Nancy
Nancy

Cuando la humanidad iniciaba una de las épocas más oscuras de la historia, en 1933, con el ascenso al poder de Adolf Hitler en Alemania, el historietista Ernie Bushmiller presentaba al mundo a una niña regordeta que no solo revolucionaría el universo del cómic y el diseño, sino también la vida de sus lectores.

Nancy, conocida como Periquita en Latinoámerica, apareció en el diario por primera vez el 2 de enero, preguntándole a su bella tía Fritzi Ritz si alguna vez trabajó en una película como actriz. "Ya sabes: pensaba que deberías ir a Hollywood e intentar entrar en uno de esos grandes estudios de cine", le decía con la inocencia característica de una nena de ocho años. Pero quien se volvería una estrella no sería su tía sino la propia Nancy.

Mientras King Kong trepaba el Empire State intentando comprender lo que sentía por Ann Darrow, los lectores también trataban de comprender lo que sentían por esa extraña y pequeña humana. Hasta el cómico Harold Lloyd deseaba resbalarse con una cáscara de banana dentro de una viñeta dibujada por Ernie Bushmiller, quien le confesó su admiración al dibujante, pidiéndole que le escriba por un tiempo sus chistes.

Ernie Bushmiller en los ’40
Ernie Bushmiller en los ’40

Cinco años más tarde la tira cómica dejaría de llamarse Fritzi Ritz para que Nancy ocupe todo el cuadro. De repente las tiras se ven pobladas por jarrones chinos, zapatos, latas de conserva, instrumentos musicales, pollos al spiedo; objetos cotidianos dibujados con obsesiva precisión que se vuelven sorprendentes bajo la alucinada mirada de la niña: es cuando una manguera de bomberos se transforma en una serpiente prehistórica.

En una de las pocas entrevistas que dio Bushmiller, reveló que si se sentía vacío de ideas para sus tiras hojeaba el catálogo de las grandes tiendas Sears, su biblia visual. Esa obsesión por los detalles y los objetos dibujados con precisión de ingeniero inspiraría a muchos prestigiosos, y neuróticos, artistas modernos, como Matt Groening, Art Spiegelman o Daniel Clowes.

Nancy, por Andy Warhol
Nancy, por Andy Warhol

El protagonismo de las cosas como centro de las viñetas no era algo común antes de Bushmiller y su Nancy, y sigue sin serlo ahora. Bushmiller inventó el pop art sin saberlo treinta años antes de que Warhol pintara latas Campbell´s luciendo su clásica peluca gris ceniza. Y tal es así, que fue el propio Warhol quien en 1961 eligió a Nancy como la protagonista de una de sus obras. Sin Nancy no hubieran existido la multiplicación de Marilyn Monroe ni las esculturas minimalistas de Claes Oldenburg, que llevaron los gags visuales de Nancy al 3D. Sofisticado por unos, tonto para otros, durante cincuenta años ningún lector fue indiferente al humor de Nancy.

Ser niña para no envejecer

Desde la primera tira hasta la última que dibujó Bushmiller y sus sucesores, cuando el creador falleció en 1982, Nancy no cambió su altura ni edad. Decidió ser una niña eterna, fundando un séquito de nenas alrededor del mundo, sin importar las diferentes culturas y contextos socio-políticos, que inspiradas en ella, y sus aventuras gráficas, continúen su ejemplo.

La pequeña Lulú y sus amigos
La pequeña Lulú y sus amigos

Empezando por la famosa Pequeña Lulú, la niña de bucles saltarines y vestido rojo que irrumpió en el diario The Saturday Evenig Post en 1935. Marge (Marjorie Henderson Buell) llegó con su personaje para reemplazar a Henry, el silencioso niño mascota del Post. Y así comenzaba la revolución de las niñas que tomaban el poder por asalto. Lulú, lejos de quedarse en silencio como Henry, le escupía en la cara al lector que las mujeres eran tan fuertes y capaces como los hombres.

Un tímido feminismo sobresalía de los paneles donde Lulú se oponía al club de niños que solo admitía varones. Con su brocha y un balde de pintura intervenía los carteles prohibitorios para buscar la igualdad entre los géneros. Unos años más tarde, en 1943, apareció en escena una nueva niña: Little Iodine, del autor Jimmy Hatlo. Al igual que lo hizo Nancy, la nena que regaba las plantas con bidones de soda le robó el protagonismo a los primeros dueños de la tira cómica, sus padres, para contribuir al reinado de la infancia que ya no dejaba adulto con cabeza.

Little Iodine
Little Iodine

Más tarde se unió a la marcha Little Audrey, con sus coletas y zapatos negros modelo Mary Jane, inaugurando la familia de nenas de Harvey Comics (la casa de Casper o Gasparín): Little Dot y Little Lotta. Little Dot nos heredó su obsesión desmedida por los círculos y el arte óptico. Alejada de los gags clásicos, la niña fantaseaba viñeta a viñeta con multiplicar y pegar los lunares de su vestido a todo objeto o persona que circule por la tira. Un arte psicodélico que se manifestaba como una rubiola contagiosa. Little Lotta, en cambio, se encargó de representar a las niñas gordas como personas hiper poderosas que pueden levantar camiones y edificios. Derribando la imagen de una nena obesa que es ridiculizada por sus compañeros por la de alguien que encuentra su felicidad en el corazón de una hamburguesa con queso.

