A partir de cierta altitud las personas sufren alteraciones en la conducta.
A partir de cierta altitud las personas sufren alteraciones en la conducta.

La gente llora más cuando mira una película en un avión que cuando mira la misma película en su casa. Encerrados durante varias horas, los pasajeros tienden a contarles secretos a extraños, sienten con más potencia los efectos del alcohol, se relajan o se energizan al ritmo de las luces LED. Viajar siempre causa estrés, pero además hay factores físicos, como el ruido de los motores y la presión de la cabina que, en combinación, pueden provocar cambios de conducta.

Alguien que come cuidadosamente en su casa puede hartarse de confites de chocolate; alguien que nunca toma más que jugo de naranja se molesta si el carrito de las bebidas llega sin jugo de tomate. "Algunos viajeros desarrollan conductas compulsivas tan intensas que temen que los vean los compañeros en un viaje grupal de trabajo", señaló The Boston Globe en un artículo sobre el fenómeno.

Algunos factores son psicológicos como el estrés del viaje, pero otros son biológicos.
Algunos factores son psicológicos como el estrés del viaje, pero otros son biológicos.

Hace dos años el aeropuerto Gatwick, de Londres, encargó una encuesta sobre la frecuencia con que los pasajeros lloran mirando películas, aunque la turbulencia haga peor la experiencia cinematográfica de la pequeña pantalla. "El 15% de los hombres dijo que tendían más a llorar mirando una película en un avión que en su casa o en el cine. La cifra de las mujeres fue del 6%", según The Times.

La modelo Chrissy Teigen tuiteó lo "¿Hay algo de viajar en avión que hace que uno llore más durante las películas?", y obtuvo más de 57.000 likes y abrió una conversación de 4.000 comentarios.

"Hay muchas razones por las cuales nuestras emociones se pueden acentuar en un vuelo, y una de las más interesantes es un posible vínculo fisiológico entre la altitud y la emoción", citó el informe a la bióloga Emily Grossman. "Algunos creen que la ligera reducción en los niveles de oxígeno a gran altura podría afectar los niveles de serotonina y dopamina en el cerebro, lo cual altera el ánimo y hace que algunos seamos más susceptibles a los sentimientos de tristeza". También a la confesión espontánea ante los desconocidos.

Esa leve hipoxia se da porque, a medida que se asciende, la presión del aire desciende: se siente, por ejemplo, en la molestia en los oídos. A menor presión baja la cantidad de oxígeno que circula por la sangre, entre un 6% y un 25%, cifra que en un hospital haría que se ordenase un tubo de oxígeno suplementario. Y eso, agregó Grossman, causa cansancio y confusión, lo cual "reduce nuestra capacidad para sobrellevar las emociones negativas".

La reducción del oxígeno en la sangre afecta los niveles de serotonina y dopamina en el cerebro.
La reducción del oxígeno en la sangre afecta los niveles de serotonina y dopamina en el cerebro.

Pero dado que el cambio de conducta comienza en el aeropuerto, donde de pronto gente normalmente cortés habla por teléfono en voz muy alta y ocupa cuatro asientos de la sala de espera con sus pertenencias, también hay que considerar los factores psicológicos.

Merry White, profesora de antropología en Boston University, dijo al Globe que el aeropuerto es lo que ella denominó un "tercer espacio"—y otros, como el francés Marc Augé, "no lugar"— donde las personas se sienten libres de sus limitaciones habituales, pero también ansiosas: "El anonimato es liberador, pero también nos hace sentir solos". Así los viajeros compran cosas en el duty free y consumen golosinas, en un intento poco consciente por calmarse.

El 15% de los hombres y el 6% de las mujeres llora más al ver una película en un avión. (Getty)
El 15% de los hombres y el 6% de las mujeres llora más al ver una película en un avión. (Getty)

"A bordo las cosas se ponen aun más raras, como demuestra el antojo asombrosamente común de jugo de tomate, una bebida no tan popular en la Tierra", siguió el artículo. United Airlines lo comprobó en 2018, cuando lo retiró del menú: las quejas obligaron a que lo reincorporase, y el acontecimiento de la vuelta del tomate salió en los medios nacionales.

La razón es, según un estudio que ordenó Lufthansa en 2010, que los cambios en la presión del aire pueden reducir hasta un 30% las señales que permiten que el cerebro perciba lo dulce y lo salado. Y otro trabajo, de Kimberly Yan y Robin Dando, de la Universidad de Cornell, observó: "Nuestra investigación confirmó que en un ambiente de ruido fuerte nuestro sentido del gusto se ve comprometido".

¿Por qué el tomate? La percepción más afectada es la del sabor dulce y la del sabor umami: "Lo dulce queda inhibido y el umami notablemente realzado", según Yan y Dando. El umami es uno de los cinco sabores básicos, junto con el dulce, el ácido, el amargo y el salado. Se trata de una percepción sutil pero de regusto extendido, de textura aterciopelada y estimulante de la salivación.

El tomate es rico en umami: de ahí que los motores del avión conduzcan a desear una lata de jugo. "Esta perturbación en el equilibrio de nuestro gusto sin dudas lleva a alterar las propiedades placenteras de los alimentos. Las propiedades multisensoriales del ambiente en el que consumimos nuestra comida puede alterar nuestra percepción de ellas", concluyó el estudio de Cornell.

El ruido de los motores afecta el sentido del sabor, y da una extraña popularidad al jugo de tomate
El ruido de los motores afecta el sentido del sabor, y da una extraña popularidad al jugo de tomate

El ambiente artificial de la cabina también juega con la vista, según BBC. También por efecto de la altitud, la visión humana sin luz natural se deteriora entre un 5% y un 10%, dado que las células foto receptoras de la retina consumen mucho oxígeno, y desde los 1.500 metros de elevación sufren su falta. Desde que se incorporaron luces LED por su mayor duración, además, se las usa para despertar y energizar a los pasajeros.

En un famoso estudio, la Administración Federal de Aviación estadounidense comprobó, hace ya 30 años, que el alcohol afecta el desempeño de las personas en la altura, se percibe con más rapidez y causa una resaca más prolongada. Y un estudio reciente, de la Universidad de Viena, se estableció que la piel se deshidrata hasta un 37% en un vuelo de larga distancia.

 
 

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