La inauguración del certamen en España (Foto: REUTERS/Susana Vera)
La inauguración del certamen en España (Foto: REUTERS/Susana Vera)

Comenzó esta renovada Copa Davis que divide al tenis entre aquellos que están dispuestos a aceptar la pérdida de la mística en la lucha por la Ensaladera de Plata y quienes aún tratan de lograr abrir su mente. Pero el mayor problema que afronta Gerard Piqué es que todavía los jugadores no han terminado de darle su apoyo a este certamen, con nuevo look, nuevos sponsors, nuevo formato y nuevos dueños. Además, está el negocio.

La ceremonia inaugural, luminosa, musicalizada y con ritmo, demostró las dudas que aún existe entre la gente y la prensa internacional. La poca asistencia de público en la apertura acumuló más críticos que seguidores. “Es que en España tenemos la mala costumbre de que, en días de semana, a esta hora la gente trabaja”, explicaba un periodista español entre queja y justificación de un estadio vacío en la apertura de la competencia.

“Creo que esto es una muestra de que hay que repensar este torneo”, comentaba una periodista inglesa que apuntaba a la concurrencia: “Cuando juegue España, porque está Nadal, seguramente habrá mucho público, pero en un estadio. ¿Pero qué pasará cuando jueguen Kazajistán y Holanda? No debió haberse borrado de un plumazo todo lo que había”.

“Estoy tratando de ser open mind”, decía otro periodista británico intentando explicar sus sentimientos respecto a este nuevo formato. Es que la división está allí, en aceptar la pérdida de la mística de la Copa Davis.

Mientras que Gastón Gaudio manifestaba que esta forma de competencia lo hizo volver a ser chico y a sentirse “como cuando tenía 14 años y jugaba los sudamericanos, todos comiendo juntos y cada uno con el uniforme de su país”, otro periodista con muchas Copa Davis a cuestas daba su veredicto: “Me gusta este torneo, me gusta el formato y que estén las naciones todas juntas, pero extraño a la Copa Davis”; un pensamiento más cercano al sentir general.

Por eso, el eslogan principal de esta versión de la Copa Davis es “Nace una nueva era”. Es la forma que encontró la empresa encabezada por Gerard Piqué de intentar que se vea como un “nuevo comienzo”.

Para llegar a una aceptación hay que empezar por comprender que los jugadores pedían un cambio muy similar al actual, acabar con el torneo anual por uno más reducido, que no les interrumpiera tantas veces el calendario y que les impidiera tanto desgaste.

La propuesta de este nuevo formato (tres partidos a tres sets, por serie, y definición del campeón en una semana), vino acompañada por mucho dinero, tanto que reparte anualmente mucho más de lo que distribuye la Conmebol entre los equipos que disputan la Copa Libertadores. Lo que les permite a los tenistas un ingreso mayor que los futbolistas, dado que un plantel de fútbol está compuesto por unos 23 jugadores y uno de tenis tan sólo por cinco.

Lo que resulta mala es la fecha en la que se lleva a cabo, ya que les extiende el calendario a los jugadores, se les acortan los días de vacaciones y apura la pretemporada, que se pega con el inicio del circuito del año siguiente. Todo en 30 días.

Por eso, para adaptarse a este nuevo concepto, a este “Nuevo comienzo”, hay que sacudirse la mística y la tradición, para aceptar que éste es otro torneo, que dejó de ser un certamen de largo aliento para mutar por uno de impacto.

El largo aliento de encuentros a cinco sets, con cinco partidos que se definían en tres días de competencia y un campeón que levantaba el trofeo luego de cuatro series divididas en 10 meses de lucha. Esta nueva forma de competencia ha encontrado aceptación por el impacto, en el que cuenta cada punto, cada game, cada set. Detrás de un triunfo o de una derrota hay un nuevo desafío que puede cambiar el nombre del equipo triunfador en la serie, y todo definido en tan sólo unas seis horas de competencia. Sin tiempo para la tregua, hay que plantear los partidos del día siguiente y luego esperar, sacar cuentas y estar atentos a la posibilidad de clasificar a los cuartos de final. Y todo esto en tan solo tres días.

Piqué y su equipo, cuando la empresa Kosmos se quedó con la organización de la Davis (Foto: AFP PHOTO / Gregg Newton)
Piqué y su equipo, cuando la empresa Kosmos se quedó con la organización de la Davis (Foto: AFP PHOTO / Gregg Newton)

Esto ha sido la parte más atractiva para el público y la prensa especializada. De todas maneras, quienes deben dar el veredicto que importa son los jugadores y el negocio que está en juego.

La presencia de Federer y de Alexander Zverev en Sudamérica en la misma fecha en que se disputa la Copa Davis no es fruto de la casualidad, que también jugó un rol encubridor importante de la mala relación del suizo y su Team8 con Piqué.

Desde el primer día en que Kosmos se hizo cargo de la competencia por la Ensaladera, Roger Federer salió a cruzar al mejor estilo Piqué al defensor del Barza, diciendo no entender qué tenía que hacer un futbolista en el tenis. Es que este nuevo formato entraba en competencia con la Laver Cup, un producto llevado adelante por el suizo en conjunto con la Federación australiana, y con poco tiempo de diferencia. Tal vez por eso, “La Copa Piqué”, según Federer, no cuenta -por diferentes razones- con ninguno de los tenistas que representa Team8 Global: Federer, Zverev, Del Potro y hasta el recientemente desvinculado Grigor Dimitrov.

Si las negociaciones no lo hacen para 2021, el tiempo será quien determine un ganador.

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