relacionadas con el vapeo.

La noticia ocupó los titulares en todo el estado. John Steffen, un padre alto, fuerte y barbudo de tres niños, que amaba pescar, era aficionado al equipo de fútbol americano Cornhuskers y cantaba como barítono de una manera tan hermosa, que acaparaba las miradas en la misa de los domingos. Fue el primer caso de este tipo conocido en Nebraska y se convirtió en una de al menos 29 personas que murieron en circunstancias similares.

La muerte del señor Steffen es parte del profundo misterio médico alrededor de las enfermedades relacionadas con el vapeo. La mayoría de las personas que se enfermaron por esta práctica usaron productos con THC, pero el señor Steffen utilizaba exclusivamente nicotina vapeada.

Desde el momento de la muerte hasta ahora, la familia se ha visto consternada por distintas preguntas como ¿qué tenían los cigarros electrónicos y los cartuchos de nicotina que el señor Steffen pudo haber comprado en Walgreen o en Walmart? O, más difícil aún: ¿Seguiría vivo si no hubiera comenzado a vapear?

“Me asusta porque no sabemos cual es el efecto que tuvo el vapeo”, dijo la doctora Fimple, una trabajadora del gobierno estatal, mientras se sentaba a platicar con su hija, Dulcia Steffen. La doctora Fimple asintió con la cabeza mirando hacia un paquete de cigarrillos electrónicos que estaba en la mesita de café y que habían pertenecido a su esposo. “Es como mirar un arma de fuego cargada”, dijo.

“No quiero dejarlo”

Como un adolescente que creció en el noreste de Nebraska en los años 60, el señor Steffen comenzó a fumar de manera casual, pero mantuvo el hábito hasta la edad adulta.

Durante el invierno, algunas veces encendía un cigarrillo a un lado de la estufa de la cocina y soplaba el humo hacia el extractor de aire.

“Él decía, ‘me gusta y no quiero dejarlo’”, recalcó´ la doctora Fimple. “Al final él aceptó la idea de que fumar era malo”.

El señor Steffen tuvo dos hijos en su primer matrimonio, y la hija con la doctora Fimple, Dulcía, quien le rogó que dejara de fumar. Cuando Dulcia dio a luz a su propia hija hace 15 años, tomó fotos de la bebé y las puso dentro de los paquetes de cigarrillos de su padre.

“Veía su cara cada vez que sacaba un cigarro”, dijo Steffen. “Pensé ‘ok, he tratado con todas las tácticas que pude”.

Mientras se acercaba a la mediana edad, el señor Steffen, que trabajaba como agrimensor, comenzó a enfrentar problemas médicos. El doctor le dijo que tenía fibrilación auricular, una enfermedad cardíaca. Se enteró después que tenía linfoma no hodking y soportó la quimioterapia. Después de décadas de fumar, le diagnosticaron una enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

“Pensó que iba a morir de cáncer de pulmón”, dijo la doctora Fimple.

La única cosa que ayudó al señor Steffen a dejar de fumar por su bien: un cigarro electrónico.

Cinco años después de comenzar con el vapeo de nicotina – compraba marcas de cigarros electrónicos como Mistic, Blu y Juul que eran vendidos sin receta en las grandes tiendas y farmacias – jamás volvió a consumir otro cigarro. Pero como cuando fumaba cigarros, comenzó a vapear varias veces al día.

A inicios de este año, fue inevitable que el señor Steffen contrajera un resfriado. Ya no podía ir a misa dominical porque su tos era tan severa que prácticamente hacía temblar las paredes de la iglesia.

En abril visitó a un doctor y tomó antibióticos que hicieron muy poco para ayudar a su tos.

Durante una segunda visita en mayo, una radiografía de tórax reveló que tenía neumonía. El señor Steffen fue internado en el hospital para recibir más medicación. Nada pareció ayudar. Su apetito, una semana después de entrar al hospital, disminuyó aún más.

Un viernes por la mañana, a una semana de su estancia en el hospital, despertó sin poder mover su brazo derecho.

Su familia dijo que cuando una empleada del hospital visitó su cuarto, el señor Steffen fue franco “creo que estoy muriendo lentamente”, le dijo. Ella le preguntó si tenía miedo de morir. “No”, contestó. “Solo esperaría que fuera un poco más rápido”.

Esa tarde, un doctor llevó a la doctora Fimple a otro lugar “No creo que él pueda terminar la tarde”, recuerda que le dijo el doctor.

