El primer ministro Antonio Costa (AFP)
El primer ministro Antonio Costa (AFP)

Toda vez que la solución de Gobierno vigente en Portugal ha despertado el interés de muchos observadores extranjeros, me gustaría de compartir algunas notas sobre las elecciones parlamentarias celebradas este domingo en el país.

En primer lugar, se puede decir que Portugal sigue resistiendo a la erosión del bipartidismo que se verifica en diversas capitales de Europa continental y en el Parlamento Europeo.

Juntas, las dos principales fuerzas políticas portuguesas, el Partido Socialista (PS) y el Partido Social-Demócrata (PSD), tienen ahora incluso más diputados que hace 10 años.

Importa igualmente subrayar el hecho de que, a pesar de su rivalidad histórica, estos fundadores del régimen democrático siguen dialogando y no cierran la puerta a aprobar puntualmente leyes en el hemiciclo.

Pero contados los votos, fue el PS que ha ganado las elecciones, aunque necesitará una vez más de aliados para formar la imperativa mayoría parlamentaria.

En tal sentido, los socialistas iniciarán en los próximos días negociaciones con el objetivo de renovar las actuales alianzas parlamentarias con el Bloque de Izquierda (BE) y el Partido Comunista Portugués (PCP).

Por diferentes motivos, tanto el PS como los demás partidos de izquierda aparentan preferir un acuerdo parlamentario a una coalición de Gobierno.

Así es del lado del PS porque existen diferencias insuperables con los partidos de izquierda. En particular en la política exterior: los socialistas defienden la participación de Portugal en la Unión Europea y en la OTAN – sus socios parlamentarios no.

Así es, también, del lado del BE y del PCP. Ambos no parecen beneficiar electoralmente del actual acuerdo en la misma medida que los socialistas: el BE todavía mantuvo su grupo parlamentario, mientras que el PCP perdió un tercio de los escaños.

Por otro lado, existe un consenso en la sociedad portuguesa que la coyuntura económica internacional va a deteriorarse en la próxima legislatura. Ahora bien, un acuerdo parlamentario permite a estos partidos votar a la carte: aprobar las leyes que favorecen a su electorado y rechazar a las medidas que van en contra de su programa. Si fueran parte del Gobierno, no tendrían esa libertad.

Algunos observadores argumentan que el desgaste provocado por la negociación permanente, en varios frentes, podría conducir a la caída del gobierno, como ocurrió cuando el actual Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres, era Primer Ministro.

Sin embargo, se pueden destacar tres factores que favorecen la estabilidad política. En primer lugar, el perfil del Primer Ministro Antonio Costa, que mantiene una buena relación personal con todos los demás líderes partidarios. En segundo lugar, el hecho de que el PS puede ahora formar una mayoría tanto con el BE como con el PCP. En la legislatura anterior, solamente con los tres a bordo se lograba aprobar leyes. Finalmente, está claro que ninguno de estos partidos desea presentarse en elecciones anticipadas con la cruz de haber roto la alianza de izquierda.

También se debe tener en cuenta que el PS pretende extender estos entendimientos a uno de los grandes ganadores de la noche electoral: el partido ambientalista PAN – Personas Animales Naturaleza, que pasó de uno a cuatro diputados y ha sabido representar las causas ecologistas que, un poco en todas partes, los principales partidos insisten relegar a un segundo plano.

En el lado derecho del espectro político, la elección portuguesa merece igualmente algunas notas.

Históricamente, la derecha portuguesa se compone de tres corrientes: los conservadores cercanos a la Doctrina Social de la Iglesia, los liberales y los nacionalistas.

En más de 40 años de democracia, solo los conservadores mantuvieron asiento parlamentario. Pero entre los partidos que lograron elegir a un diputado por primera vez se encuentran la Iniciativa Liberal –marcadamente liberal en todos los campos de la gobernación- y el Chega, admirador del VOX en España.

No obstante, el mayor partido portugués, aquel que representa más gente, fue el de la abstención. Es que el 45% de los electores portugueses optó por no salir a votar.

El autor es embajador en Portugal