De Estados Unidos a Argentina: la odiadora número uno de la sopa, Mafalda, bautizada así por el bebé de la película Dar la cara (1962), dio sus primeros discursos en 1964. De espíritu progresista, la tira, a pesar de estar integrada por niños, estaba dirigida a un público adulto. Era tan similiar su pelo inflado al de Nancy, y varios rasgos más de su redondo cuerpo, que Quino, harto de que le señalen el parecido, dibujó una tira ironizando la incómoda situación que vivía todos los días. "¿Quién se parece a ésta?", le preguntaba Miguelito a Mafalda señalándole una imagen de Nancy-Periquita. La nena que ambicionaba con la paz mundial estallaba de ira -sin decirlas- a través de tres palabras: "A tu abuelita". Mafalda, una vez más, hablaba por su autor. A pesar de que todas las niñas salieron de los pliegues del moño de Nancy, ninguna duró tantos años en papel como ella. Fue la precursora y la última en irse de la fiesta. Y con ella también se fue la única tira cómica que en la actualidad retrataba la infancia. Los adultos tomaron revancha.

Este no es el fin

Una de las cosas más extrañas de cómo construía Bushmiller la tira de Nancy residía en que siempre dibujaba primero el último cuadro y después iba para atrás. Al revés de todos los historietistas. "Conozco a un tipo que dibuja sus caricaturas al revés, así que no me preocupa demasiado el retroceso", explicaba el autor.

Lo cierto es que el 18 de febrero de 2018 salió publicada la última viñeta de Nancy, firmada por Guy Gilchrist, quien se hizo cargo de la tenencia de la niña más famosa de los Estados Unidos desde 1995 hasta la fecha, pasando antes por Mark Lasky, Al Plastino y Jerry Scott. Pero a partir de la muerte de Bushmiller, Nancy no volvería a ser la misma. Su vestido no lucía tan reluciente ni su cabello tan esponjoso. Y aquellos objetos que parecían robados de la vitrina de un museo perdieron su capacidad de hipnótica.

Nancy y Sluggo llegaron a las estampillas
Nancy y Sluggo llegaron a las estampillas

Ningún historietista pudo hacer brillar a Nancy como su primer padre, tal vez porque fue el único. En los 22 años que Gilchrist le dio linea y color a la niña pispireta, que nació el mismo día que Nina Simone y Susan Sontag, Nancy fue abandonando su carácter rebelde y descocado para devolverle el protagonismo que le robó a su tía Fritzi a finales de los años 30. Como una triste derrota, la tira volvió a sus orígenes. Y es que, de alguna manera, Gilchrist, a pesar de dibujar los ojos negros de Nancy durante tanto tiempo, es una de las tantas personas que no entendió la verdadera riqueza y alcance del personaje.

Una de las grandes rarezas de la Nancy de Bushmiller es que, lejos de cargar el peso de transmitir valores o enseñanzas morales, la niña no venía de una familia tipo. Ni siquiera tenía figuras paternales. Su tía Fritzi no ocupaba el rol de madre, más bien era una hermana mayor.

La última tira de Nancy plasmó en papel un final conservador que Bushmiller jamás hubiera aprobado: Fritzi se casa con su novio Phil, luego de rechazarlo durante más de 80 años. "Ahora, Nancy, Sluggo, la tía Fritzi y Phil serán realmente una familia", dijo Gilchrist sobre aquella viñeta.

Guy Gilchrist se hizo cargo de los últimos años de “Nancy”
Guy Gilchrist se hizo cargo de los últimos años de “Nancy”

Nancy nunca necesitó una familia, ella era feliz durmiendo entre cientos de gatos callejeros o comiendo fideos de un embudo con su amigo Sluggo. Un niño pobre que vivía en una villa. Por suerte esta horrible página de Gilchrist no será la última viñeta que veamos de Nancy. Un hecho mágico ocurre desde hace más de tres décadas: la misteriosa organización conocida como Bushmiller Society, una sociedad secreta de la que se desconoce quiénes están detrás, se encarga de pegar la cara de Nancy, dibujada por Bushmiller, en la puerta interior del baño, en grandes eventos de la industria del cómic.

La sonrisa de Nancy puede aparecer sorpresivamente en la base de una botella de cerveza, o tirada en el suelo sobre la superficie de una moneda, acompañadas de mensajes como "¡Bushmiller vive!" o "La Bushmiller Society estuvo aquí". A veces, incluso, dejan de manera anónima tiras completas de Nancy en buzones por doquier. Cuando menos uno se lo espera, la cabellera abultada de la niña más increíble de toda la historia conquista el tiempo y el espacio, recordándonos que mientras las personas envejecen ella sigue siendo una nena por decisión propia. Nancy es y será eterna e inmortal, como una vampira que en vez de tomar sangre se pinta los colmillos con Ketchup.

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