Un herido es trasladado tras la erupción (Reuters)
Un herido es trasladado tras la erupción (Reuters)

La sorpresiva erupción del volcán Whakaari en Nueva Zelanda dejó un manto de horror entre las víctimas y profunda angustia entre los familiares de los desaparecidos, con cada vez menos esperanza de hallarlos con vida.

El número de muertes confirmadas aumentó a seis el martes por la noche después de que una persona herida muriera en un hospital de Auckland, dijo la policía. Se presume que ocho personas más murieron después de la erupción del lunes, ya que permanecen desaparecidas, sin señales de vida, y las condiciones seguían siendo demasiado peligrosas para que los equipos de recuperación pusieran un pie en el volcán. En tanto, decentas de otros heridos estaban siendo tratados en las unidades de quemaduras de los hospitales de todo el país.

Según las autoridades locales, 27 de los 34 sobrevivientes sufrió quemaduras en más del 71% del cuerpo, lo que los mantiene en cuidados intensivos. “Es importante no subestimar la gravedad de las lesiones sufridas”, indicó un vocero del Ministerio de Salud. Además, explicó que la mayoría de los heridos inhaló gas y cenizas y por ello necesitan aparatos de asistencia respiratoria. Solo tres de los afectados recibieron el alta.

Familiares de las víctimas guardan un minuto de silencio en el hospital de Whakatane (Reuters)
Familiares de las víctimas guardan un minuto de silencio en el hospital de Whakatane (Reuters)

El paramédico de cuidados intensivos Russell Clark fue uno de los enviados en helicóptero al volcán, semisumergido a 50 kilómetros de la costa. Allí, se enfrentó a una escena de devastación “abrumadora” y “chocante”.

“No encontramos sobrevivientes”, dijo a TVNZ, recordando un helicóptero cubierto de polvo y con las palas del rotor dañadas. "Era como... He visto la miniserie Chernobyl y todo estaba cubierto de cenizas. Me imagino lo que era para la gente de entonces: no tenían adónde ir y una experiencia absolutamente terrible para ellos”, describió.

Después de una primera avalancha, la preocupación por nuevas erupciones, gases venenosos y cenizas asfixiantes paralizó los esfuerzos por recuperar los cuerpos.

El barco del neozelandés Geoff Hopkins estaba saliendo de la isla cuando una enorme columna de agua estalló desde el volcán -a una velocidad supersónica, según los científicos- seguida de una nube de ceniza gris. A pesar del peligro, Hopkins dijo que el barco se acercó más a la orilla después de ver a los sobrevivientes saltar de la isla al mar para escapar.

No creo que saliera nadie que no estuviera muy quemado”, dijo al New Zealand Herald, describiendo cómo las víctimas gritaban y entraban en shock mientras otros turistas trataban de cuidar su piel ampollada.

Turistas intentan huir de la isla tras la erupción (Reuters)
Turistas intentan huir de la isla tras la erupción (Reuters)

Los supervivientes fueron trasladados desde la isla a tierra firme en barcos de excursión, mientras varios helicópteros y aviones sobrevolaban la región.

El subcomisario de la Policía neozelandesa, John Tims, dijo este martes en una rueda de prensa que “no se puede decir al 100 % que todos (los desaparecidos) estén muertos, pero hay fuertes indicios de que nadie en la isla permanece con vida”.

Tims indicó que las autoridades cuentan con una serie de imágenes donde identifican seis localizaciones donde creen descansan los cuerpos sin vida de seis de los desaparecidos, cuyos cuerpos estarían cubiertos de ceniza, mientras que aún faltan dos personas por localizar.

Entre los fallecidos y desaparecidos hay turistas de Australia, Estados Unidos, Gran Bretaña, China y Malasia.

(Con información de AFP y EFE)

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