Migrantes haciendo fila para recibir alimentos dentro de un refugio en San Antonio. Una oleada de migrantes de África Central ha dejado a los funcionarios sin saber cómo responder. Credit Ilana Panich-Linsman para The New York Times
Migrantes haciendo fila para recibir alimentos dentro de un refugio en San Antonio. Una oleada de migrantes de África Central ha dejado a los funcionarios sin saber cómo responder. Credit Ilana Panich-Linsman para The New York Times

Durante meses, el centro de servicios para migrantes a unas manzanas de el Álamo en el centro de San Antonio ha estado abarrotado de familias centroamericanas que han cruzado la frontera en cantidades nunca antes vistas.

No obstante, en días recientes, cientos de migrantes de otra parte del mundo han hecho que los funcionarios de la ciudad, ya ocupados con una oleada de migrantes, batallen para atender una oleada nueva e inesperada. Hombres, mujeres y niños de África central —mayormente de la República Democrática del Congo y Angola— están apareciendo en la frontera sudoeste de Estados Unidos tras embarcarse en una travesía peligrosa de meses de duración.

Su llegada a la frontera y a dos ciudades a más de 3300 kilómetros de distancia —San Antonio, Texas, y Portland, Maine— ha sorprendido y dejado perplejas a las autoridades migratorias, a los abrumados funcionarios y a los grupos sin fines de lucro. La oleada hizo que Portland convirtiera su coliseo de baloncesto en un refugio de emergencia y mermó los fondos de ayuda para otros grupos. Los funcionarios de ambas ciudades han tenido que tranquilizar a la gente, asegurándoles que los temores de un brote de ébola son infundados, mientras, al mismo tiempo, piden intérpretes voluntarios que hablen francés y portugués.

En San Antonio, el Centro de Recursos para Migrantes que la ciudad opera ha auxiliado a alrededor de trescientos migrantes africanos que fueron arrestados en la frontera y liberados por las autoridades desde el 4 de junio. Esos trescientos migrantes son solo una parte de la cantidad total. Desde octubre de 2018, se ha detenido a más de setecientos migrantes de África en el que se ha convertido en su principal puerto de entrada, el sector de Del Rio de la Patrulla Fronteriza, una franja mayormente rural de la frontera de Texas que se encuentra unos 320 kilómetros al oeste de San Antonio.

Se sabe que migrantes de todo el mundo cruzan la frontera sudoeste, pero la gran mayoría provienen de Guatemala, Honduras, El Salvador y México. Y antes han llegado migrantes africanos a la frontera, pero solo en pequeñas cantidades, lo cual hace que la llegada de más de setecientos sea sorprendente para los funcionarios de la Patrulla Fronteriza. En los años fiscales de 2007 a 2018, un total de veinticinco migrantes del Congo y Angola fueron arrestados y puestos bajo custodia en los nueve sectores de la Patrulla Fronteriza en la frontera sur, según datos de la agencia.

Muchos narran historias horrendas de violencia autorizada por el gobierno en casa y condiciones peligrosas en sus largas travesías por Centro y Sudamérica.

En San Antonio, el Centro de Recursos para Migrantes de la ciudad ha auxiliado a alrededor de trescientos migrantes africanos arrestados en la frontera y liberados por las autoridades desde el 4 de junio. Credit Ilana Panich-Linsman para The New York Times
En San Antonio, el Centro de Recursos para Migrantes de la ciudad ha auxiliado a alrededor de trescientos migrantes africanos arrestados en la frontera y liberados por las autoridades desde el 4 de junio. Credit Ilana Panich-Linsman para The New York Times

"Definitivamente es una anomalía que no habíamos experimentado antes", afirmó Raul Ortiz, director de la Patrulla Fronteriza del sector de Del Río. "Sabemos que hay más en camino. Nos tendremos que preparar como si debiéramos esperar más".

