El presidente Iván Duque en medio de una manifestación a principios de año que rechazaba el atentado del ELN a la Escuela de Cadetes de Bogotá.
El presidente Iván Duque en medio de una manifestación a principios de año que rechazaba el atentado del ELN a la Escuela de Cadetes de Bogotá.

¿Se sumará Colombia esta semana a la oleada de protestas masivas que pusieron en jaque a varios gobiernos de Latinoamérica? Esta respuesta llegará el próximo jueves 21 de noviembre, cuando los colombianos salgan a las calles en el marco del Gran Paro Nacional que las principales centrales obreras convocaron y al que se ha sumado distintos sectores de la sociedad, como el movimiento estudiantil, la mayoría de partidos políticos e incluso la iglesia católica.

La movilización es convocada en el peor momento del Gobierno de Iván Duque, que enfrenta los más altos rangos de desaprobación desde que asumió la presidencia en agosto del año pasado.

El de Duque ha sido un gobierno de fuertes tensiones con la ciudadanía, con el estudiantado, de relación ambigua con el Congreso y carente de una idea clara de gestión. Si Álvaro Uribe representaba la “seguridad democrática” y Juan Manuel Santos “la paz”, Duque solo ha conseguido ser asociado con la “economía naranja” un discurso abstracto sobre empresas creativas y cultura que aún no ha podido tener el peso que desearía el Gobierno.

Este mal momento del presidente Duque se agudizó tras la renuncia forzada del ministro de Defensa, Guillermo Botero, cuestionado como uno de los responsables del bombardeo del Ejército a un campamento de disidentes de FARC en el que murieron por lo menos ocho menores de edad -según información oficial de Fiscalía-, ya que según testimonios de la comunidad podrían ser hasta dieciocho.

Ese escándalo, y la manera en que lo manejó el presidente, quien aceptó la renuncia de Botero, pero lo despidió con honores y que al ser preguntado por los niños muertos respondió a un periodista la ya infame frase “¿de qué me hablas, viejo?; terminó por incrementar el descontento generalizado hacia él y su gobierno.

A poco menos de una semana del inicio del Paro Nacional muchos sectores de la sociedad, desde ciudadanos de a pie que expresan por redes su deseo de manifestarse, hasta artistas y personalidades públicas se han sumado a la jornada de protestas. Cuanto tiempo se mantengan y qué efectos produzcan en la política nacional, aún está por verse, pero con el espejo de Chile, Ecuador y Bolivia, tan cerca, la movilización que inicia el jueves en Colombia podría ser de las más grandes e importantes en la historia reciente.

La mala hora de Iván Duque

La última encuesta de Gallup le dio a Iván Duque su peor calificación desde que empezó su Gobierno, con un 69% de los colombianos desaprobando su gestión, y otro 70% afirmando que el país va por un mal camino.

Con estos resultados la movilización del jueves se convirtió también en un termómetro para el Gobierno, si la desaprobación es tanta como lo muestran las encuestas, se prevé una movilización masiva.

Por su parte, la respuesta del presidente a los descontentos de los colombianos ha sido deslegitimar la marcha, afirmando que muchas de las razones de las centrales obreras para llamar a paro están basadas en mentiras o en noticias falsas, ya que no es cierto que el Gobierno esté promoviendo reformas tributarias, laborales o pensionales, por lo que los promotores de las protestas lo que pretenden es “incendiar la sociedad y que haya pugnacidad entre los colombianos”

“Tenemos que pararnos firmes como sociedad, ponernos la mano en el corazón y reconocer que no es a través de la violencia, que no es a través de las agresiones, como logramos las transformaciones sociales” declaró Duque sobre la marcha.

Actitud similar tomó el partido de Gobierno, el Centro Democrático, que en un comunicado leído por Álvaro Uribe, su máximo líder, afirmó que la protesta convocada en Colombia es parte de una estrategia de las fuerzas de la izquierda latinoamericana comandada por el Foro de Sao Paulo para desestabilizar los gobiernos de América Latina. Además, lanzó una campaña mediática para pedirle a los colombianos que no se manifieste en el paro, advirtiendo sobre los posibles desmanes y la violencia que puede haber en las protestas auspiciada por “anarquistas internacionales”.

La apuesta por deslegitimar la movilización no ha dado frutos, por el contrario, a caldeado más el ambiente a vísperas de la marcha. Algo que es explícito en las redes sociales, en las que las tendencias #RenuncieDuque y #ParoNacional no han dejado de aparecer desde que se dio a conocer la noticia de los niños muertos.