Inmediatamente, la doctora Fimple comenzó a llamar a los miembros de su familia. Su hija y uno de los hijos del señor Steffen se apresuraron a llegar al hospital. Dulcia encontró a su padre apenas consciente, luchando por respirar y con la piel azul. “Sus manos eran como hielo”, contó secando sus lágimas.

Unos quince minutos después, murió.

Un pista y una investigación

A finales de septiembre, el doctor Matthew Donahue, especialista de medicina en el departamento estatal de salud, trabajaba en una investigación.

Había recibido una pista de Kathy Dietsch , una compañera de secundaria del señor Steffen, que llamó al departamento de salud de Nebraska a finales del verano – cerca de la época en la que el brote de las enfermedades relacionadas con el vapeo comenzaba a captar la atención del país. Ella había visto al señor Steffen vapear en una reunión de la escuela en 2004 y había escuchado de su muerte también.

Dietsch, quien vive en Omaha, estaba preocupada de que su llamada “abriera una lata de gusanos” para la familia del señor Steffen. Pero dijo que tenía una corazonada constante. “Sentí que alguien necesitaba comprobarlo”, dijo.

El doctor Donahue llamó a la doctora Fimple para darle la noticia: el estado consideraba la posibilidad de que el señor Steffen hubiera muerto de una enfermedad provocada por el vapeo.

“No creo eso”, dijo, recordando lo que había dicho cuando él todavía estaba enfermo. “Él tiene neumonía”.

El doctor Donahue, tratando de reconstruir el historial médico del señor Steffen, comenzó a presionarla con preguntas. ¿Estuvo el señor Steffen cerca de asbestos semanas antes de que muriera? ¿Tuvo tos? ¿Podría haber vapeado THC?

Como parte de la investigación, el departamento de salud estatal contactó a los doctores que habían tratado al doctor Steffen, y estudió sus registros médicos. No hubo una autopsia después de la muerte del señor Steffen, debido a la situación en la que se encontraba. La causa oficial de la muerte fue una insuficiencia respiratoria aguda como consecuencia de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

Días después, la doctora Fimple se sorprendió al ver un boletín de presa en la pantalla de su computadora del trabajo en la que se anunciaba que por primera vez se había identificado una muerte relacionada con el vapeo en Nebraska: un hombre de 60 años que había muerto en la ciudad Douglas en mayo.

Tomó el teléfono y llamó al doctor Donahue.

“¿Es ese mi esposo?”, preguntó

Él le confirmó que lo era

Desde ese momento, la doctora Fimple ha estado buscando respuestas.

En su casa de Omaha, el señor Steffen sonríe desde los retratos familiares colgados en las paredes. La sala está llena de sus cosas: un querido sillón de cuero marrón, una caja fuerte donde guardaba sus rifles de caza y una piel de coyote.

Los funcionarios de salud pública creen que existen más casos como los del señor Steffen, personas que enfermaron por vapear antes de que tuviera lugar el brote de agosto, pero que los doctores no consideraron el vapeo como una causa. El doctor Thomas Safranek, epistemólogo estatal, dijo que si el departamento de salud no hubiera recibido la pista, “no habrían tenido idea” de que la muerte estaba ligada al vapeo.

Los investigadores dicen que aún no se identifica exactamente que es lo que está enfermando a las personas, si es el líquido que se vaporiza, un material en los dispositivos de vaporización o alguna otra cosa. Los CDC dicen que casi 1,300 personas se han enfermado después de vapear.

“La mayoría de las personas que han presentado enfermedades pulmonares asociadas al vapeo parecen haber utilizado productos que contenían THC o CBD. Sin embargo, una parte sustancial de los pacientes – un 30% - solo utilizaron un dispositivo de vapeo que contenía nicotina”, dijo la doctora Hilary Faust, neumóloga que ha tratado pacientes con enfermedades relacionadas con el vapeo. “No sabemos exactamente que es lo que esta causando las enfermedades”.

Al pedirle a la compañía de cigarros electrónicos, Juul Labs, que comentara sobre el caso del señor Steffen, esta dijo en un comunicado: “Apreciamos el trabajo de la CDC, FDA y las autoridades estatales de salud pública, y estamos seguros de que llegarán al fondo del problema”.

Los representantes de Mistic y blu no contestaron a la solicitud de comentarios.

El doctor Safraken dijo que por el historial del señor Steffen es probable que haya sufrido muerte prematura por el hábito de fumar.

“Es una cuestión de ¿qué habría logrado matarlo primero, el vapeo o el tabako”, dijo Safranek. “En su caso, me parece que habría sido mejor que se quedara con el tabaco”.

c.2019 The New York Times Company