En San Antonio y Portland, funcionarios electos, voluntarios y líderes religiosos y de agrupaciones sin fines de lucro se han movilizado para auxiliar a los migrantes africanos donando dinero, sirviendo comida gratuita y operando refugios improvisados. Sin embargo, sus recursos ya eran magros, y hay frustración entre los funcionarios locales por la manera en la que el gobierno federal ha manejado la llegada de migrantes africanos.

Muchos de los solicitantes de asilo de Centroamérica arrestados en la frontera ya tienen planes para cuando son liberados por la Patrulla Fronteriza o el Servicio de Inmigración y Aduanas. Los migrantes se organizan para viajar por avión o autobús para reunirse con familiares que ya viven en Estados Unidos.

Sin embargo, muchos de los migrantes africanos recién llegados no tienen familiares en el país, así que se les está dejando en libertad sin que tengan planes de viaje, un problema que los funcionarios locales y las organizaciones no lucrativas se ven obligados a resolver. Algunos de los migrantes congoleses en San Antonio dijeron que los agentes de la Patrulla Fronteriza habían elegido ciudades destino para ellos, o los habían alentado a elegir entre dos ciudades: Nueva York y Portland.

Un vocero de la Patrulla Fronteriza negó dichas afirmaciones; dijo que la agencia no está dirigiendo a los migrantes a ningún destino específico.

En Portland —la ciudad más grande de Maine, con una población de 66.417 habitantes— alrededor de doscientos migrantes africanos estaban durmiendo en catres la noche del viernes en un refugio provisional de emergencia en el Centro de Exposiciones de Portland. La ciudad cuenta con una enorme comunidad congolesa, y se ha hecho de una reputación como un lugar amigable para los solicitantes de asilo. Ahí se creó el Fondo de Apoyo de la Comunidad de Portland, financiado por el gobierno, para proveer pagos de renta a arrendadores y otras formas de asistencia para quienes solicitan asilo. Es el único fondo de este tipo en el país, afirmaron los funcionarios de Portland.

Muchos de los recientes migrantes africanos no tienen parientes en el país, así que se les está dejando en libertad sin que tengan planes de viaje, un problema que los funcionarios locales y los grupos sin fines de lucro se ven obligados a resolver. Credit Ilana Panich-Linsman para The New York Times
Muchos de los recientes migrantes africanos no tienen parientes en el país, así que se les está dejando en libertad sin que tengan planes de viaje, un problema que los funcionarios locales y los grupos sin fines de lucro se ven obligados a resolver. Credit Ilana Panich-Linsman para The New York Times

El alcalde de Portland, Ethan Strimling, declaró que los migrantes africanos eran bienvenidos, y una campaña de donaciones para ellos ha recaudado más de 20.000 dólares en las primeras 36 horas.

"No creo que sea una crisis, en el sentido de que vaya a ser en detrimento de nuestra ciudad", dijo Strimling. "No estamos construyendo muros. No estamos tratando de detener a la gente. Maine, y Portland en específico, se han construido con el trabajo de los inmigrantes desde hace doscientos años, y esta es solo la ola actual que está llegando".

Los funcionarios de San Antonio dijeron que habían enviado a Portland a alrededor de 150 de los casi 300 migrantes africanos en la ciudad. Los otros viajaron a Chicago, Dallas, Denver, la ciudad de Nueva York y a ciudades en Florida e Iowa. Organizaciones Católicas de Beneficencia de San Antonio gastaron unos 125.000 dólares en boletos de avión y autobús para migrantes africanos en días recientes, lo cual diezmó el financiamiento que se planeaba destinar para auxiliar a los migrantes centroamericanos. Mientras tanto, al fondo de asistencia gubernamental de Portland de 200.000 dólares ya fue necesario asignarle 90.000 dólares adicionales.