Entre los mensajes en redes han circulado videos que llaman a la violencia en las protestas, los cuales han sido rechazados por los organizadores del paro pero usados por los detractores para oponerse a la movilización. Estas tensiones han escalado al punto de que un reconocido twittero de extrema derecha del país, “el Patriota”, anunció la creación de una “defensa civil antidisturbios” para respaldar a la policía y el Esmad durante las protestas, algo que causó gran polémica al ser tildado como una forma de paramilitarismo”.

Así las cosas, si el presidente mantiene su discurso antagónico frente a los marchantes, las protestas podrían escalar en intensidad y violencia, tal cual pasó en Chile.

Las razones de las centrales obreras y los estudiantes

El llamado a paro inició por las centrales obreras y los estudiantes, que representan los sectores más críticos frente al Gobierno y quienes han mantenido movilizaciones y protestas durante el año largo que lleva Duque en el poder y que ahora pretenden concentrar en este gran paro nacional.

La Confederación General de Trabajadores, la Confederación de Trabajadores de Colombia, las centrales obreras, organizaciones sindicales y los estudiantes emitieron una lista de 10 razones para manifestarse.

Ahí se recoge el rechazo a la reforma laboral que quiere implementar el Gobierno, la cual incluiría una reducción del salario mínimo a los jóvenes de 25 años a quienes pasarían a ganar solo el 75% de este; o la reforma pensional, que según los sindicatos busca privatizar Colpensiones -fondo público de pensiones- atentando así contra los derechos pensionales; a la venta de algunas entidades estatales como lo sugiere la entrada de Colombia a la OCDE; o nuevo trámite de la Ley de Financiamiento, que para los promotores del paro solo beneficia al gran capital privado del país.

También se citan como razones de la protesta el rechazo a la masiva muerte de líderes sociales y excombatientes desmovilizados de las FARC, la corrupción en el Estado y al aumento de las tarifas de la energía eléctrica. Así como la exigencia del cumplimiento del Acuerdo de Paz y de los acuerdos que el Gobierno firmó con los profesores, estudiantes, trabajadores estatales o indígenas o como resultado de pasadas jornadas de manifestaciones.

Por último, la marcha en sí misma pretende ser una reivindicación del derecho a la protesta social, el cual ha sido objeto de estigmatización por parte del Gobierno, hasta el punto de proponer prohibirla, como lo hizo el exministro de Defensa, Guillermo Botero.

La guerra en el Cauca y la marcha indígena

Los asesinatos de indígenas Nasa ocurridos el último mes en el norte de Cauca agrega otro elemento más a las protestas. En esa región del país, la guerra no se ha ido, por el contrario subsiste bajo la pugna de distintos grupos armado -como el ELN, disidencias de FARC y el Clan del Golfo- por el territorio y el control de las rutas del narcotráfico y la minería ilegal.

En el medio está una población predominantemente indígena y de una de las etnias más organizadas políticamente de Colombia. Los Nasa, han convocado a su minga para manifestarse el jueves, que aún no se sabe si llegarán a Bogotá como lo hicieron en 2008, cuando movilizaron a más de 60 mil indígenas hasta la capital.

La crisis en el Cauca por la muerte de líderes indígenas y sociales también ha tenido una pobre respuesta por parte del Gobierno, que pese a anunciar un paquete de reformas sociales en la región, no ha podido entablar un diálogo fluido con las autoridades Nasa, quienes ven al Estado y a la Fuerza Pública como un victimario más.

El apoyo de la iglesia y los artistas

En la última semana la protesta del jueves ha crecido en adeptos, sobre todo entre artistas, personalidades públicas e incluso la iglesia católica, quienes se han sumado al llamado por la protesta social pacífica.

Aunque sus motivaciones son diferentes, este respaldo de figuras reconocidas ha ayudado a suavizar el discurso de la garantizada violencia que han manejado los sectores opositores a la marcha.

Por ejemplo, la Iglesia Católica, principal credo de los colombianos, se pronunció a través de la Conferencia Episcopal a favor de la protesta social, afirmando que el llamado a las calles era evidencia de los problemas profundos del país que son resultado de la corrupción, la inequidad social, el desempleo y la imposibilidad de amplios sectores para acceder a los servicios básicos de alimentación, salud y educación.

Por su parte, artistas como Aterciopelados, Choquib Town, Monsieur Periné, Carlos Vives, Adriana Lucía y personalidades como la recién coronada Señorita Colombia, María Fernanda Aristizábal, o el actor Andrés Parra -quien interpretó a Pablo Escobar en la serie el Patrón del Mal- están usando sus redes para promover la jornada de protestas.

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