(Foto: Pixabay)
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En general, los trancones son simplemente fastidiosos, pero pueden ser mortales cuando se dan cerca a la cima del pico del Monte Everest: a 8.850 metros. Once personas murieron esta temporada después de una mezcla entre clima errático, una cantidad récord de permisos e inexperiencia generalizada. ¿Por qué? El todo causó una larga fila de horas en la “cima del mundo”. ¿Y si hubiera una manera alternativa de experimentar la montaña más alta del mundo? ¿Quizás por una ruta vacía a más de 210 kilómetros por hora, con nada más que aire bajo sus pies, una máscara de oxígeno, y el Himalaya cubierto de nieve en todo su alrededor? Cada noviembre, Everest Skydive ofrece una de las experiencias comerciales de caída libre más altas del mundo. A partir de US$25.000, los huéspedes tienen acceso a una caminata de 11 días por Nepal que incluye dos saltos en caída libre en tándem desde una altura de más de 7.000 metros sobre el nivel del mar. “La euforia de saltar sobre el Himalaya no tiene comparación”, dice Tom Noonan, director ejecutivo de Everest Skydive. Lo único que se asemeja es el paseo en paracaídas por esta maravilla natural.

El paracaidismo recreativo típico se realiza desde 3.000 hasta 4.300 metros sobre el nivel del mar. Pocas zonas civiles de lanzamiento ofrecen saltos desde más de 5.500 metros en Estados Unidos.

Cómo funciona

Los huéspedes llegan a Katmandú y comienzan su viaje con visitas guiadas que hacen las veces de días de aclimatación. Luego abordan un vuelo de saltos a una de las pistas de aterrizaje más peligrosas del mundo: el aeropuerto de Lukla. A más de 2.830 metros sobre el nivel del mar, la pista de 527 metros de Lukla se encuentra entre una roca del tamaño de una montaña y un abismo. “Es lo más cercano a aterrizar en un portaaviones que pueda imaginar”, dice Noonan, piloto. “Estos pilotos son de los mejores que he conocido”. El camino hacia los saltos implica más trekking y aclimatación a medida que se dirigen a Namche Bazaar a 3.440 metros sobre el nivel del mar. Como parte del costo, la tripulación ofrece todos los servicios y alojamientos de lujo a lo largo de los senderos mediante asociaciones que han desarrollado en la región.

(Foto: Pixabay)
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El mayor obstáculo económico y logístico radica en el transporte de una zona de caída funcional para paracaidismo al aeropuerto de Syangboche, una pista de aterrizaje en tierra a 3.761 metros sobre el nivel del mar, o al campamento base Ama Dablam, aún más alto, a 4.572 metros. Se debe trasladar a la montaña cerca de 900 kilos en equipos.

El día del salto, invitados e instructores abordan el helicóptero AS350 B3 y comienzan el ascenso de 15 minutos por el Himalaya.

El grupo había utilizado previamente un avión Pilatus PC-6 de ala fija, pero el B3 permite una navegación más fácil a pesar de un techo de servicio más corto. Para los huéspedes, el ala giratoria es mejor por sus capacidades escénicas, ofrece una exposición íntima a las montañas. A veces, las paredes rocosas están a solo 30 metros de distancia.

Luego está el salto. La caída libre dura 40 segundos; el descenso se desacelera a aproximadamente 5.790 metros sobre el nivel del mar, una vez que el paracaídas se abre. La fuerte ráfaga de aire en caída libre se convierte en un tranquilo paseo en canopy que dura unos cinco minutos antes del aterrizaje en la zona de caída.

No todos están convencidos. “Pueden decir que soy anticuada, pero este tipo de acrobacias son falsas frente al espíritu de la montaña”, dice Arnette. “¿Qué diferencia tiene esto con los mercenarios de bajo costo que comercializan la montaña?”

Para Noonan, la diferencia radica en las relaciones que ha creado con la gente de la región. "La comunidad nos dice lo emocionados que están de ver los paracaídas sobre Namche Bazaar", dice. "Regresamos año tras año, no en celebración de nosotros mismos y nuestros propios logros, sino en celebración de la montaña, la gente, la cultura y, en última instancia, las amistades que hemos forjado".

Ha planeado un proyecto para 2020 llamado Skydive Earth, que incluirá expediciones a los polos Norte y Sur, las pirámides de Giza, las Islas Aran y las playas de arena blanca a lo largo de la Gran Barrera de Coral.

Fuente: Bloomberg