"Nadie estaba preparado para algo así", dijo J. Antonio Fernandez, presidente y director ejecutivo de Organizaciones Católicas de Beneficencia de San Antonio. "Estábamos pensando que nos íbamos a gastar 120.000 dólares en tres o cuatro meses. Nos gastamos todo en cinco días. Vamos a necesitar ayuda de toda la gente que quiera ayudar a los migrantes".

El viernes, el centro migrante —ubicado en la que fue una tienda de sándwiches Quiznos en un edificio que es propiedad de la ciudad, frente a la terminal de autobuses— estaba lleno: había unas cien personas migrantes, unos treinta del Congo y Angola y el resto de Centroamérica. Afuera, las familias africanas estaban de pie, conversando en grupos, o sentadas en la banqueta con la espalda recargada en la pared.

No ocultan su angustia ni sus lágrimas. Los congoleses dicen que huyen de enfrentamientos violentos entre combatientes de grupos paramilitares y soldados del gobierno, corrupción generalizada y asesinatos ordenados por el gobierno. Algunos de ellos viajaron al país vecino de Angola y luego volaron a Ecuador. Dijeron que desde ahí habían viajado en autobús y a pie por Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y México hasta la frontera al sur de Texas.

Alain, un voluntario de la Cruz Roja y mecánico, dijo que había huido de su hogar en la República Democrática del Congo debido a que había denunciado los asesinatos del gobierno. Credit Ilana Panich-Linsman para The New York Times
Alain, un voluntario de la Cruz Roja y mecánico, dijo que había huido de su hogar en la República Democrática del Congo debido a que había denunciado los asesinatos del gobierno. Credit Ilana Panich-Linsman para The New York Times

Una mujer congolesa lloraba, sentada en la acera. Dijo que su hija de 5 años había enfermado y muerto en un autobús. "No había doctores ni medicina", dijo. "Es muy difícil para mí hablar de mi historia", dijo.

Un hombre de 41 años de la capital del Congo, Kinshasa, relató que él y su hijo de 1o años habían pasado cuatro meses viajando rumbo a la frontera con un grupo de unas diez familias. El hombre, un voluntario de la Cruz Roja y mecánico que pidió que se le identificara solo por su nombre de pila, Alain, dijo que huyó debido a que había denunciado los asesinatos del gobierno.

"Ahora no puedo regresar", dijo Alain. "Me matarán. Preferimos vivir en libertad. En mi país no hay libertad ni democracia. Estamos arrinconados. Somos prisioneros en nuestro propio país".

La parte más traicionera del viaje para muchos de los congoleses es la Región del Darién, una franja de montañas, selva y pantanos en la frontera entre Panamá y Colombia considerada una de las selvas más peligrosas del mundo, donde contrabandistas y delincuentes armados acechan a los migrantes.

Alain relató que en ese lugar le robaron a punta de pistola. Una mujer congolesa, sentada en la acera afuera del centro, dijo llorando que fue violada en la selva de la Región del Darién.

La mujer, Gisele Nzenza Kitandi, de 44 años, dijo que ahí habían muerto migrantes debido a enfermedades o a causa de la deshidratación. Sentada, con una pierna en un soporte ortopédico debido a que los soldados del gobierno del Congo le dispararon, Kitandi empezó a angustiarse. Dijo que no tenía dinero para boletos de autobús para ella y sus hijos.

"No tengo ni un dólar", dijo Kitandi.

Colleen Bridger, la médica que funge como asistente interina del administrador de la ciudad de San Antonio, dijo que la ciudad buscaría la forma de otorgar los servicios y el transporte que necesitan los africanos. La ciudad y las organizaciones sin fines de lucro ya han gastado en meses recientes más de 600.000 dólares en gastos directos para ayudar a migrantes centroamericanos y africanos.

"No es una opción para nosotros decirle a la gente recién llegada a Estados Unidos que no son nuestro problema y que los invitamos a dormir en la banca de un parque hasta que junten suficiente dinero para comprar comida y boletos de autobús para sus hijos", dijo Bridger. "Así no es San Antonio".